Camino despejado en la Universidad de Caldas

Editorial del diario La Patria, de Manizales, sobre el balance de la gestión de Ricardo Gömez, saliente rector de la Universidad de Caldas.

La Universidad de Caldas termina en los próximos días un nuevo ciclo de gobierno. Finalizan su mandato Ricardo Gómez y su equipo después de siete años al frente de la institución, en los que las cosas no fueron fáciles, en los que en varias oportunidades tuvo el viento de las mayorías en contra, pero a los que se enfrentó con hechos. Al poner las cosas en el fiel de la balanza no se puede ser tan ciego para no entender que se ha dejado el camino despejado para continuar en un proceso de mejora de la calidad educativa y mantener el liderazgo regional en este sentido.

La rendición de cuentas presentada la semana pasada sirvió para mostrar a los caldenses los avances logrados en estos años, los cuales dan muestra de un trabajo coherente, con ahínco y responsable que permitirá al rector que llegue, después de la transición, tomar decisiones con base en resultados concretos, metas, recursos nunca suficientes, pero con capacidad, para encaminarla a lo que falta, trascender del liderazgo regional a ser una de las mejores en Latinoamérica. El camino está trazado y los cómo identificados. Ahora se requiere que se le permita, a quien llegue, avanzar en ese sentido y que todos pongan por encima la institución, dejando de lado las posiciones personales e ideológicas.

La mejora física en edificios y laboratorios con proyectos claros para seguir avanzando en este sentido, la formación de los docentes en maestrías y doctorados, así como la publicación de artículos científicos en revistas indexadas nacionales (de 4 a 252) e internacionales (de 2 a 98) creció en forma exponencial, mientras que los recursos para investigación pasaron de 1.715 millones en el 2007 a 18 mil millones en el 2013. La institución cuenta hoy con un grupo de 84 profesores de planta con formación doctoral y 404 con maestría, lo que muestra una clara tendencia a continuar el proceso de fortalecimiento de la investigación académica, una condición clave en la universidad moderna.

El pasado jueves, en medio de la polémica como se ha vuelto normal, ante las posiciones extremas en la universidad pública colombiana, el Consejo Superior, por mayoría, eligió como encargado, para hacer una transición y puntualizar las reformas necesarias para la llegada de un nuevo rector en propiedad, al intelectual y hombre de academia Carlos Alberto Ospina. Su tarea es preparar la institución para el cambio y facilitar la reforma estatutaria que permita cumplir los acuerdos, luego de las protestas que paralizaron la institución y tienen el calendario académico trastrocado. Ospina es visto como el continuismo, por un sector, el mismo que rechazó siempre la forma de gobierno de Gómez. No obstante, se le debe permitir la tranquilidad para que cumpla su encargo con la responsabilidad que amerita.

Una universidad reacreditada, con programas certificados y en proceso de certificación, con 16 programas técnicos y tecnológicos más, para completar 21; con cinco nuevos de pregrado, para 29; y 28 más de postgrado, para 67. A esto se suman proyectos consolidados como la universidad en el campo, el fortalecimiento de los Ceres y la llegada a La Dorada como universidad presencial, lo que ya motiva que alcaldes de varios municipios planteen posibilidades similares. Esa es solo parte de la ejecución en estos siete años y que muestran que no les asiste razón a quienes han dicho que se ha perdido calidad.

A esto se suma la inversión en infraestructura y equipos de investigación, unas finanzas saneadas, al punto que el Gobierno Nacional asumió la correspondencia del pasivo pensional que, de manera distinta, habría sido un golpe de gracia. Son logros claros y que deben ser los que marquen la historia de esta Administración, lejos de los personalismos en los que algunos quieren enfocar las discusiones que deben ser académicas.

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