Oct/25 Para Cárdenas Támara, Director del Observatorio Iberoamericano de Sociopolítica, cultura y ambiente, de la Universidad de La Sabana, denuncia la ideologización izquierdista de las universidades, que, al abandonar valores humanistas y judeocristianos, conduce a su decadencia moral y civilizatoria, simbolizada en el asesinato de Charlie Kirk.
Charlie Kirk (1993-2025): ¿agonía o muerte de la universidad?
Confieso que no tenía ni idea de quién era Charlie Kirk. No hacía parte de mi campo visual. Después de su asesinato, el que podemos considerar un martirio contemporáneo, con el transcurrir de los días, me llamó la atención la polarización de la sociedad estadounidense. Lo que más me impactó fue la presencia de grupos de jóvenes, adultos e incluso profesores universitarios que celebraban de manera vulgar y violenta el asesinato de este activista de derechos humanos. Admito que mi conocimiento sobre Charlie Kirk es superficial; no tengo un conocimiento exhaustivo o profundo de su trabajo u obra. No obstante, con lo que se ha observado en los últimos días, me parece que era un defensor del sentido común en contra de la ideologización de la sociedad, y crítico de una universidad que promueve lo que se conoce como la cultura de la muerte. Lo paradójico es que lo mataron en un campus universitario. Todo un símbolo, cuya función de producción de sentido, es el objeto de reflexión de este texto.
Su asesinato puede interpretarse como la expresión de la agonía de la universidad humanista frente a corrientes que falsamente se han declarado progresistas y que en el fondo expresan una involución y retroceso de los valores supremos que la sociedad occidental ha construido con base en los aportes civilizatorios judeocristianos y greco-romanos. Es doloroso y triste ver jóvenes universitarios, incluso aunque sean una minoría, celebrando la muerte de un activista de derechos humanos. Sus expresiones vulgares, una jocosidad e hilaridad morbosa, lo que expresan, es el lado más macabro y decadente de la sociedad y de los valores y principios que presuntamente se inculcan en los sistemas escolares y universitarios. Más allá de los indicadores de calidad educativa, resultados de aprendizaje y competencias, la universidad como proyecto civilizatorio puede estar agonizando. Podemos festejar todas las acreditaciones de alta calidad, pero si perdemos el sentido supremo de los principios y valores universitarios, la universidad se convierte en una gran estafa al perder su alma dialogante y formadora de los líderes de la sociedad en función relacional con los principios axiales de la sociedad occidental, centrados en el debate, el respeto a la libertad de opinión y a la diferencia en el horizonte de códigos normativos y leyes que tienen que ser respetados.
La universidad debe ir más allá de la mera transmisión de competencias de aprendizaje, las cuales quedan aisladas si no se integran con la formación del carácter y el desarrollo de virtudes en sus estudiantes. Como institución tiene una oportunidad única en el sentido de la formación de millones de ciudadanos que en pocos años deberían conducir a las naciones del mundo por caminos de paz, prosperidad y libertad en el marco de las contingencias propias de la vida humana y de la historia en su sentido trágico, es decir la universidad es fundamentalmente una institución realista antes que utópica, realismo que construye en diálogo con la historia y la tradición. Tiene que estar atenta a transmitir las mejores habilidades, pero adicionalmente, y lo digo en relación con el asesinato de Charlie Kirk, en nuestroser ciudadanos abiertos a la vida, a la formación de familias sólidas, fecundas y amorosas; al respeto de los valores patrióticos y al desarrollo de personas y comunidades íntegras, abiertas al don de la vida, del progreso y de la generación de riqueza, ciencia y promoción de la justicia social desde los principios más nobles que ha experimentado la civilización occidental, oponiéndose a todo proyecto mesiánico, totalitario y caudillista, tan propio de las realidades políticas vividas en nuestros países en la voz intoxicada y delirante de mandatarios de turno.
La universidad se desdibuja y deja de existir si pierde su alma y su esencia más profunda. Para descubrirla y restaurarla tiene que estudiar la tradición occidental en las escuelas intelectuales más sólidas que se han construido y desarrollado en su seno. Es un trabajo filosófico, histórico, político y educativo. Es un trabajo de orden sapiencial, que desborda el campo disciplinar o el estrecho academicismo de eruditos desconectados de la realidad. De cierta manera, el activismo y el trabajo de Charlie Kirk le recuerdan a la universidad el camino que debe transitar, en el marco de orientaciones de vida que nos enseñan, lo que implica defender la vida con ahínco, inteligencia, diálogo, compromiso y fervor. Charlie Kirk puso el dedo en la llaga y lo mataron por afirmar verdades molestas para un progresismo que viene destruyendo la universidad pública y privada en el mundo entero.
Es relativamente fácil identificar “las notas” del progresismo universitario. Su discurso ideológico, arropado de cientifismo, no ciencia, gira sobre clichés narrativos que hablan generalmente en contra del cristianismo; es más, sus planteamientos son abiertamente hostiles a toda aproximación que venga del cristianismo. Su primera nota es de crítica radical a los valores del evangelio y al proyecto civilizador del occidente cristiano. Adicionalmente, su discurso, ignorante de la historia, ataca de manera frontal y superficial todo rasgo “patriarcal” y “hetero normativo” en la sociedad (En diálogos sostenidos con algunas feministas radicales, descubre uno que no tienen ni idea que se entiende por patriarcado desde concepciones antropológicas, operan simplemente desde la repetición de consignas sin base histórica alguna). Por lo tanto, la institución de la familia se desconoce y es objeto de ataques violentos y brutales, ya sea en numerosos campus universitarios o a través de la creación y puesta en práctica de políticas públicas contrarias a la familia, pero dispuestas a fomentar falsos igualitarismos y transhumanismos violentos, completamente deshumanizantes y delictivos.
Recuerdo, como unos años atrás, la iniciativa legislativa de algunos congresistas de Colombia que ensayaron la idea de constituir el Ministerio de la Familia, hablo del año 2007-2008. Le pidieron a un grupo de profesores de la Universidad de La Sabana, del que yo hacía parte, que les ayudáramos a institucionalizar el ministerio en mención. Desde mi campo disciplinar de la antropología, mi aporte fue modesto y sencillo, simplemente corroborar que, en todo el registro histórico y antropológico disponible, la institución de la familia, desde diversas formas culturales, donde se destaca principalmente y mediante datos estadísticos que la familia monógama, incluso en sociedades primitivas es el rasgo y patrón institucional dominante. Un dato científico avalado por el sentido común crítico: todos los grupos humanos, han tenido como institución fundante a la familia, desde luego que en el marco de un juego y variabilidad de diversas tipologías que confluyen en variados sistemas de parentesco que tienen constantes universales que son ignoradas por los progresismos violentos que quieren imponerle a la sociedad sus falsas verdades sobre las relaciones humanas en cuantos arreglos familísticos, que desde luego se vienen debilitando dado el auge de un estatismo interesado en destruir la institución natural de la familia. El Ministerio de la Familia no prosperó, porque sectores del progresismo, anclados en las “mejores” universidades del país, torpedearon el proyecto sin mayor argumentación, olvidándose que Aristóteles desde hace 24 siglos comprobó y demostró en su Política que la familia es la unidad de distribución de riqueza por excelencia en las sociedades complejas. Es decir, es eminentemente una institución socialista que genera riqueza (entre otras muchas funciones: amor, educación, endoculturación) y la distribuye a corto, mediano y largo plazo. Funciones que no puede hacer con el nivel de eficiencia el Estado, ni gobierno alguno o ningún partido político. Esta condición se ignora en las visiones y políticas de los agitadores revolucionarios que quieren destruir la familia, en sus falsos dogmatismos terroristas. Ya unos años después, cuando manifesté mis intenciones de hacer un doctorado en ciencias sociales en la Universidad Nacional de Colombia, algunos profesores del doctorado nos reunieron a los aspirantes y nos dijeron: “Uno de nuestros proyectos institucionales está en relación con el tema del aborto. Nos interesa apoyar a la Corte Constitucional en sus lecturas y sentencias a favor del aborto. Acá no hay espacio para marcos teóricos o conceptuales cristianos o provida”. No preguntaron si teníamos preguntas u objeciones a la propuesta, simplemente imponían sus voces de académicos eruditos. Esas fueron, más o menos, las palabras, pero el sentido es literal. Con los años nos hemos enterado de proyectos de investigación doctoral en la mencionada universidad, cuyos doctorandos han tenido que abandonar la investigación y el doctorado debido a que sus investigaciones planteaban o introducían autores cuya base mental se salía de los estudios de la teoría crítica, la teoría queer o marcos marxistas. Tuvieron que abandonar la universidad, ya que sus vidas se convirtieron en una pesadilla ante el matoneo erudito de sus ilustres profesores, que en casos ampliamente conocidos llegan al acoso sexual de sus estudiantes. Me viene también a la memoria la conferencia de una de las vacas sagradas de la antropología de la Nacional, que giró sobre el efecto intoxicante de los marcadores de tableros. —En mis clases les enseño a los estudiantes de la U. Nacional las propiedades alucinógenas que tienen los marcadores borra seco—. Años después fue denunciado penalmente por acosar sexualmente a sus estudiantes varones.
La insuficiencia intelectual se intensifica si nos desvinculamos de las tradiciones que han caracterizado a la filosofía occidental, negándoles a los estudiantes el saber proporcionado por autores como Descartes y Locke, entre otros, en sus referencias a la racionalidad y la metafísica contemporáneas. O en el campo de la economía del siglo XX, no olvidar importantes escuelas, en primer lugar, la Escuela Austriaca, de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, cuyos postulados son críticos del socialismo y la planificación central, enfatizando la importancia del orden espontáneo y la libre competencia, en oposición al control marxista de la economía. En segundo lugar, la Escuela Neoclásica, de Alfred Marshall, León Walras, y Vilfredo Pareto, cuyos postulados enfatizan el equilibrio a través de la utilidad y el mercado, contrastando con el enfoque marxista centrado en el trabajo y la lucha de clases. Estas omisiones han tenido como efecto la generación de toda una constelación de economistas, algunos amigos míos que confiesan que nunca se les enseñaron o tuvieron contacto con las escuelas en mención y que todo lo que vieron era marxismo puro; entonces lo que se tiene es un mundo de profesionales, que han ocupado importantes cargos y responsabilidades en la vida de la nación, pero que orientaron su accionar profesional desde versiones sesgadas o parciales de la teoría económica o de la teoría social. Olvidan nuestros maestros criollos de la pseudo sospecha, que es ampliamente conocido que la ciencia moderna surgió gracias a la cosmovisión cristiana (véase sobre el tema la obra de Stanley Jaki, sacerdote benedictino, pero también filósofo y físico) y que, por lo tanto, dicha cosmovisión debería de ser estudiada. Mis excelentes clases de Marx I, Marx II, Freud I, Freud II en la Universidad de los Andes, impartidas por el gran maestro Sergio de Zubiría; deberían de tener como correlato complementario la posibilidad de que los estudiantes pudieran complementar su formación “dialéctica” por seminarios de San Agustín I, y San Agustín II; pero esto es imposible, no había ninguna oferta en aquellos años y creo que no existen hoy tampoco esas ofertas académicas, dada la hostilidad ilustrada de nuestros doctos hijos putativos de Voltaire y de sus secuelas de odio contra las bases fundantes de nuestra civilización. Así, se puede decir que en parte nos han estafado y estamos estafando a la juventud que acude a los planteles universitarios al haberles cercenado la posibilidad de escuchar otras visiones de realidad, distintas a las que se han impuesto en nuestras universidades.
Lo que se sostiene es que algunas instituciones de educación superior se han transformado en centros de adoctrinamiento, cuyo resultado es la radicalización violenta de sus alumnos, en particular los jóvenes. El adoctrinamiento implica una radical ignorancia, tanto en el cuerpo profesoral, como en el estudiantado, de principios y categorías básicas para comprender y explicar la estructura de la realidad. Es obvio, que la muerte o agonía de la universidad se está viendo reflejada en la agonía de la sociedad. ¿Cómo puede sobrevivir una sociedad si sus jóvenes no creen en la familia, en el matrimonio y en el don de la vida? ¿Cómo puede una sociedad sobrevivir en el tiempo, si sus jóvenes se dedican a criar mascotas y a practicarse abortos de manera regular? Estos interrogantes eran parte del discurso que muchos sectores de la sociedad del imperio en decadencia no querían oír en la voz de Charlie Kirk. Él fue asesinado, seguramente, desde instrucciones emanadas por parte del Estado profundo, progresista en llave, con el adoctrinamiento que se viene dando desde hace años en las universidades más prestigiosas del imperio, cuyos intelectuales orgánicos son hoy los que tienen en sus manos la hegemonía cultural y, por lo tanto, controlan hoy la superestructura ideológica de occidente en el sistema universitario. Y la pregunta de fondo es: ¿Qué están construyendo? ¿Cuáles son las consecuencias en la vida de nuestras naciones y universidades del control ideológico por parte de las fuerzas de la izquierda radical, de la educación y de las universidades? Yo me atrevo a responder: la muerte y destrucción de la idea de nación, progreso y libertad. Cuyos símbolos son tanto Charlie Kirk para el caso de los Estados Unidos, como Miguel Uribe Turbay para el caso de Colombia. Los que pagaron el crimen y la bala, veían en Charlie Kirk un serio opositor de las políticas de la muerte y la censura. En la siguiente tabla se corrobora lo que se está afirmando y advierte con claridad cómo la ideologización de la universidad viene operando desde la difusión de un marxismo cultural que está en directa relación con los desarrollos de Antonio Gramsci y sus propuestas de trabajo cultural, que sin duda han calado y penetrado profundamente el universo de las universidades:
Tabla 1. Proporción de profesores de derecha e izquierda en las universidades de Estados Unidos y Colombia.
| Universidad / Contexto | % Profesores Izquierda (estimado) | % Profesores Centro/Moderados | % Profesores Derecha (estimado) |
| Harvard (EE.UU., referencia) | 79.7% (muy liberales + liberales) | 18.9% | 1.5% |
| Universidades públicas en Colombia | Mayoría, fuerte tendencia a izquierda (no cuantificado) | Indeterminado | muy baja |
| Académicos EE. UU. (estudio donaciones) | >95% de afiliaciones/donaciones izquierda | N/A | <5% |
Fuentes: autor adaptado sobre Harvard, Revista Semana.
https://www.semana.com/harvard-solo-el-15-de-los-profesores-se-considera-de-derecha/689081/
Sobre Colombia, https://www.aacademica.org/000-018/429
La preocupación radica en que los estudiantes únicamente tengan acceso al campo conceptual de la izquierda y se les niegue por acción u omisión otras concepciones de la realidad.Si seguimos indagando, en un campo de conocimiento que necesita mayores estudios empíricos, y con base en el estudio de Langbert, Quain y Klein (2010-2016), se puede precisar con algún nivel de detalle en la tabla 2 la proporción de profesores registrados como demócratas (izquierda) y republicanos (derecha) por universidad y departamento en Estados Unidos para las disciplinas de economía, historia, periodismo, derecho y psicología.
Tabla 2. Proporciones por universidad y departamento (ejemplos representativos):
| Universidad | Economía
I/D Izquierda/derecha |
Historia
I/D |
Periodismo
I/D |
Derecho
I/D |
Psicología
I/D |
| Harvard | 3.2:1 | 45.0:1 | 25.7:1 | 6.3:1 | 19.5:1 |
| Yale | 5.1:1 | 34.7:1 | 18.9:1 | 7.5:1 | 15.8:1 |
| University of Chicago | 3.5:1 | 28.9:1 | 23.3:1 | 8.1:1 | 17.0:1 |
| University of Michigan | 4.9:1 | 31.0:1 | 21.0:1 | 9.0:1 | 16.5:1 |
| University of California, Berkeley | 5.5:1 | 36.0:1 | 20.0:1 | 10.0:1 | 18.0:1 |
Fuente: autor adaptado de Langbert, Quain, y Klein (2016)
De manera textual, el estudio afirma:
<< La relación D:R global es de 11,5:1. Las relaciones D:R para los cinco campos fueron: Economía 4,5:1, Historia 33,5:1, Periodismo/Comunicación 20,0:1, Derecho 8,6:1 y Psicología 17,4:1. Los resultados indican que las relaciones D:R han aumentado desde 2004, y el perfil de edad sugiere que en el futuro serán aún más altas. Proporcionamos un desglose por departamento en cada universidad. Los datos respaldan la conclusión establecida de que las proporciones D:R son más altas en la cúspide de las pirámides disciplinarias, es decir, en los departamentos (universidades) más prestigiosos. También examinamos cómo varían las proporciones D:R según el género y la región. Las personas interesadas en la diversidad ideológica o preocupadas por los errores de las perspectivas izquierdistas, incluidos los estudiantes, los padres, los donantes y los contribuyentes, pueden encontrar nuestros resultados profundamente inquietantes (traducción personal sobre el resumen del texto”. Mitchell Langbert, Anthony J. Quain, and Daniel B. Klein, 2016.
Las instituciones norteamericanas y prácticamente todo el sistema académico de los Estados Unidos de América son un refugio “capitalista” para marxistas, neo marxistas, postmodernistas y postestructuralistas. Su referente principal sobre la verdad y la realidad se fundamenta en postulados relativistas, dogmáticos y violentos, que se ocultan en el juego de “nociones de realidad” como un campo pseudo-pluralista en sus interpretaciones del mundo. El principio liberal de «no sé… voy a estudiar el tema>, se ha abandonado, imponiéndose un lenguaje dogmático, que en el fondo es extremadamente violento y que explica en parte las bases causales del asesinato de Charlie Kirk y la deplorable celebración que hicieran sectores de la juventud y de la academia norteamericana. La moderación y la no violencia no pueden existir si las universidades están representadas por un mínimo porcentaje de profesores moderados, tal como se evidencia en el estudio señalado.
Se puede afirmar que los estudiantes de hoy conocen poco de historia, antropología, política, teología, filosofía. La versión que tienen, si la tienen, de estas disciplinas o áreas de conocimiento viene de marcos teóricos, principalmente derivados de narrativas de la izquierda y la postverdad. Se desconoce tanto en el alumnado como en el profesorado las bases teológico-filosóficas que dieron nacimiento a occidente, prima una lectura de la historia fundamentada desde la leyenda negra que impulsaron las potencias extranjeras, principalmente Inglaterra, contra la labor civilizatoria del Imperio español del cual hicimos parte como virreinatos y no como colonias como falsamente se nos ha enseñado. Muchos grupos académicos no conocen las luchas del Imperio español en América ni la creación de las primeras universidades en el continente. Ignoran la importancia del derecho romano y la habilidad de argumentar y hacer preguntas, que se originan en el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles. Estas ideas fueron desarrolladas por pensadores como san Agustín y santo Tomás, quienes son hasta cierto punto los fundadores de la semiótica y precursores de la filosofía moderna. Es un gran error epistemológico reducir la historia de la humanidad a la lucha de clases, al conflicto y al antagonismo en las lecturas interpretativas sobre la realidad. En cambio, eso sí, glorificar el genocidio de los mayores asesinos en la historia contemporánea se hace sin vergüenza alguna y demostrando la insensibilidad e ignorancia suprema hacia la historia política del mundo. “El socialismo de Stalin debió de volverse global y no estatal”, afirmaba el presidente de Colombia, Gustavo Petro, en la Asamblea General de la ONU el día, 24 de septiembre (2025). Frase de antología que refleja la ignorancia y el odio manifiesto. Enunciados de violencia que se pronuncian sin ningún rubor. Todo un icono para destacar el sentido de lo que se viene afirmando. Desde esos postulados, se introducen dispositivos violentos que buscan destruir, legitimando la violencia como un medio instrumental en la lucha contra la opresión estructural del capitalismo y para alcanzar la “emancipación” del proletariado, en el despliegue de un universo utópico con fuertes connotaciones religiosas y mesiánicas, que finalmente han demostrado que tienen como efecto la generación de más violencia legitimada, ya sea por la acción revolucionaria de un proletariado que solo existe en las mentes incultas de personajes que glorifican la violencia y el exterminio, o por la violencia que genera el aparato de los Estados socialistas que se institucionalizaron en el siglo XX (Cuba, China, Vietnam, Unión Soviética). No hay espacio para el reconocimiento del pasado, para la valoración de la tradición o para lecturas moderadas que lean los aportes de la civilización occidental. Es curioso, como parte de nuestra historia cultural se desconoce, se ignora y se les cierran las puertas a los aportes de la espiritualidad occidental, en la voz de gigantes como santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz o padres de la patrística oriental como san Máximo el Confesor, por nombrar solo algunos.
Nuestra tradición occidental es rica, diversa y compleja. El objetivo es que las generaciones actuales, nuestros hijos y nietos, comprendan el legado de occidente. Desde luego que es esencial que nos mantengamos abiertos al diálogo intercultural y civilizatorio, una condición y ethos inherentes a nuestro legado dialógico. Un legado que brilla como la constelación más importante en la historia mundial. La tarea es inmensa, y tiene que ser promovida principalmente en el claustro universitario. Es la experiencia universitaria la que tiene que poner en contacto a las generaciones jóvenes con la literatura, música, política y filosofía occidental. La cultura material de occidente se expresa en el legado arquitectónico, el arte, el arte sacro, construido con el esfuerzo de pobres y ricos, pero cuya idea de mundo los unía para organizarse en la construcción de bienes arquitectónicos, que admiramos hasta el día de hoy. La mente de los jóvenes tiene que ser iluminada de la estética y la ética del proyecto civilizatorio occidental de raíces judeocristianas y greco-romanas, una de cuyas expresiones es la universidad. Los valores y principios de nuestro devenir civilizatorio tienen que conocerse, vivirse y actualizarse. No se trata de repetir el saber de Platón como loros de biblioteca. Se trata de encarnar los principios del despliegue noético en nuestras vidas en diálogo con las fuerzas más sofisticadas de la ciencia y la filosofía. No podemos dejar que la mente de nuestros jóvenes y sus vidas sean conquistadas por el culto a lo ordinario, al terrorismo y a la mentira ideológica que viene asesinando a la universidad y generando ciudadanos violentos, ordinarios, sin capacidad dialógica y entes cuya vida, pasa a depender del estatismo más violento, y cuya acción final es romperles su capacidad creativa y fecunda como seres abiertos a la vida y a la construcción de proyectos generadores de riqueza personal y comunitaria.
Charlie Kirk, con su vida, palabras y mensajes, marcó una pauta y fijo un derrotero, no solo a la sociedad estadounidense, sino al mundo entero que cree en el progreso, el desarrollo, en la ciencia, filosofía y la educación. Son valores que se expresan en “principios, fundamentos universales” de nuestra sociedad occidental, tal como los pensó un genio como Ignacio de Loyola; y que tienen que ser inspiradores de la universidad en sus valores más trascendentes. Asesinaron a Charlie Kirk, lo mataron con seguridad desde órdenes promulgadas por el tecno-estado promotor del control social absoluto, dominado por estructuras del mal, pero la verdad no muere, porque gracias a Dios, millones de jóvenes en el mundo se levantan hoy contra las propuestas de adoctrinamiento ideológico que se imponen en sus propias universidades. Uno de esos jóvenes fue Charlie Kirk, inteligente, modesto y gran orador. Se hace cada vez más claro quiénes son los enemigos del progreso humano y lo desconectados que están de las necesidades básicas del hombre, tanto materiales como espirituales. Charlie Kirk fue asesinado por la izquierda radical, la ultraizquierda con sus discursos incendiarios, sus mantras falsos de virtuosismo heroico y su destrucción de la conversación pública y democrática, que está impidiendo el máximo florecimiento de la universidad de nuestros tiempos y que está llevando a occidente a una debacle demográfica y civilizatoria, que nos acerca cada vez más a los tiempos de la barbarie e incivilización tribal, de guetos violentos amparados por el Estado paternalista y sus corrupciones.
Obituario: Charlie Kirk (1993-2025) fue un activista político conservador estadounidense, fundador en 2012 de Turning Point, EE. UU, una influyente organización estudiantil conservadora presente en más de 850 universidades de EE. UU. Creció en un suburbio de Chicago, abandonó la universidad para dedicarse al activismo político y se convirtió en una figura clave en el movimiento conservador juvenil del país. Promovía valores tradicionales, libre mercado y gobierno limitado. Kirk fue conocido por defender públicamente posturas conservadoras en debates académicos, medios y redes sociales. Murió a los 31 años, y su asesinato conmocionó el panorama político estadounidense (tomado de Wikipedia).
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