Cinco tendencias para la Universidad del futuro


Dic 23/18 “La universidad debe hacer más eficientes los procesos educativos y adaptarse a las nuevas tecnologías”, concluye el español Salvador Alva en un análisis de cómo la educación superior no puede estar ajena a los nuevos desafíos de las nuevas generaciones.

Informe de Elespanol.com:

Desde hace siglos, la Universidad es el centro del conocimiento a partir del cual ha evolucionado la sociedad y, en general, todas las facetas de la vida humana. Sin embargo, el prestigio acumulado no aclara la encrucijada en la que se halla inmersa en la actualidad: la de centralizar y aglutinar el conocimiento pero estar obligada a abrirse y adaptarse a un nuevo paradigma.

Esta disrupción supone, en realidad, un camino sin retorno hacia un futuro en el que la Universidad está llamada a mantener su importancia pero desde una óptica distinta. No es algo diferente a lo que ocurre en el ámbito de la economía, en el mercado laboral o en el de la cultura, por ejemplo. Y es que las posibilidades tecnológicas y la creciente conectividad que tienen a su alcance las personas configuran una realidad muy distinta a la que vivieron décadas atrás.

En la medida en la que instituciones y personas se adapten y se adelanten a los cambios, crecerán sus oportunidades y generarán el desarrollo que transformará la sociedad. En este debate, el rol de la Universidad es un punto clave y, como tal, ha sido abordado desde distintos enfoques, muchos de ellos recogidos por Telefónica Educación Digital. Uno de los más esclarecedores es el que propone Salvador Alva, presidente del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, una de las universidades más prestigiosas de América Latina.

Una hoja de ruta de cinco puntos

Alva fue uno de los ponentes del IV Congreso Internacional de Innovación Educativa, uno de los eventos más importantes de los dedicados al tema. Alva expuso una suerte de hoja de ruta de cinco puntos que analizan otras tantas tendencias que modelan el futuro de la Universidad.

El primero es el que denomina “un mundo sin fronteras”. Es un punto de partida obvio, pero muy necesario para entender el resto de su argumentario. En este epígrafe están incluidas las alusiones a los avances tecnológicos, que han permitido una conexión inédita hasta ahora y que ha cambiado la manera de relacionarnos entre nosotros, en la forma de entender los negocios, o -ahondando en el tema educativo- la forma de aprender y de compartir el conocimiento: “Las clases”, dice Alva, “ya no son solo en las aulas”.

Crecen las posibilidades a nuestro alcance pero, en paralelo, puede generarse un halo de desconfianza que la Universidad debe atajar. En este sentido, y como propone el presidente del Tecnológico de Monterrey, estas instituciones educativas deben asumir su papel central y erigirse “en un espacio abierto que conecte con el mundo real”.

Muy relacionado con ello está su concepto de ciudades abiertas. Se basa en la creciente preponderancia del tejido urbano, de las migraciones y la movilidad demográfica, que proporcionan una diversidad de la que la educación puede aprovecharse, enriqueciéndose y poniendo a disposición de la persona una red de aprendizaje y de recursos que sean inclusivos. El resultado son sociedades más innovadoras y preparadas.

El otro punto entronca con el reto de estar preparado y vigilante ante las demandas de un mundo en constante evolución. Tal circunstancia exige una formación continua por parte de los profesionales. Visto de otro modo, y según Alva, los trabajos ‘para toda la vida’ de antaño han pasado a la historia: en la actualidad -y más aún en el futuro- el cambio obligará a la persona a ir más allá de las titulaciones clásicas y no dejar nunca de formarse.

Por último, destaca que nos hallamos inmersos en lo que denomina “era de la simulación”. Viene a ser una conclusión en la que  Alva alude a la creciente influencia de la inteligencia artificial, el big data o la realidad virtual y al cómo estas tecnologías convergen para crear sistemas complejos. Unos sistemas que, en su opinión, son herramientas ideales para que el ser humano sea más eficiente en todos los ámbitos y, por supuesto, también en el educativo: “La universidad debe hacer más eficientes los procesos educativos y adaptarse a las nuevas tecnologías”, concluye Salvador Alva.