Agosto/25 Forero Robayo exhorta a que las comunidades universitarias y sus dirigentes sean mucho más exigentes con los precandidatos y les ayuden a entender el potencial que se tiene con las capacidades acumuladas a lo largo de muchos años, así como la necesidad de una transformación profunda del sector y sus instituciones para responder mejor a la sociedad.
“El sistema de aseguramiento de la calidad mantiene la ausencia de una arquitectura institucional capaz de coordinar sus componentes en torno a fines compartidos”: Jorge Celis, en Un nuevo acuerdo de calidad de la educación superior, sin un sistema que la asegure
En momentos de grandes cambios demográficos, tecnológicos, ambientales y sociales, los diferentes países están repensando el papel de la educación superior para la superación de problemas estructurales y el aprovechamiento de los potenciales regionales y nacionales que permitan mejores condiciones de vida para todos los conciudadanos. La actual situación en Colombia señala enormes desafíos para salir adelante como país en medio de escenarios cambiantes y de nuevas expectativas de grupos poblacionales, entre ellos los jóvenes.
Lamentablemente el debate público ha estado anclado en temas tradicionales alrededor de sistemas de financiación y de la ampliación de cobertura, cuando el indicador de esta variable presenta un denominador en constante descenso. Tenemos ausencia de pensamiento en grande y de formas innovadoras y disruptivas que permitan una sintonía con el futuro, con nuevas formas de operación en esquemas audaces que hagan posible el despliegue de capacidades en los diferentes niveles, de todos los ciudadanos; “que nadie se quede atrás”.
En Colombia, de manera un tanto anticipada se inició la carrera por la Presidencia de la República, que se definirá en el primer semestre del año entrante. Se cuentan cerca de 70 precandidaturas en todos los espectros políticos y en medio de un ambiente muy polarizado. Ya algunos aspirantes han formulado planteamientos y propuestas sobre la educación, la ciencia y la tecnología y en particular sobre la educación superior. Hacen falta propuestas audaces que respondan a las condiciones por las que transitamos en entornos altamente cambiantes. En general se reducen a financiación de un sistema mixto de educación superior, a un mayor acceso a la educación superior y una mínima preocupación por la calidad de un bien público social que debería contemplar sustancialmente una pertinencia social y agregar valor.
En lo que se conoce, existen ausencias determinantes, que en primera instancia indican una débil valoración del potencial que tiene un sistema de educación superior, conformado por ecosistemas regionales al servicio de la sociedad y con pleno ejercicio de la autonomía universitaria, sin dejarse capturar por intereses particulares y agendas ocultas. Por la limitación de extensión de la columna señalo solamente algunas de las grandes ausencias, en la esperanza que los integrantes de las comunidades universitarias y sus dirigentes sean mucho más exigentes con los precandidatos y les ayuden a entender el potencial que se tiene con las capacidades acumuladas a lo largo de muchos años, así como la necesidad de una transformación profunda del sector y sus instituciones para responder mejor a la sociedad.
1) Proponer un diseño institucional del sector que permita operar como sistema a partir de los ecosistemas regionales que ya se proyectan y donde la unidad de operación supere la individualidad institucional, garantizando un dispositivo que permita la construcción, la implementación y la evaluación de políticas públicas de largo alcance alrededor de las grandes problemáticas sociales y con liderazgo colectivo y asociativo de la educación superior. El pensar en grande con capacidad de anticipación y con formas innovadoras de operación y medición debería ser una característica central.
2) Compromiso para avanzar significativamente con la educación superior como bien público social, en capitales intangibles, que son susceptibles de medición, en pro de un fortalecimiento democrático y un ejercicio ciudadano virtuoso. El plan nacional de desarrollo debería incluir metas y estrategias para incrementar capitales tales como: el moral, ético, social, solidario, intelectual, cívico.
3) Asumir el desafío de democratizar la Inteligencia Artificial, comenzando con una gran alfabetización a los sectores más necesitados para ayudarlos a transitar en la vida digital y en donde el profesorado universitario puede jugar un gran papel. En ese proceso se encontrará un camino para un nuevo contrato social entre el mundo urbano y el mundo rural que vaya más allá de lo agropecuario y permita la vinculación activa de fuerza juvenil y la contribución efectiva a los anhelos de paz. Sin olvidar reflexiones sobre el humanismo en el siglo XXI (Hernando Bernal).
4) La puesta en marcha de un Sistema de promoción de la calidad, que sea concordante con las nuevas realidades en el mundo y le permita a la educación superior una contribución eficaz a los problemas estructurales del país y sus regiones, valorando la pertinencia social con enfoques integrales y partícipes de las comunidades universitarias, superando la elaboración mecánica de informes de autoevaluación y de atención a visitas de pares académicos. El mundo de la evaluación, incluyendo la ciencia y la tecnología ha tenido importantes transformaciones que estamos desconociendo cuando se pretende definir la calidad.
5) Educar con el ejemplo de un Estado que supere el paradigma de la simple evaluación y sea un Estado promotor de una relación dinámica y concreta de la educación superior con la sociedad. Un punto central será el buen gobierno del sistema y de las instituciones, cuando los decisores de políticas, además de un grado de legitimidad, deben tener una preparación rigurosa en los temas, que les permita tomar decisiones de calidad en ambientes de incertidumbre.
Un ejemplo de buen gobierno es que los delegados del gobierno en los Consejos Superiores de las universidades oficiales revistan las mejores condiciones y provengan de expertos de las diferentes misiones nacionales como las de ciencia y tecnología; la Academia de Ciencias podría ser un buen articulador en este propósito. Con la salvedad de que no estamos seguros de que a lo largo de muchos años haya sido útil la presencia de esos delegados gubernamentales cuyas designaciones han obedecido más a criterios clientelistas y netamente administrativos.
Ojalá visualicemos a la educación superior como la posibilidad de tener un gran impacto en la sociedad y en la vida diaria de los ciudadanos.
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