Juan Carlos Yepes, exrepresentante de los profesores en el CESU, docente de la U. de Caldas y de la U. de Manizales, cuestiona la manera como se ha manejado el tema de clases presenciales “virtuales” como resultados de la pandemia y la falta de gestión del SUE al respecto:
Lo que encontrarán a continuación es una reflexión más sobre lo que acontece con la educación superior y, en este momento histórico, con los efectos devastadores del fenómeno Covid-19, una descomunal vicisitud que tiró por el piso gran cantidad de supuestos y desnudó de manera cruda las enormes debilidades del sector. De manera particular contextualizo el escrito a partir de la realidad de la Universidad de Caldas, y sus Consejos Académico y Superior, pero con seguridad puedo afirmar (dado mi conocimiento sobre otras IES del país) que muchas de las universidades públicas atraviesan por situaciones similares. En el conjunto del SUE debo advertir que no he conocido posición alguna que cuestione las medidas adoptadas por el MEN, menos aún tengo conocimiento que ese “sistema” haya exigido de manera oficial y categórica los recursos que se necesitan para atender educación con calidad y sin exclusión en medio de la coyuntura crítica. En caso de que haya sucedido lo contrario con alguno de los Rectores, les insto respetuosamente a que se pronuncien y divulguen lo que han dicho. En el caso particular de la institución a la cual presto mis servicios desde hace veinticinco años, debo decir que el máximo órgano de naturaleza académica ha estado de espaldas a la comunidad universitaria.
En la Edición 1981 de la Revista SEMANA (19 a 26 de abril de 2020) se publicó en la página CONTENIDO ESPECIAL un artículo titulado “Virtualizar la educación, el reto del sector”, en el cual se hace un conjunto de interesantes planteamientos que arrojan a su vez importantes reflexiones sobre lo que en otros escenarios muchos vienen denominando “oportunidad de oro”, otros tantos han llamado “reto o desafío inigualable” y, los más pesimistas, tildan de “improvisación desmedida e irresponsable” por parte del Gobierno en cabeza del MEN. Quizás los tres grupos tengan en buena medida la razón. Ello depende obviamente de la perspectiva desde donde se mire el asunto por parte de cada actor y con base en el lugar que ocupe cada uno de ellos. Indudablemente las dos primeras apreciaciones tienen seguidores en el Gobierno, en los Directivos universitarios y en los partidarios de la “resiliencia” (capacidad de sobreponerse a la adversidad y proyectar futuro); el problema es que la carga de esta última recae siempre en los mismos (los olvidados, los invisibilizados y los ninguneados).La última apreciación hace parte de posiciones adoptadas por quienes creemos que, en este caso particular, el país debía estar preparado desde hace por lo menos una década para responder con infraestructura, conectividad y conocimiento en materia de educación mediada por TICs, educación no presencial o educación remota (para no hacer referencia a una educación virtual que, de lejos, es otra cosa).Pero la corrupción y la negligencia han impedido esa puesta a tono que hoy lamentamos profundamente ante la cantidad de improvisaciones.
Dice el artículo que “…a diferencia de una persona que decide inscribirse en un programa académico virtual, en el que de antemano están diseñadas unas plataformas y hay herramientas que vuelven el aprendizaje más amigable, los universitarios ahora han tenido que enfrentarse a obstáculos como la falta de dispositivos, pues en la casa todos los miembros de la familia deben compartir equipos, además de una mala conexión porque en el transcurso del día las redes se pueden saturar. A eso se suma la falta de acceso, una situación que preocupa especialmente en las universidades públicas, cuyos estudiantes a veces solo tienen la posibilidad de acceso precisamente desde la universidad”.
Esto parece resbalarle a algunos Rectores que integran el SUE, es como si vivieran en otra dimensión, parece igualmente que se enajenaran y de paso se distanciaran ostensiblemente de la realidad. Pero es simple la explicación, esto sucede porque en lo fundamental le sirven al establecimiento, son extremadamente dúctiles ante quienes indudablemente hicieron lo posible por elegirlos en los Consejos Superiores (el Gobierno) y pierden la dignidad ante los influjos del poder.
Pero me refiero a la dignidad que deberían encarnar en nombre de las comunidades universitarias, no hago alusión a la dignidad individual porque de ella es responsable cada quien. Ese grado de enajenación y distanciamiento básico de la realidad ha hecho que ni siquiera reclamen recursos para enfrentar la enorme dificultad que atravesamos. Se han creído el cuento de que los presupuestos que iban a destinarse a la educación superior pública ya fueron definidos en las negociaciones de diciembre de 2018, con estudiantes y profesores, y que ahora no hay posibilidad alguna de giros adicionales. ¿Acaso no han visto los “esfuerzos” que ha anunciado el Gobierno para conseguir recursos orientados a enfrentar la coyuntura crítica de la pandemia? ¿No conocen de los impuestos “solidarios” que constituyen un asalto a los salarios de los trabajadores -incluidos los docentes universitarios- quienes ven amenazado su mínimo vital y móvil? ¿Se han preguntado por el aporte concreto de los banqueros que en el año 2019 ganaron de manera inmoral cerca de 14 billones de pesos y al parecer serán los únicos que ganarán aún más al final de este drama? ¿Acaso no deberían estar pujando por recursos de la torta de la que sí se han empezado a beneficiar los corruptos de siempre, ante la mirada impávida de quienes nos dirigen? Ya volveré sobre el tema.
Dice más adelante el escrito que una estudiante de séptimo semestre de Administración de Empresas de una reconocida universidad de Bogotá, ha vivido dificultades en su proceso formativo, entre otras porque “Algunos profesores no saben usar los medios virtuales ni la plataforma de la universidad. Si no les falla el audio les falla el video, y cuando todo está bien se cae la conexión. Nos ha pasado que quedamos a mitad de clase”.
Si esto pasa en la “reconocida” universidad de la Capital del país, ¿Se pueden imaginar qué puede pasar en universidades de provincia? Algunos dirán que eso no va a suceder porque la idea no es llevar el mismo modelo de las clases presenciales a un encuentro sincrónico, apoyado con tecnologías de la comunicación, sino que se trata de que los profesores suban contenidos a las plataformas y graben clases para que los estudiantes accedan a ellas cuando lo deseen; y que pueden crear foros, espacios de evaluación en línea u otras alternativas asincrónicas. Si de lo que hablan es de esto último, entonces están llegando a la virtualidad y eso no es lo que han dicho las “autoridades”, además porque no se tiene con qué en la mayoría de los casos.
Pero he aquí algo adicional mencionado por la estudiante en comento quien asegura que algunos profesores logran grabarse dando alguna explicación, algo mejor que enviar lecturas y hacer exámenes para verificar que los muchachos estén leyendo los textos, pero que en últimas “…como tal no hay una retroalimentación ni la posibilidad de debatir”. Aquí está el quid del asunto. ¿Estamos ante educación virtual a la criolla? ¿Estamos ante educación semi-presencial? ¿Estamos ante educación presencial mediada por TICs? ¿Estamos ante educación remota? ¿Estamos ante E-Learning en sentido estricto? ¿Estamos en rigor y método ante B-Learning o Blended Learning? En conclusión… ¿A QUÉ ESTAMOS JUGANDO?… y de paso… ¿La calidad del juego está garantizada para todos los “apostadores”?
Estas “apuestas”, con seguridad, pueden salir más costosas e ineficientes si en lugar de la improvisación nos hubiésemos tomado esto en serio, evitando lanzarnos al vacío. Hubiese sido más responsable suspender un tiempo la docencia directa para hacer otras cosas propias de la función misional, calculando la verdadera capacidad instalada en las universidades, evaluando las posibilidades reales de nuestros estudiantes, el acceso de todos a equipos y planes de internet o por lo menos a datos en los teléfonos móviles, antes de iniciar acciones desprovistas del rigor y método necesarios.
Se encuentra en el artículo una interesante anotación acerca de la Universidad de La Sabana según la cual “…después de las dos inundaciones de 2011, que obligaron a toda la comunidad educativa a trabajar y estudiar desde la casa y otros sitios improvisados, tomaron en serio la importancia de la virtualidad y se volcaron a desarrollar una plataforma que no solo les ha funcionado para complementar los programas, sino que además les permitió asumir la cuarentena sin generar mayores contratiempos en las estructuras de las clases”. Léase bien, se tomaron en serio la virtualidad. Se suma a lo anterior el complemento de la Directora del Centro de Tecnologías para la Academia de dicha institución quien dice “La Universidad ha invertido mucho dinero en conectividad, plataforma y software para impartir clases virtuales de calidad”. Debo advertir que conozco de manera personal al Dr. Obdulio Velásquez Posada, Rector de la U de La Sabana con quien compartí varios años en el CESU, y lo conocí mejor en 2011 cuando asumió con inteligencia y pundonor el desastre de las inundaciones en su universidad. De él puedo decir
algo: es un hombre que no le apuesta al azar y mucho menos juega con la improvisación.
El artículo también menciona dos asuntos sobre los cuales podría extenderme ahora, el Plan Padrino IES propuesto por el MEN y el apoyo en salud mental a la comunidad universitaria; pero es tan pobre lo que hay en uno y otro sentido que no vale la pena desgastarme en los análisis. Por ejemplo, en lo relacionado con que unas instituciones de mayor experiencia en virtualidad tomen en “adopción” a las más atrasadas, ha sido un verdadero fiasco lo que se ha hecho (no hay recursos de por medio). Sobre el grave problema de salud mental de profesores y estudiantes ni hablar (me acabo de desquiciar si insisto en ello), mejor dejemos ahí para que los expertos en este último tema hablen.
Muchos se han convencido ilusamente, o quizás por obstinación combinada con irresponsabilidad, que la CAPACITACIÓN a estudiantes y profesores es la panacea para sortear la Covid-19. Nada más lejano de lo que ahora necesitamos. Esa es una variable importante entre muchas otras, pero resulta inadmisible olvidar factores como tenencia y uso de equipos para unos y otros, disponibilidad y capacidad de los dispositivos electrónicos con que se cuenta, acceso y permanencia de conexión en las redes, robustez y costos de plataformas, prioridades económicas de los estudiantes, ambientes de trabajo en casa combinados con labores domésticas, salud física y mental de todos, entre muchas otras variables.
A manera de ejemplo transcribo tres testimonios en medio de la gran cantidad de casos que se quedan sin registrar en la U de Caldas, dos de estudiantes de pregrado de una de nuestras ofertas presenciales y uno proveniente de estudiante de posgrado (éste último de un Programa de Maestría en el cual yo debía haber orientado Taller de Línea este fin de semana).
1. “Muy buenas tardes. Soy _______ y le escribo en nombre de mi compañera _____ quien, lamentablemente, no tiene la posibilidad para acceder a la educación en modalidad virtual, porque no cuenta con los recursos necesarios (equipo y banda ancha)”.
2. “Quisiera informar que no tengo conexión a internet debido a que estoy viviendo en zona rural y por la cuarentena no logré desplazarme a tiempo a Manizales. Estoy atento a su respuesta y a cualquier opción que me permita continuar con mi proceso educativo. Infinitas gracias”.
3. “Buen día profesor. Qué pena con ustedes compañeros, por mi parte he tenido ciertas dificultades que no permiten estar presente, no cuento con un PC en esos momentos, situación que notifiqué a la Maestría y razón por la cual no hemos tenido clases con el profesor de… Ya que los compañeros se han mostrado solidarios, lo que agradezco mucho, que bueno saber el compromiso de muchos por demostrar que el individualismo solo es consecuencia del grado de deshumanización al que nos empuja el sistema de producción en el que vivimos”.
¡Sin comentarios!
De vuelta al SUE quiero advertir a los Rectores, que están incursionando peligrosamente en la improvisación, que el remedio saldrá más caro que la enfermedad. Los costos de esa improvisación serán mayores a los que depararían procesos bien planificados y debidamente financiados. Muchos de nosotros hicimos propuestas en relación con la necesidad de un alto en el camino. Es perentorio preguntar a los Consejos Superiores cuánto le está costando a las universidades este “reto o desafío”, sin un peso adicional por parte del MEN. En cuánto se agudizará el déficit. Pero ante todo debo preguntar por la garantía del derecho a la educación superior para tantos jóvenes que se matricularon en programas presenciales y ahora están en dificultad seria para acceder a dicho derecho, pactado en condiciones bien distintas. También pregunto por la garantía a la educación de calidad que sin lugar a dudas se está viendo seriamente amenazada. Dónde quedan los lineamientos de IESALC-UNESCO sobre inclusión para enfrentar la Covid-19. No basta capacitar a profesores y estudiantes (que de entrada tendrían la obligación de contar con los recursos necesarios para acceder, tales como equipos y conectividad). Me dirijo a ustedes integrantes del SUE para invitarlos, por enésima vez, a ejercer la autonomía universitaria honrando a sus comunidades, a no permitir que se siga ultrajando dicho núcleo esencial y a que, aquellos que persisten en improvisar, se vuelvan serios de una vez por todas.
¡SI QUIEREN PLEGARSE A LOS MANDATOS DEL MEN, EXIJAN LOS RECURSOS INDISPENSABLES!
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