Marzo 3/25 La presencia en EAFIT de Sandra Ramírez (o Griselda Lobo), ex integrante de las Farc, en un debate político de aspirantes al Congreso, detonó la sensibilidad política de miembros de la Universidad, a tal punto que han pedido la renuncia de la rectora Claudia Restrepo (foto).
De esta forma se despertó una polémica que ha enfrentado a académicos, amigos y enemigos de la rectora y, sobre todo, un momento de aprovechamiento político, a pocos días de las elecciones para el Congreso de la República, y que de paso revive el debate de hasta dónde la autonomía universitaria debe permitir, o no, a las universidades, permitir la presencia y opinión de voces diferentes.
La situación que detonó el debate
El 25 de febrero, durante un debate electoral al Senado organizado por estudiantes de Ciencias Políticas de EAFIT —en alianza con El Espectador y Blu Radio— se presentó un incidente que rápidamente escaló a controversia nacional.
En el auditorio Fundadores participaban candidatos de varios partidos, entre ellos Sandra Ramírez (o Griselda Lobo), exintegrante de las Farc.
En medio del evento, David Toledo, candidato a la Cámara por el Centro Democrático y egresado de EAFIT, se levantó de entre el público con un cartel que decía “Griselda Lobo, asesina” y la increpó verbalmente, acusándola de delitos cometidos durante el conflicto armado.
Los organizadores solicitaron su retiro del auditorio y la salida se produjo con acompañamiento de la Policía. Esto disparó una ola de reacciones, especialmente entre egresados y sectores políticos.
Tras el hecho, las redes sociales se han llenado de defensores y críticos de la rectora Restrepo, quien estuvo presente en el acto, y a quien han calificado en todos los términos despectivos y elogiosos, en una valoración más personal y política que académica.
Incluso, un exmiembro del Consejo Directivo de EAFIT, como José Guillermo Mejía, ha ratificado sus criticas a la rectora, señalando que “el perfil, la orientación progresista cultural, el lenguaje inclusivo, identitario y melifluo de la rectora Claudia Restrepo Montoya no representan hoy los valores democráticos con los cuales la universidad fue creada. Su progresismo cultural destruye la democracia”.
Por su parte, un grupo de profesores han llamado a reconocer que “la vida universitaria se sustenta en la diversidad de miradas, métodos y enfoques” y piden no desconocer la dignidad de la academia y de la institución.
El debate se ha ampliado con diversos comunicados y solicitudes de algunos estudiantes y egresados que hasta han convocado a un plantó para pedir la renuncia de Restrepo.
Una situación algo parecida también se dio en la Universidad de Los Andes, en donde la semana pasada, el profesor Sergio Lizarazo invitó a Victoria Sandino, también ex integrante de las Farc, a una de sus clases sobre conflicto armado y política subnacional. La invitación hacía parte del análisis académico del proceso de paz y de la transformación de las Farc en partido político.
Un grupo de estudiantes expresó inconformidad en redes sociales, señalando que la presencia de Sandino era ofensiva para víctimas y que la universidad no debía abrir espacios a exintegrantes de las Farc sin un marco más explícito de reconocimiento de responsabilidades.
La discusión escaló rápidamente y se convirtió en un debate nacional sobre libertad académica, pluralismo, memoria del conflicto y límites de la invitación a actores armados desmovilizados.
Frente a ese hecho, la rectora de Uniandes, Raquel Bernal reflexionó que “la democracia no se debilita cuando discutimos. Se debilita cuando dejamos de reconocernos como interlocutores legítimos. El problema no es el desacuerdo. Es la incapacidad de escuchar sin convertir al otro en amenaza… No tengo que estar de acuerdo contigo. Pero sí tengo la responsabilidad de entender que tu voz también hace parte del espacio público que habitamos. Tejer puentes no es ingenuidad. Es una forma de cuidado democrático”.
¿Se excedió EAFIT?
Independientemente del agrado político o no que pueda generar una candidata como Ramírez, especialmente porque se asocia con un grupo guerrillero que, particularmente en Antioquia, tiene mucho rechazo por el apoyo de esa región al expresidente Alvaro Uribe, y sin que eso signifique que EAFIT es una universidad afín a la guerrilla, el debate con aspirantes de diversas corrientes políticas promovido por la Institución responde a uno de los muchos ejercicios de escucha de visiones diferentes que deben darse en cualquier institución de educación superior.
La Universidad no estaba obligada a hacer un debate de estas características. No hacerlo le hubiera ahorrado este malestar, pero se presume que actuó en el legítimo interés de abrir espacios de análisis político. Tenía libertad de escoger a quiénes invitar. Las instituciones de educación superior se conciben como escenarios en los que, gracias al proceso de reflexión académica, es posible escuchar las más variadas posiciones.
Es diferente si la Universidad alienta el proselitismo y condiciona la opinión y participación política de su comunidad, aunque por ser una institución privada tampoco puede estar ajena a identificar su ideología institucional con alguna campaña política, siempre y cuando eso no influya en acciones contrarias a la libre elección.
Algunos dicen que EAFIT mal usó la autonomía universitaria, y otro análisis podría indicar que los críticos de la actuación de la Institución, aprovechándose de un momento político, han querido usar esa autonomía en beneficio propio. Pedían libertad de opiniones, pero censuraban la posibilidad de escuchar a alguien contrario.
Ese contrario participó en la ilegalidad, y eso no le debería permitir entrar a un escenario como la academia, dicen quienes cuestionan a Ramírez, pero la universidad tampoco es la última palabra para condenarla o perdonarla, pues la ley colombiana le ha permitido moverse con libertad.
El debate seguirá abierto, pero no se puede permitir silenciar los auditorios universitarios para permitir que solo se escuchen alabanzas a la ideología de unos pocos.
El otro aspecto de la crítica está en que la universidad hubiera permitido el ingreso (vedado en las universidades públicas) a la Policía para retirar a quien protestó, en otro hecho que sigue sin resolverse, sectorialmente, relacionado sobre la conveniencia o no de estas acciones.
Aquí lo curioso es que quienes critican el ingreso de la Policía son los mismos que se alinean del lado de la autoridad y el orden.
No es un escenario fácil para la rectora Restrepo, por tratarse de un estrato, una ciudad y una universidad consideradas tradicionales, empresariales y de personas con alto poder adquisitivo, abrir espacios diferentes, y entonces aquí la surge la pregunta de si su rol como rectora, de una institución que reúne unos intereses sectoriales específicos, es conservar los valores de esa cultura o, por el contrario, oxigenarla con otras miradas.
Por hora, la rectora publicó un comunicado institucional titulado “Sobre nuestro compromiso con las libertades y el cuidado de la democracia”, donde afirmó que:
– EAFIT es “un espacio de libertades”, incluyendo pensamiento, expresión, investigación y enseñanza.
– Las libertades requieren autonomía, responsabilidad individual y respeto por reglas claras.
– La democracia no se reduce al voto, sino que se construye en la conversación pública y el respeto por la diferencia.
– La universidad invitó a todos los partidos con personería jurídica, y cada uno eligió a sus representantes.
La rectora no ha anunciado sanciones ni ha sugerido renunciar. Está en el cargo desde 2021 e, inicialmente, se mantendrá hasta 20230. Su postura ha sido defender la institucionalidad y la tradición de debates pluralistas.
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