Luis Fernando Páramo, habitual analista de El Observatorio, confronta las afirmaciones de Alejandro Gaviria sobre el “Marxismo de cajón” que le parece la protesta, al rector de la U. de La Sabana que defiende la reforma, y al rector de la U. Nacional en su llamado a seguir adelante con la reforma. Su argumento de defensa: La calidad.
OPINIONES ENCONTRADAS SOBRE LA REFORMA A LA LEY 30 Y SOBRE EL PROYECTO DE LEY 112 CÁMARA.
Soy testigo de la objetividad del Observatorio cuando de opiniones se trata, y por lo tanto me atrevo a enfrentar a tres pesos pesados en educación que he leído en ésta, mi página web favorita, porque la educación superior debe ser analizada sin apasionamientos y no puede ser objeto de mejoramiento con soluciones simplistas o con opiniones subjetivas. El que yo no ocupe en este momento los cargos que me fueron encomendados en el pasado, no significa que haya abandonado el legítimo interés por aportar a la causa de una educación superior de calidad en Colombia.
Empiezo por enfrentar al Dr. Alejandro Gaviria de la Universidad de Los Andes, que según su artículo en el Espectador, parece que nunca ha entendido una protesta estudiantil, porque cree que la interpretación correcta del marxismo depende de los semestres en que estén los estudiantes y por lo tanto considera que los que protestan no pasan del primero, pero no es así. No estoy defendiendo a los estudiantes a quienes entiendo, así no comparta todos sus argumentos o sus acciones, ni estoy en contra de la necesidad de una reforma a la ley 30, solo a favor de una reforma mejor elaborada y más dirigida al problema vital de la educación superior, “calidad”.
Soñar con una educación gratuita de calidad a todo nivel, es un aspiración compartida por muchísimas personas (que ni siquiera conocen el marxismo), inclusive por la misma Ministra, sin embargo hacerlo realidad, implica un gran esfuerzo de toda la sociedad y del mundo de la política pública, por lo tanto, que algunos estudiantes lo planteen no significa necesariamente que sean marxistas, y si creen que esa es la correcta interpretación del marxismo pues serían los primeros equivocados.
La educación superior de calidad nos interesa a muchas personas con diferentes tendencias filosóficas, políticas y económicas. La razón es muy sencilla, todo hombre docto, estructurado, adquiere condiciones de líder, tenga o no tenga poder para llevar a cabo sus propósitos, pero empuja a la sociedad a ser mejor y se convierte en una presión sobre la actuación de los gobiernos.
Protestar no es una actuación de ignorantes, por lo general es una actitud de valientes, que invocan principios e intentan ser escuchados.
La conclusión en su artículo, anexado a la página Web del Observatorio, dice:
“En fin, la lucha de algunos profesores no es contra la reforma educativa. Ni siquiera contra el Gobierno de Santos. Es una lucha contra la división del trabajo, contra el orden económico internacional, contra la humanidad incluso. Pero sus argumentos son superficiales. Carecen de un entendimiento preciso del capitalismo. Simplemente expresan un gran desprecio por el mundo como es, por el sistema que los mantiene y mortifica al mismo tiempo”.
Me es muy difícil aceptar esa opinión y me veo en la necesidad de manifestar un total desacuerdo. Es claro para mi, que muchas personas estamos en contra de la reforma (propuesta por la el Ministerio), no contra la necesidad de una reforma más completa, que solucione el principal problema de la educación superior pública y privada, que es el aseguramiento y la evaluación de la calidad, que lleve a las instituciones y programas ofrecidos a una posición internacional más digna. La calidad de la educación superior no es problema del marxismo o del capitalismo, pues en el contexto internacional todos los sistemas compiten y aspiran a posicionarse en los primeros lugares.
Curiosamente como intencionalidad de la reforma se aduce la búsqueda de un mejoramiento de la calidad, pero se dice que en la actualidad el sistema de aseguramiento y acreditación es robusto y eficaz, lo cual nos coloca en extremos opuestos dado que los resultados por todos conocidos demuestren lo contrario. Estar en el otro extremo sobre esta apreciación, no significa ser antigobiernista, en realidad lo que pretendemos señalarle a la Sra. Ministra que aplique su criterio de ingeniera industrial para juzgar el problema de la calidad, cuya medición, aseguramiento y acreditación, corresponde a metodologías matemáticas y técnicas y no a opiniones subjetivas irrelevantes.
El segundo peso pesado es el Dr. Obdulio Velásquez representante de los Rectores ante el CESU, quien opina “lo peor que puede pasar es que retiren el proyecto”. La opinión encontrada es que superada la adición de recursos con la aprobación de la ley de presupuesto del 2012 y la eliminación del ánimo de lucro en las instituciones educativas, es posible presentar una reforma más completa, nuevamente atendiendo el principal problema la “Calidad”.
Las cosas buenas de la Reforma para el Dr. Velásquez son económicas y el incremento de la autonomía. En lo económico, así haya opiniones encontradas, nadie se atreve a decir que no se adicionan recursos importantes, y en cuanto a la autonomía, pues francamente hay muchos encontrones frente al alcance de la misma en el proyecto.
Hay quienes creemos que la Reforma debe aprovecharse hasta para modificar el CESU, el CNA y CONASES y ojalá hasta el Ministerio, pues no se entiende, que evadan pronunciarse en materia de calidad de la educación superior, de manera mas certera y sincera. Por ejemplo, ¿Por qué ningún consejero CNA es experto en Calidad? ¿Por qué no existen estándares de calidad para la educación superior? ¿Por qué se aprobaron instituciones educativas en contravía de las recomendaciones de CONASES?
Parece ser que en el CESU no se dan cuenta de lo que sucede en la educación superior y que para el Ministerio el problema de la calidad siempre está en segundo orden y supeditado a lo que haga libremente el CNA y CONASES. Con todos lavándose las manos, la calidad de la educación superior sigue con resultados muy precarios y yo diría hasta vergonzosos.
Lógicamente la única opción no es retirar el proyecto, seguir su trámite en el congreso es otra muy importante y por ello es, que intentamos acercarnos a los honorables parlamentarios y aunque unos creen que no hay opción alguna de modificación al proyecto, debido a que son minoría los que están en contra de esta reforma, nosotros si creemos firmemente que hay bastantes parlamentarios que van a actuar consecuentemente con argumentaciones técnicas y objetivas que se presenten en los debates.
El tercer peso pesado Dr. Moisés Wasserman, rector de la Universidad Nacional, opina: “Dejar vigente la obsoleta ley 30 es la más pírrica de las victorias”. Nada claro está, que el proyecto de ley 112 mejore la obsolescencia de la ley 30, nuevamente insistimos ¿En que y porqué se mejora la calidad de la educación superior? ¿Son acertados los presupuestos de incremento de cupos y sobre todo, los procedimientos para ampliar la cobertura de la educación superior?
Los estudiantes y algunos de sus profesores no creen ser los únicos dueños de la protesta, es posible que los contrincantes más aguerridos si, porque sienten que la reforma, ha sido muy mal defendida, y en el transcurso de los debates, foros, etc. sus apreciaciones han tenido éxito, como en la eliminación del artículo sobre la aceptación de ánimo de lucro en instituciones de educación superior. No quiero decir que fueron los únicos que se dieron cuenta de esta situación, pero no se puede negar que si hay bondades en la ley 30, esta es una que no merece reformarse y eso es algo que hay que tener en cuenta.
Existen entonces sobre el escenario de la reforma a la ley 30 dos posibilidades, o se retira el proyecto para mejorarlo o se modifica el proyecto 112 en los debates de Cámara y Senado, ambas son válidas, ojalá estudiantes, profesores, académicos, excluidos de la cobertura, parlamentarios y gobierno logren acuerdos. Creo también que protestar y parar no es lo mismo, y en ese sentido, sus reflexiones son encomiables.
Ojalá mi frecuente alusión a los problemas de calidad en la educación superior sirvan para ampliar el debate.
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