Edgar Eduardo Cortés P, en el diario La Opinión, de Cúcuta, cuestiona el escaso papel protagónico de la academia en temas trascendentales para el país, y el saño que ocasionaría la llegada de inversionistas con ánimo de lucro a las IES.
Con el proyecto de reforma a la educación superior que ha colocado a las universidades en agresivas protestas y que ha sido una de las noticias de la semana, se busca entre otros objetivos que el capital privado invierta recursos en los centros de educación y se convierta en socio que al final exige balances y ganancias como en cualquier negocio, así como lo hacen los socios de los almacenes Éxito o Ley en Cúcuta. Claro, una primera visión de la propuesta supongo que no puede ser de buen recibo, porque eso es como si la próxima semana apareciera por ejemplo que Mercagusto de la avenida O se volvió socia de la Universidad Libre o de la UFPS. Nadie podría imaginar lo que sería un balance de final de año, en el que un socio que vende productos para la canasta familiar con mucho éxito, reclame sus beneficios económicos por la inversión realizada en un centro de estudios.
Y aún más, no me podría imaginar lo que podrían ser las propuestas académicas de un socio de ese alcance en la junta directiva de una universidad para el año siguiente; ya me lo imagino, “montemos un programa para formar maquilladores profesionales y como seguir poniéndole tetas de silicona a las mujeres, porque eso es lo que da plata en Cúcuta” , me imagino que esa podría ser una de las propuestas del nuevo socio quien de esa manera podría expresar la respuesta que podría dar su universidad a las necesidades regionales. Es decir, en vez de hacer un análisis sobre las implicaciones de la explotación del páramo de Santurbán en los santanderes, u otro sobre la infraestructura vial del departamento, estudios que seguramente no dan ganancias y para muchos no es de interés, fácilmente un socio cuyo único interés es el de seguir haciendo dinero al precio que sea, lo único que se espera es que seguirá en la línea de hacer propuestas académicas altamente rentables, que den dinero rápido, como también podría ser por ejemplo un programa de “diseño de sonrisa para traquetos”, que según los últimos estudios de mercado podría tener una buena demanda en la ciudad.
Lo anterior no significa ni mucho menos que las universidades del país y de la región sean óptimas en los programas que ofrecen. La universidad hoy en día en Colombia presenta grandes debilidades y vacios que merecen una reflexión seria y profunda para su corrección. Pensaría que definitivamente uno de los principales problemas de los centros universitarios de la región por ejemplo es que no solo están de espaldas a la realidad de la región – hasta donde tengo presente ninguna ha hecho pronunciamiento alguno sobre el tema del páramo -, sino que en sus ofertas académicas las universidades se estacionaron al borde del anquilosamiento; Pensaría por ejemplo que en la región debería revisarse seriamente el tema de la gran cantidad de centros universitarios que siguen ofreciendo el programa de derecho como oferta, programa que se encuentra más que saturado, y pensaría que hay muy pocas por ejemplo que ofrecen la explotación de la minería como alternativa, renglón este que es una de las mayores posibilidades de desarrollo regional.
En ese distanciamiento de las universidades con la región, hay algo positivo de la propuesta a tener en cuenta que lo menciona la Ministra de educación María Fernanda Campo: hacer esfuerzos para generar ingresos por venta de servicios, consultorías y proyectos de investigación.
Ese si es un tema fundamental, porque insisto, hoy en día el principal problema de la universidad es la de estar totalmente de espalda a los problemas regionales; no los investiga, no tiene consultorías – me imagino que en Colombia ello solo es posible en los andes y la nacional -, y agregado a lo anterior, una primera reflexión que debería quedar de esta controversia, es en la de no insistir más, o por lo menos suspender por algún tiempo, programas que ya se agotaron al extremo.
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