Del por qué conviene a un Estado invertir en universidades de investigación

Del por qué conviene a un Estado invertir en universidades de investigación

Feb 16/23 Las 200 universidades de investigación en Estados Unidos son esenciales para el crecimiento económico regional, y por cada nueva patente crean 15 puestos de trabajo adicionales.

Es decir, en torno de las universidades de investigación americanas se crea todo un entorno económico y cultural que termina beneficiando el crecimiento local.

Si bien en Colombia el concepto de universidad de investigación no ha sido desarrollado ni normatizado específicamente, en Estados Unidos se concibe que una institución de éstas aquella que otorga mínimo 20 títulos de doctorado basados ​​en la investigación y gastan al menos $ 5 millones de dólares en investigación al año (cerca de 25 mil millones de pesos).

Según un análisis de José Parilla y Glencora Haskins, de Brookings, una organización de política pública sin fines de lucro con sede en Washington, , que realiza investigaciones al estilo Fedesarrollo, publicada en su portal, estas universidades son grandes potenciadoras del desarrollo regional, porque entienden que el impacto económico regional requiere combinar la investigación y el talento universitarios, las asociaciones industriales y la gobernanza coordinada.

A manera de contexto, vale recordar que en varios departamentos de Colombia, después de las gobernaciones y alcaldías, las universidades son las organizaciones sociales más grandes de su entorno.

De hecho, dicen los autores del análisis, la red de universidades de investigación de Estados Unidos es una de sus mayores fuentes de talento, espíritu empresarial e investigación y desarrollo: tres insumos que en combinación pueden impulsar la prosperidad en las regiones que rodean esas universidades.  

Sin embargo, advierten, aunque la mayoría de las economías regionales fuertes tienen una universidad líder en investigación, lo contrario no siempre es cierto. Eso es porque el vínculo entre investigación universitaria, comercialización y desarrollo regional no es automático ni inmediato. Algunas universidades son mejores para relacionarse con las industrias y comunidades que las rodean, y algunas regiones tienen industrias y comunidades que están más preparadas para traducir el conocimiento que producen las universidades en desarrollo económico.

De todos modos, indican, las universidades de investigación están adoptando cada vez más este papel porque entienden que el impacto económico regional requiere combinar la investigación y el talento universitarios, las asociaciones industriales y la gobernanza coordinada. Por lo mismo, aumentar la financiación estatal para las universidades de investigación conduce a niveles más altos de patentamiento y emprendimiento local. Y por cada nueva patente universitaria, los investigadores estiman que se crean 15 puestos de trabajo adicionales, que fortalecen la economía local. 

En una nación, como Estados Unidos (y también Colombia), plagada de divisiones económicas regionales, las universidades de investigación son un activo de innovación distribuido de manera única. Los autores indican que a diferencia de lo que pasa en el sector de la innovación y en las empresas emergentes de alto crecimiento y de capital de riesgo, las universidades de investigación están repartidas por todo el país. Más de 200 universidades de investigación ubicadas en los 50 estados americanos y destinan más de 50 millones de dólares al año en investigación y desarrollo. 

Pero la dinámica social no se logra tan fácilmente y hay límites para el impacto de las universidades. Parilla y Haskins refiern los estudios de los economistas E. Jason Baron, Shawn Kantor y Alexander Whalley, quienes presentan tres conclusiones al respecto:

– Primero, la capacidad de las universidades para afectar sus economías locales únicamente a través de la oferta de graduados universitarios es limitada.

– Segundo, el principal canal por el cual las universidades pueden influir en sus economías locales es a través de la difusión de conocimientos altamente localizados.

– Tercero, la literatura brinda poca evidencia de que establecer una nueva universidad en el siglo XXI sea suficiente para revitalizar una comunidad rezagada y transformar su economía. Por ello, para ayudar a revivir las regiones en dificultades, el uso de las universidades cercanas existentes podría ser una herramienta política mucho más rentable.

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