El Observatorio de la Universidad Colombiana




Dimensiones de la Universidad: Inés Revuelta – nov/20

Inés Revuelta Sánchez, de la Universidad Nacional de Costa Rica, analiza, en el portal larevista.cr la génersis y responsabilidades de la Universidad y reitera que ” la universidad pública es la institución que resguarda el Estado social cuando otorga oportunidades de ingreso para la profesionalización de las personas sin distingo de su condición social”.

Las universidades surgieron en la época medieval como resultado del contexto socioeconómico y cultural que prevalecía en ese momento histórico. Sin embargo, tomaron un auge extraordinario durante el Renacimiento y la Ilustración, época en la cual se cultivaron los más altos valores de formación humana. Según la historia moderna, la creación de las universidades no fue un proceso sencillo; surgen de una necesidad de organizar la educación superior en los distintos saberes que demanda la misma sociedad. Es decir, ya no era suficiente tener un grupo de personas ilustradas en la filosofía, las letras y las leyes, sino que se requería organizar las artes, la medicina, la arquitectura, la enseñanza de las matemáticas, de la escritura, entre muchas otras disciplinas y áreas del conocimiento.

Es así como la universidad también se convirtió desde el principio de los tiempos, en un espacio de formación de las personas en el ejercicio de su ciudadanía, para que cumplieran las funciones y roles que la sociedad demandaba como producto de las mismas necesidades de convivencia social. Conforme cambian las sociedades y se asumen nuevos paradigmas en el conocimiento, así se crean las sinergias con relación al propósito y desarrollo de los centros educativos que las nutren. Por lo anterior, es lógico razonar que estas sinergias moldean y modelan, en algunos casos de forma oportuna e innovadora y en otros de manera tardía, el quehacer de las universidades.

El contexto social imperante en América Latina ha convertido a las universidades en espacios de formación cívica para el ejercicio de los derechos humanos en primera instancia; posteriormente, cultivan la investigación científica básica y aplicada que da respuesta a los retos que la misma sociedad antepone a la ciencia. Se afirmaría que es la llamada a aportar soluciones a los grandes fenómenos sociales. Asimismo, contribuye a la formación de profesionales con competencias transversales para el ejercicio cívico, el desarrollo de las ciencias, las artes y la cultura y, además, los ámbitos de su realización personal y laboral.

Como refería Benjamín Núñez Vargas en Hacia la Universidad Necesaria (EUNA, 2008), se trata de una “universidad orientada hacia la consecución de los objetivos conscientemente adoptados en relación con el desarrollo de la sociedad dentro de la cual funciona”. También en el pensamiento de Omar Dengo Guerrero, citado por Alfaro y Vargas (2009) en el artículo Semblanza y liderazgo de Omar Dengo: vigencia de su pensamiento, reflejaba la visión de una educación inmersa en un contexto social, afirmando que “el maestro no está en el Olimpo como los dioses: lo encontramos en los caminos de su Patria”. Asimismo, influye que “la escuela es una sociedad, la sociedad es portadora de cultura y es la escuela de la vida: no debemos olvidar que la escuela es un ambiente, es una sociedad en pequeño en que debe educarse para la vida, pues su material humano es un material social y, por tanto, la escuela debe abandonar la posición de isla y tratar de construir el puente hacia la sociedad para que los educandos, en ambos ambientes pisen terrenos”. Ambos pensamientos nos demuestran la conexión, vinculación y articulación que existía, existe y debe prevalecer entre la universidad y la sociedad en su conjunto.

Ahora bien, la universidad pública es la institución que resguarda el Estado social cuando otorga oportunidades de ingreso para la profesionalización de las personas sin distingo de su condición social. Los méritos de acceso a una educación gratuita y de calidad deben darse para todas las personas de una sociedad, prevaleciendo la oportunidad de desarrollo que requieren las poblaciones más vulnerables y en estado de pobreza, pues la educación será siempre un puente ineludible con el desarrollo. Sin embargo, no debe descuidar a ninguna población y por tanto, velar por el acceso equitativo es y debe seguir siendo parte de su médula a la luz de un mundo cambiante en el cual todas las personas en su diversidad social, merecen oportunidad. Por eso, tenemos que referirnos al rol de una universidad necesaria e inclusiva en la sociedad moderna. La universidad que aporta soluciones a los fenómenos sociales, que cultiva el desarrollo social y que vela por la prevalencia de los derechos de todas las personas.

De ahí que, el Estado siempre será el garante de su autonomía, de su independencia y de su trascendencia. Debe ser el Estado el que ejemplarice el máximo respeto a la institucionalidad educativa. Por tanto, en la universidad se tutela el pensamiento crítico, el avance científico y abordaje concreto de los problemas sociales. Como lo afirma Juan Rafael Quesada Camacho (2013) en la Historia de la educación costarricense, de 1888 a 1940 fue un periodo en el cual Costa Rica careció de una universidad pública, por eso expone el pensamiento de Carlos Monge Alfaro para ilustrarnos que “los liberales costarricenses no veían más allá del gallinero, no les interesaba el avance de la educación, lo que les interesaba es el avance de la ignorancia, para sus fines consiguientes, como se dice a veces”. Porque sin duda alguna, la ausencia de una universidad pública mina los cimientos institucionales y democráticos de un país.

La universidad es un espacio en el que se da el ejercicio participativo y seguro de la democracia; es donde prevalecen y se resguardan los valores y principios morales y éticos. Es el lugar en el cual se debe promover la participación más alta de personas en los comicios electorales internos; es donde debe propiciarse el debate de ideas amplio y profundo; donde debe transparentarse la gestión institucional y es precisamente ahí; en donde existe un espacio seguro, abierto y participativo para todas las personas, especialmente para una nutrida participación de las mujeres y no como un sector en sí mismo sino como parte de todos los sectores y áreas del conocimiento. Es un lugar real, único y mágico para que mujeres y hombres, hombro a hombro, con visión nivelada y de largo alcance, impulsemos a otras mujeres y hombres a recorrer el camino y continuar con la historia hacia un mayor desarrollo para la Patria.

La universidad está llamada a convertirse en el reducto institucional que con mayor celo debe promover la participación electoral, la riqueza de pensamiento y la indiscutible firmeza para atacar cualquier intento de acallar el llamado de la democracia. Por encima de la elección de una persona a la Rectoría de una universidad, está la protección de un sistema que debe ser limpio, puro y ejemplarizante. Pues, ¿cómo podría una institución formadora de personas para la ciudadanía traicionar sus más altos principios éticos y morales? Bajo ese contexto no podría ni estaría legitimada para abrir ningún aula ni mirar a los ojos a ninguna persona estudiante.

El rol de la universidad en la sociedad es un rol activo y participativo. No es una voz que se manipula ni se silencia; es una voz que está legitimada para participar ampliamente en la solución de los problemas nacionales, con la fuerza del conocimiento y la autoridad moral de ser la institución que sostiene el Estado social. Costa Rica debe echar mano de sus reservorios morales, de su mejor capital humano, de las mujeres y los hombres que hacen Patria, que se cultivan y cultivan, que tienen mística por la enseñanza y gozo por el aprendizaje. El momento más sublime que tiene una democracia, es el momento en que se demuestra la robustez de su sistema electoral, y la legitimidad de ese sistema electoral se mide en razón de una participación abierta, equitativa, transparente, confiable e inclusiva. Por tanto, entre varios y muy importantes, el rol de la universidad en la sociedad es el de impulsar el desarrollo y sostener sobre sus hombros los destinos democráticos de la Patria.

Referencias:

  • Alfaro Rodríguez, M. y Vargas Dengo, M. (2009). Semblanza y liderazgo de Omar Dengo: vigencia de su pensamiento. San José, CR. Recuperado de https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/EDUCARE/article/view/1484
  • Núñez Vargas, B. (2008). Hacia la Universidad Necesaria (2da Ed). Heredia, CR; EUNA.
  • Quesada Camacho, J. (2013). La educación en Costa Rica 1920-1949. En Salazar Mora (Ed), Historia de la educación costarricense (pp.117-192). San José, CR; EUNED.
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