Ed Sup: ¿estamos educando para la prosperidad? Hablan los expertos internacionales

El académico y filósofo Jorge Yarce analiza los avances y retos en nuestra educación superior, tras el informe internacional presentado por la OECD.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) ha presentado el resultado de su estudio sobre “La educación superior en Colombia”, que analiza, basado en una seria y documentada investigación de un grupo de expertos internacionales, en qué hemos avanzado y qué debemos mejorar. Vale la pena destacar algunos puntos que ayuden a la reflexión sobre  este tema capital,  porque la educación superior no es sólo responsabilidad del gobierno: es un urgente compromiso de todos y todos debemos aportar a ella.

¿En qué avanzamos?:

Aunque no hemos logrados los niveles de cobertura de los países de la OECD, se destaca que en los últimos diez años casi se duplicó esta cifra del 20 al 40%. Igualmente destacan los expertos internacionales los avances en los procesos de aseguramiento de la calidad, en planificación y políticas, en sistemas de evaluación, en variedad de oferta educativa, en crédito educativo (vale recordar que Icetex es un modelo a nivel mundial) y en sistemas de información y de financiación.

 

En qué debemos mejorar

A algunos no les gustará que el Informe pondere el esfuerzo que hizo el gobierno de Reformar la Ley 30. Y aunque advierte que deberían replantearse otros aspectos, consideran los expertos que esa es una acción imperativa para el país de cara a mejorar las condiciones de acceso con equidad en las universidades públicas, aumentar los esfuerzos del estado para lograr una mayor financiación, comprometer, especialmente a los empresarios, con su aporte social a la educación superior; revisar las funciones y agilidad de los distintos organismos colegiados de política educativa (CONACES, CNA, CESU, etc.) y mejorar el sistema de inspección y vigilancia, acompañado de una más adecuada estructuración del gobierno de las instituciones de educación superior.

 

¿Educamos para la prosperidad?

Leyendo este Informe uno se pregunta, pensando en el lema del actual gobierno, si realmente estamos educando para la prosperidad. La respuesta no es fácil; el informe es positivo y generoso respecto a los progresos hechos por el país y por sus gobiernos. Hay cosas que se mencionan allí que es un orgullo oírlas en boca ajena. Por ejemplo, se alaba el sistema de evaluación del Icfes, pero se dice que las universidades deben aprovecharlo más.

El informe señala vacíos específicos de las instituciones de educación superior, de las que afirma que “son muy conscientes de su autonomía, pero menos de su responsabilidad a la hora de contribuir al cumplimiento de objetivos nacionales. La autonomía sin rendición de cuentas puede llevar a un sistema educativo con dificultades de gobernabilidad”. Se subraya la necesidad de que el país incremente sus esfuerzos para vincularse con “la tendencia mundial de una mayor responsabilidad y una mayor relación entre financiamiento y desempeño”. Y añade unas palabras que invitan a romper el aislamiento y el egoísmo entre las instituciones de educación superior: “los directivos universitarios deben centrarse en el interés público y no en la circunscripción institucional”.

Hay que tener presente que tenemos también brechas que cubrir en términos de equidad en la educación porque está relacionada con el hecho de que Colombia sigue teniendo uno de los más altos índices de inequidad social que se mide con el denominado coeficiente Gini (54.8 en el 2011). Aunque el informe resalta progresos en términos de equidad (“La disminución de la desigualdad será la obsesión de mi gobierno”, Presidente Santos), no podemos cantar victoria porque el reto es mucho mayor, aunque no depende claro está sólo de la educación. Si la educación es parte esencial de la Prosperidad social de que habla el gobierno, la educación superior debe ser un campo de demostración palpable de resultados.

 

Es cada vez más patente la necesidad de una gran movilización nacional por la educación superior, retomando procesos iniciados en el pasado y vinculando a todos los sectores. Brasil impulsó su gran cambio educativo con el lema de “todos por la educación”. Aquí algo semejante nos ayudaría a superar la palabrería, las promesas electorales que no se cumplen después, la controversia callejera,  para buscar acuerdos fundamentales sobre el futuro de la educación, que nos permita soñar con el país que queremos y poner a su servicio el inmenso talento y capacidad de trabajo de nuestra gente.

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