Para Felipe Cárdenas-Támara, columnista habitual de El Observatorio, los educadores y administradores que mantienen el contacto con la operación burocrática del Estado colombiano por ignorancia u omisión no establecen distinciones relacionadas con la educación en el amor.
La sociedad humana en su inmensa diversidad cultural y grupal, tiene siempre diversas opciones educativas que esquemáticamente por problemas de espacio voy a sintetizar en dos: i) puede escoger el camino lineal y mecánico que fijan los poderes estatales en la agenda educativa; ii) también puede definir agendas que rompan con los criterios aceptados socialmente en las voces de los relatos dominantes y explorar en los terrenos ´escondidos´ del amor y misteriosas caricias que nos transforman el alma, como la vida. Podemos perseguir la Pax Romana y formar a los ciudadanos, para que, desde la disciplina de las armas (tecnología, control, poder) y una visión obsesiva de orden, puedan configurar sus vidas y las vidas de otros pueblos, generalmente por el camino de la violencia en las múltiples y sofisticadas manifestaciones manejadas por las violencias sacrificiales que imponen los códigos de orden cultural en sus expresiones de linchamiento (modelo espartano, romano, prusiano, soviético, fascista, maoísta, abortista). Este camino ha sido el dominante en la historia colonial e imperialista de la humanidad; el extremo occidente, su máximo arquetipo, en una apasionante historia de violencia y ruptura con el mensaje del Amor, proclamado desde la más pura experiencia eclesial (comunitaria) que está en la base de lo mejor del legado educativo que nos viene del mundo de los Cielos en la voz iluminada de tantos maestros y maestras que han bendecido a la humanidad con su experiencia y testimonio de vida.
El discurso interpretativo dominante en la educación (primera opción y la más seguida), si bien decorado de diversos modelos educativos o culturales, fundamentalmente es el discurso obsesivo del poder, mimetizado utópicamente por el relato oculto de la acción domesticadora del hombre en la figura redentora del Cesar. El reino del Amor como camino educativo es más esquivo o misterioso; no evade el sufrimiento y el realismo, pero genera una tensión histórica que presiona a las instituciones a una búsqueda incesante de la verdad y del orden tanto existencial como material en el horizonte de la plena realización humana (despliegue noético y principio transformador).
El Estado y sus poderes de control, nunca han sido ni podrán ser el representante o abanderado de una Educación en el Amor. Le corresponde al Estado proteger a los diversos colectivos sociales, para que la sociedad civil en sus diversos arreglos, corporaciones, agremiaciones, grupos, culturas y familias sean el componente societario que luche por encontrar las pautas siempre cambiantes y conflictivas que conduzcan a una Educación en el Amor, que debemos entender como definición abierta y en tensión, incognoscible e indecible en su plenitud gramatical y vivencial.
Nos enseña la historia, que los procesos educativos fundamentados en el Amor, siempre pueden llegar a ser violentados por los colectivos o minorías (élites) que tienen en sus manos el poder gubernamental o estatal. La fuerza del Estado, en su omnipotencia cuasi-divina para el hombre de la post-modernidad, tiene que canalizarse en su referencia al Estado Social de Derecho, hacia la protección de grupos, colectivos, comunidades, sistemas de creencias e instituciones que le apuestan a la generación de programas y proyectos diferenciados en el campo de la educación del Amor y de la persona. En las actuales condiciones que viven las sociedades mundiales, marcadas casi todas por el control absoluto del Estado y de las grandes corporaciones económicas mundiales, ya sea en sus versiones liberales, autoritarias o totalitarias, la educación, como concepción de mundo amplia, no puede estar sometida al cumplimiento cuasi-dictatorial de lo que imponga el Cesar, mediante leyes, decretos, resoluciones o directivas, que son asumidas acríticamente por los funcionarios subordinados que configuran la burocracia privada y estatal de las actuales sociedades.
Una experiencia gubernamental que pretenda imponer su orden y manejar la realidad y vida de sus súbditos a punta de decretos y resoluciones (por ejemplo, mandatos autoritarios a vacunarse), lo que expresa es la distorsión paranoica y enfermiza de la realidad en la locución del campo visual y perceptivo de un individuo o colectivo que cree tener la verdad o el poder o autoridad moral para fijar pautas de comportamiento generalizadas sobre la población. Ahora, la experiencia histórica indica que cuando los mandatos estatales son obedecidos sin discusión, generalmente son seguidos de atropellos y violencia para los colectivos y para la sociedad en su conjunto. Se termina por asesinar a la educación en su esplendor libertario y transformativo: le dan al Cesar todo “no reconocemos sino al Cesar” –como afirmaban los del sanedrín judío- y el inocente es asesinado (La experiencia de la Alemania nazi, los Soviets, y la China comunista ilustra mucho en ese sentido).
El exceso de regulación estatal mata todo iniciativa colectiva que aspira a trabajar sus propuestas desde una educación centrada en el Amor. El Amor termina asfixiado cuando lo queremos controlar, regular y normatizar hasta en el mínimo detalle. Todos los hombres y mujeres que han amado, conocen esa lección. El problema es que las instituciones y organizaciones educativas no aprenden las lecciones históricas, tienden a reproducir el discurso del Cesar y hasta cierto punto demuestran como la naturaleza del hombre se deja seducir fácilmente por el poder, el prestigio y la sensación de estatus que nos genera tocar el manto del Cesar o de sus guerreros y burócratas. La majestuosidad del Estado, los recursos que maneja, el manto de legitimidad que tiene, como sus cultos, hipnotizan y terminan generando una especie de enfermedad mortal que se traduce en la pérdida de la autonomía educativa. Hay que reportarle todo al sistema de información del Estado o de la institución cualquiera que ella sea; una suerte de manía, que en su afán de orden y control termina asesinando la acción revolucionaria del Amor, como fundamento del misterio vivo que implica la educación como verbo de transformación existencial y material (Liberty and Freedom -palabra intraducible al castellano). Así, las instituciones educativas, como micro cosmos, pasan a convertirse en una suerte de Roma imperialista en miniatura que todo lo quiere controlar. Sistemas educativos cerrados (ellos no lo ven así, no lo vemos) que se presentan al mundo de sus clientes como sistemas abiertos, plurales. Una mentira y un engaño pues su poder real de transformación (el Amor) es absolutamente inexistente. Un sistema cerrado (por ejemplo, el enfoque por competencias), no tiene inputs u outputs, tarde o temprano estará sometido a las fuerzas de la máxima entropía y terminará (ya lo estamos viviendo) generando violencia demencial e incrementando el distanciamiento social, psíquico y emocional de la humanidad, como indicador del poder violento del que dispone el Estado y del cual todos hemos sido testigos privilegiados en estos tiempos de Pandemia mundial y de control totalitario, que diversos autores definen como la dictadura sanitaria del globalismo mundial. El efecto: ciudadanos adoctrinados, sumisos o extremadamente violentos, pero sometidos a los caprichos de las agendas ideológicas de los grupos que controlan el Estado.
Léase bien: Los dioses del Estado no tienen capacidad de brindarnos pautas para la transformación noética que propone la educación en el Amor; su experiencia irradia un total alejamiento de la realización trascendental que proclama la educación en el Amor, como criterio de formación personal, colectiva y comunitaria, en el marco del respeto y promoción de la diversidad social y cultural que marca nuestras vidas, como también el servicio de la vida, como principio regulador del contrato social que debe ser respetado y tenido como inviolable incluso por las más altas Cortes de nuestro ordenamiento jurídico, condición que no viene sucediendo dados los dictados dictatoriales de la Corte Constitucional en materia de principios y de moral, en la usurpación de mecanismos democráticos que no les corresponde.
Mientras tanto, como parte de la obra, el soberano seguirá en su papel de pensar y experimentar novedosos suplicios, e “innovaciones educativas”, mientras el joven grafitero es asesinado por los agentes del orden, como por la acción perversa de algunos profesores universitarios, que les violan el alma y el cuerpo con la complicidad de las directivas de sus instituciones universitarias. Y mientras tanto, nuestras instituciones educativas, ancladas en una retórica bellísima sin fundamento epistemológico o gnoseológico alguno: competencias, resultados de aprendizaje, habilidades, educación por objetivos… se van convirtiendo en pequeñas Romas. Romas en miniatura, sistemas cerrados incapaces de transformaciones institucionales que les permita hablar con coherencia y ejemplo (en su referencia a verdaderos cambios ad-intra-interiores y ad-extra-exteriores, y que por ejemplo impliquen nuevas formas de gestión organizacional más democráticas, y que no todo el peso de la innovación recaiga sobre los maestros y docentes que tienen que sufrir la genialidad y ocurrencias de sus directivos en el entramado de la última moda pedagógica, condicionan que nunca sucede de abajo hacia arriba). Es el mundo del decorado, del ornamento superficial, del procedimiento por encima de la sustancia y de los principios, que capturado por el algoritmo viene humanizando a la máquina y deshumanizando al ser humano, como instrumentalizando a las instituciones educativas, sometidas ellas al capricho sabio de los contratistas, expertos y consultores del Estado, que le definen la noción de mundo a los diversos grupos humanos que también tienen sus propias agendas, en general, poco reconocidas por el racionalismo de los agentes del Estado. Pero ya sabemos cómo en los más bellos palacios se han cometido los peores crímenes y aberraciones de la humanidad. La intriga, la paranoia y la deslealtad son propia del estadista y del aparato de Estado (Maquiavelo).
La educación en el Amor tiene que mantener una sana distancia con el agente estatal adoctrinador. Mucho cuidado cuando es el Estado el que quiere fijar los lineamientos de la educación emocional, de la educación en el Amor. En sus modelos de educación ciudadana, impuestos desde el más dogmático de los racionalismos adoctrinadores y sus religiones políticas, ya vemos en que convierten o quieren convertir a los jóvenes y a los niños. Y en que terminan los felinos diálogos deleuzianos que proclama la progresía que busca controlar nuestra mente, cuerpo y alma. Nuestra adoración y veneración no puede estar determinada ni condicionada en el culto hacia el Estado, no importa de qué color se defina. No nos deben de interesar sus bacanales y sus violaciones ritualizadas en falsos discursos redentores y sus propuestas incrementalmente estatistas (+ Estado+ impuestos + burocracia + violencia +corrupción = –educación –libertad – freedom – creatividad -realización). Lección práctica: distinguir que la Constitución Nacional es norma de normas, ley de leyes; le siguen las leyes, después los decretos, resoluciones, acuerdos, directivas. Saber que todo lo que está por debajo de la Constitución: leyes, decretos, resoluciones, directivas, son cuestionables, demandables. Yo no tengo porque obedecer una directiva o decreto ministerial o gubernamental si este atenta contra la autonomía institucional o contra los principios constitucionales o contra mis propias creencias. Incluso si la Constitución, en sus transformaciones dictatoriales por la vía de la usurpación que algunas sentencias de la Corte Constitucional vienen ocasionando, y que terminan violando principios del derecho natural que no son negociables en el horizonte de la transformación noética, así las cosas, todo tipo de norma que viole el derecho a la vida, a la libertad y a la promoción humana, deben ser resistidas. Estudio la norma; discierno, acato si es el caso, pero puede plantearme problemas de objeción de conciencia, y por lo tanto como ciudadano o institución privada, e incluso pública puedo disentir frente a las directivas de un gobierno; y no acatar u obedecer e incluso demandar la ley, el decreto, la resolución, la directiva. Termino con esta aparente trivialidad, que no es menor, pues mi hipótesis es que en parte la autonomía universitaria y educativa en Colombia se ha perdido, porque los educadores y administradores que mantienen el contacto con la operación burocrática del Estado colombiano por ignorancia u omisión no establecen distinciones de este tipo. Así, resoluciones o directivas que pueden ser anti-constitucionales emanadas por un Ministerio en un gobierno particular, son tomadas al pie de la letra por el estamento administrativo, especialmente en las universidades privadas; así, con el tiempo, las consecuencias de estos errores en nuestra formación ciudadana, se traducen en la materialización de una institucionalidad educativa totalmente sumisa al autoritarismo del Estado; nos terminamos asemejando a pequeñas villas romanas, existencialmente villas de miseria, donde no se respeta nada, ni la vida, la iniciativa privada, el trabajo autónomo; sujeción total a los dictámenes del Cesar en las voz arquetípica de los muchos Calígulas que se multiplican y que engendra el Estado de tanto en tanto, en su historia de amor con la humanidad. ¡Adiós, educación en el Amor! Iré a buscarte a miles de kilómetros de Roma, prefiero los desiertos al oriente; las pequeñas aldeas que inspiran humildes profetas.
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