Enero/25 Para Behrentz, exvicerrector de Uniandes y rector de Unigermana, desarrollar un programa en línea de alto nivel requiere inversiones en tecnología, capacitación de docentes y diseños pedagógicos innovadores. Tomado de Portafolio.
La educación virtual ha revolucionado los conceptos de acceso y excelencia académica, ofreciendo oportunidades que superan ampliamente los límites de la presencialidad.
En el caso de Colombia, país en que las brechas regionales y la diáspora juvenil obstaculizan el progreso local, el aprendizaje en línea surge como una buena respuesta para abordar estos desafíos. Sin embargo, persisten serios prejuicios sobre su calidad, costo e impacto; que debemos desvirtuar.
Como lo indican reportes oficiales del Ministerio de Educación Nacional (ver ‘Tránsito de la educación media a la educación superior’, 2023), diversas regiones del país carecen de opciones adecuadas de formación terciaria, lo que obliga a numerosos jóvenes a abandonar sus comunidades en busca de mejores oportunidades.
Una forma de frenar esta costosa pérdida de talento es a través de programas virtuales. Pero primero debemos erradicar la errónea percepción de que estas iniciativas son ‘baratas’ y, por ende, de baja calidad. Nada más alejado de la realidad: desarrollar un programa en línea de alto nivel requiere inversiones importantes en tecnología, capacitación de docentes y diseños pedagógicos innovadores. Esta combinación, junto con el potencial de estandarización y mejora continua, permite que los contenidos digitalizados puedan ser más efectivos y consistentes que muchas experiencias presenciales, a menudo improvisadas.
Además, el enfoque a largo plazo de los entornos virtuales ofrece múltiples eficiencias y economías de escala que pueden traducirse en menores costos para los estudiantes, ampliando su alcance y cobertura.
Esto es especialmente crucial en Colombia, donde buena parte de la educación pública, debido a cupos limitados y los consecuentes procesos de admisión altamente competitivos, se ha convertido en un sistema excluyente que perpetúa las desigualdades sociales en las regiones.
Plataformas como EdX, Coursera y Udemy han demostrado que, cuando se diseñan adecuadamente, los cursos en línea pueden ser tan efectivos como los presenciales. Estos utilizan, entre otras herramientas, módulos breves y adaptativos de 10 a 15 minutos, que los estudiantes pueden abordar en los momentos de mayor concentración y mejor disposición.
Esto contrasta con los esquemas tradicionales, en los que, por ejemplo, se imparten clases magistrales a las 6:30 de la mañana a grupos numerosos, en sesiones de 90 minutos o más. Hoy sabemos que este tipo de arreglos son poco efectivos desde una perspectiva pedagógica.
En este contexto, es imprescindible que el Consejo Nacional de Acreditación continúe evolucionando en sus metodologías y criterios para evaluar las programas en línea, reconociendo sus características específicas y su enorme potencial transformador. El aprendizaje virtual, lejos de ser un recurso de menor categoría, representa una solución poderosa frente a las demandas educativas de un país tan desigual como el nuestro.
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