Educación y sociedad. La influencia de Francisco: Hernán Alejandro Olano García

Educación y sociedad. La influencia de Francisco: Hernán Alejandro Olano García

Marzo de 2023 – Hernán Alejandro Olano García, rector de UNICOC, analiza el derecho a la educación, afectado en la pandemia, y la posibilidad de transformar los procesos de enseñanza aprendizaje y su evaluación a través de las pruebas PISA, con aportes del pensamiento del papa Francisco.

Tras la pandemia del Covid-19, el mundo se enfrenta a una geopolítica cambiante, a la transición digital de todas las actividades y a otros retos, que también son oportunidades para fomentar un cambio positivo hacia sociedades más democráticas e inclusivas en lo relativo al ejercicio efectivo y la protección de los derechos humanos, poniendo a prueba el funcionamiento de nuestras democracias mediante el empleo de todos nuestros recursos de manera más rápida y eficaz.

 La pandemia afectó gravemente la plena vigencia de los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales (DESCA) de la población en virtud de los serios riesgos para la vida, salud e integridad personal que supone el COVID-19; así como sus impactos de inmediato, mediano y largo plazo sobre las sociedades en general, y sobre las personas y grupos en situación de especial vulnerabilidad, en particular, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes inmersos en el sistema educativo.

No hay mejor educación que la que se imparte con el ejemplo, sin embargo, ¿Cómo podemos lograr la sindéresis en la educación? mejorar el compromiso y la coherencia entre lo que se dice, se hace y se piensa; la dedicación al trabajo y la calidad de lo que se ejecuta.

La crisis social se debe transformar en una oportunidad para contribuir a la mejora de la educación. Todo un reto que con el compromiso de siempre asumimos los docentes, quienes hemos tenido que reinvertarnos, para poner en marcha las adaptaciones tecnológicas, sumadas al debate, la reformulación de las clases ya una reflexión que nos permita comprender y hacer comprender que el distanciamiento social ha creado situaciones complejas y a su vez complicadas en materia del trato personal profesor-estudiante, así como de los sistemas de evaluación y el intercambio con la comunidad académica y los administrativos.

Es momento de una reflexión colectiva entre el Estado y la Universidad, tanto las públicas, como las privadas, para deshacernos de la camisa de fuerza de ciertas normas que amparan a los más fuertes y desconocen el papel de las universidades populares en el entorno social colombiano.

Según la UNESCO, 24 millones de estudiantes de educación superior y un millón y medio de docentes universitarios se han visto afectados directamente en 2020 por el cierre temporal e indefinido de las instituciones de educación superior, urgida por el principio de salvaguarda de la salud de la comunidad universitaria, a causa de la pandemia de la Coronavirus tipo Covid-19, lo cual ha propiciado una revolución significativa en la forma que hacemos y entendemos la Educación Superior, donde lo más importante, ha sido la habilidad para reaccionar, gracias a la formación en ambientes virtuales de aprendizaje – AVA para nuestros profesores, tan solo con la actualización del manejo de las plataformas Zoom y Moodle, en el marco de mejorar la calidad educativa.

En ejercicio de las funciones que le son conferidas por el artículo 106 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos y en aplicación del artículo 41.b de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el artículo 18.b de su Estatuto, la Comisión Interamericana sobre Derechos Humanos formuló 85 recomendaciones a los gobiernos de los Estados miembros, adoptando la resolución 01/2020, del 10 de abril de 2020, denominada “PANDEMIA Y DERECHOS HUMANOS EN LAS AMÉRICAS”, con estándares y recomendaciones bajo la convicción de que las medidas adoptadas por los Estados en la atención y contención de la pandemia deben tener como centro el pleno respeto de los derechos humanos.

La presidenta de la Corte Interamericana, Jueza Elizabeth Odio Benito ha señalado que esta Declaración tiene por objeto que “los Estados tengan presente y no olviden sus obligaciones internacionales y la jurisprudencia de la Corte para asegurar la efectiva vigencia y protección de los derechos humanos en la respuesta y contención ante la pandemia”.

En particular, la Corte Interamericana consideró en esa Declaración, que:

Dada la naturaleza de la pandemia, los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales deben ser garantizados sin discriminación a toda persona bajo la jurisdicción del Estado y, en especial, a aquellos grupos que son afectados de forma desproporcionada porque se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, como son las personas mayores, las niñas y los niños, las personas con discapacidad, las personas migrantes, los refugiados, los apátridas, las personas privadas de la libertad, las personas LGBTI, las mujeres embarazadas o en período de post parto, las comunidades indígenas, las personas afrodescendientes, las personas que viven del trabajo informal, la población de barrios o zonas de habitación precaria, las personas en situación de calle, las personas en situación de pobreza, y el personal de los servicios de salud que atienden esta emergencia.

La CIDH y la Corte IDH coinciden en el impacto que tiene el COVID-19 sobre los derechos económicos, sociales y culturales (DESCA). En esa línea, señalan particularmente a la educación como uno de los principales componentes a ser garantizados.

En concordancia con lo anterior, en Colombia, el Documento CONPES 3988 del 31 de marzo de 2020, fue premonitorio en cuanto a  la transformación de la educación y lo que vendría con la pandemia, puesto que en Colombia, por más de dos décadas se ha apostado por la integración de las TIC en los procesos educativos y las Universidades no ha sido ajenas a ello, tanto que los avances de la cuarta revolución industrial nos permiten continuar con la creación de tecnologías digitales emergentes como la realidad virtual, computación en la nube, realidad aumentada, libros digitales, entre otros, que habilitan la transformación de las prácticas de aprendizaje y sobre los cuales esperamos fortalecer nuestra oferta este mismo año.

Los líderes de gestión se enfrentaron a la presión de modificar la estructura presencial a virtual o apoyo en línea para el complemento del aprendizaje y de los recursos educativos más modernos y renovados para una transformación educativa radical.

La pandemia de la Covid-19 es un momento de disrupción en la educación con el apoyo de las tecnologías digitales, que facilitan la conformación de entornos que permiten desarrollar experiencias significativas de aprendizaje. Para muchos, la primera dificultad fue someterse a la presencialidad asistida por virtualidad, a las extensas jornadas frente a la computador –cuando se tenía-, a la “caída” de la internet, al cúmulo de tareas que los docentes asignaban durante la sesión sincrónica para desarrollar en la sesión asincrónica, así como en las horas de trabajo independiente que definen los créditos de cada asignatura, pero, ante los reclamos, la realidad y finalmente las nuevas perspectivas de una mediación virtual, que la enfrentó globalmente a un dilema: la universidad digital o virtual, la universidad presencial o la educación dual, con alternancia, la alternacia de la presencialidad o el aprendizaje combinado <<blended-learning>> y la renovación de los materiales de las asignaturas por los docentes, pues en bastantes instituciones, se ha generado lo que se ha dado en llamar Corona teaching, que no es otra cosa que la expresión aplicable a estudiantes y docentes de sentirse abrumados con el nuevo sistema, así como con la utilización de los recursos tecnológicos disponibles para recibir o dictar sus cursos, como si siguieran en situación de aula física.

Somos ahora una sociedad digital, que se define como la sociedad moderna que integra y adopta las tecnologías de la información y las comunicaciones en el hogar, el trabajo, la educación, la política y la recreación. En la revolución educativa actual se requieren la digitalización de los materiales, el crecimiento experiencias y la combinación de lo clásico con lo moderno. Nada distinto a lo que en otra época fue la difusión de la imprenta, la democratización educativa y la combinación de lo que para ellos era clásico, con sus propias innovaciones.

Todos son nuevos espacios de enseñanza colaborativa, para los cuales, algunos no estaban preparados en lo que corresponde a la sofisticación de los procesos de creación del conocimiento a través de las distintas plataformas tecnológicas, aunque en muchas instituciones hicimos todos los esfuerzos por virtualizar nuestros contenidos, no así otros, que, aun gozando de la acreditación institucional, resolvieron cancelar el semestre académico 2020-1.

Ahora las tecnologías no son un rol didáctico, son parte de la propuesta educativa; ahora el trabajo colaborativo de los docentes se impone, en el sentido de crear módulos específicos dentro de sus asignaturas, para hacerlas más ágiles y pedagógicas; ahora los estudiantes deben comprometerse con la autodisciplina del aprendizaje autónomo.

En el marco de las perspectivas de reconfiguración del mundo, el rol de la educación, en todos los niveles, es uno de los pilares fundamentales de la reactivación de una sociedad nueva, tomando como referencia las nuevas dinámicas de la enseñanza, donde todos los estamentos vinculados, debemos asumir acciones responsables para mitigar los efectos de la pandemia y mantener el fomento de la cultura emprendedora y de la reactivación de la vida con autocuidado.

El camino de una nueva sociedad, así como de nuevo país, lo trazan ahora la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, buscando que cada día las personas sean más capaces para tomar buenas y mejores decisiones dentro del lenguaje del conectivismo, debido al coronavirus tipo Covid-19, donde la nueva imposición de la verdad, como decía Foucault, terminará tristemente, en quien tenga más poder de dominación en las plataformas virtuales.

Sabemos, sin embargo, que la infraestructura tecnológica, el bienestar y la conectividad son para muchos, a nivel mundial, una gran preocupación, incluso mayor que los costos de las matrículas. Tal preocupación, podrían tenerla las personas en nuestro ámbito nacional, cuestión de la que no somos ajenos, pero, debemos comprometer a los sectores público y privado a tener una oferta competitiva frente al mercado y generosa en calidad. 

Los Resultados Pisa

Para nadie es un secreto que existen diferencias significativas dentro de los países latinoamericanos en cuanto a equidad y acceso a las oportunidades de la niñez en materia de educación, no obstante las exigencias de los ODS así como de los organismos multilaterales en materia de financiación, que analizan las naciones, entre ellas, la OCDE  que cada día le pone más condiciones a los países en desarrollo, para adecuarse a su parametrización de condiciones propicias para el crecimiento en diferentes áreas.

Entre esas condiciones, desde 1997 la OCDE lanzó el Programa para Evaluación Internacional de Alumnos, conocido por sus siglas en inglés como PISA, que en realidad es un estudio de los resultados que tiene como objetivo evaluar los sistemas educativos de todo el mundo a través de un examen por computador, de dos horas de duración, acerca de las habilidades y conocimientos de los estudiantes que están en los 15 años, en tres áreas principales: lectura, matemáticas y ciencias.

Los resultados de ese estudio comparan, los países de América Latina y el Caribe con las de los países de la OCDE que no pertenecen a la región mencionada y que son la muestra de las condiciones de formación educativa de nuestros niños y niñas preadolescentes y adolescentes.

Desde 2006, el Ministerio de Educación, a través del ICFES administra la prueba en Colombia y, desde el primer momento, ya más de quince años, los resultados no nos han sorprendido, pues hace falta darle mayor alcance al sistema de aseguramiento de la calidad para la formación de nuestros futuros adultos.

El problema radica, en que los examinados no saben leer, pues la competencia lectora es una de las más débiles, pues busca la comprensión, el uso, la evaluación, la reflexión y el involucramiento con los textos, que a veces pasan sin pena ni gloria, no hay sino que comprobarlo cuando en diciembre se pide en reuniones familiares o empresariales a las personas católicas que lean la novena de aguinaldos y aunque términos como “prosternado en tierra” son confusos, nadie logra entender, ni convertirse “en un personaje más”, para poderse involucrar en el texto que lee o acaba de leer.

En los más recientes resultados, Colombia retrocede, pasaríamos de 412 a 362 puntos, según estimados del Banco Mundial, no solo como culpa de la Pandemia, lo cual es grave teniendo en cuenta que el mínimo referencial en los países OCDE es 487. Los resultados, en realidad malos resultados, muestran el retraso en el aprendizaje, la deserción, la falta de compromiso en el equilibrio docente-educando y las brechas de aprendizaje acentuadas por el cierre de colegios (con apoyo sindical, pues los maestros fueron los opositores al regreso a las aulas), la brecha tecnológica y falta de acceso a recursos informáticos de los estudiantes durante estos dos años; la falta de apoyo psicológico y otras medidas remediales como tutorías y consejerías para los estudiantes, así como la falta de orientación profesional para la escogencia de salidas profesionales, tecnológicas y técnicas para los bachilleres; las condiciones socio culturales del país multiétnico, así como la falta de presencialidad, e incluso de clases virtuales a cargo de docentes irresponsables o sin herramientas para dar su clase, o, atacados por el virus.

Pero, nos hace falta desarrollar en los menores el pensamiento crítico en el método de enseñanza -cualquiera que sea-, que se utilice de acuerdo con el PEI de cada institución. Hace falta comprender, evaluar y reflexionar y localizar la información útil.

Por otro lado, la evaluación de matemáticas evalúa contextos, procesos y contenidos y, en el área de ciencias, se miden contextos, conocimiento, competencias y actitudes. Vuelve y juega, la vaga formación para formar mentes que puedan evaluar críticamente su proceso formativo, requiere de procesos constructivistas, donde los docentes no solo sean guardianes del aula, sino facilitadores del aprendizaje y donde los estudiantes se apropien de su proceso formativo como protagonistas de su formación. Hace falta hacer que los estudiantes sueñen y que lo hagan en grande.

Los resultados que al OCDE mide, hacen parte de un puntaje promedio, niveles de desempeño, indicadores de tendencia e indicadores contextuales, pero, la evaluación de estudiantes y rectores, pues a estos también se aplica la prueba, le generan información a los responsables de la política educativa sobre cuatro temas principales: Resultados no cognitivos (a qué aspira el estudiante en su proceso de aprendizaje); antecedentes de los estudiantes (lo que en educación superior denominamos caracterización); procesos de enseñanza y aprendizaje y políticas del establecimiento educativo, que incluyen diferentes variables.

2015 fue el año en que más estudiantes fueron medidos con las PISA en Colombia y, en 2018, el porcentaje de estudiantes de sexo femenino fue el 51% y masculino del 49%, pero, de ellos, 2636 eran de colegios rurales, 3202 de colegios públicos urbanos y 1642 de instituciones privadas. Eso significa que el 22% pertenece a lo que sería un grupo de privilegiados cuyos padres pueden pagar la educación privada y, el 78% corresponde a estudiantes de la educación pública y, aunque no me quisiera referir al apartheid educativo que refieren en “La quinta puerta”, Mauricio García Villegas, Leopoldo Fergusson y Juan Camilo Cárdenas, si vemos la conformación del grupo evaluado y, los resultados correlativos con su formación desde el sector público, que analiza cómo la educación en Colombia agudiza las desigualdades en lugar de remediarlas.

Si bien los estudiantes colombianos tienen unos resultados por encima de muchos países de al OCDE, particularmente de Europa oriental, África y Asia, con Brasil y México no hay diferencias significativas, ubicándonos como el sexto país con mayor puntaje entre los países latinoamericanos participantes hasta la versión anterior, con un resultado mínimamente superior al registrado por el agregado de los países latinoamericanos participantes en PISA 2018, sin que hayamos llegado a una verdadera calidad en la educación. 

Francisco y la educación:

El papa Francisco ha expedido el Pacto Mundial Educativo, en el cual recoge muchas de las actividades que los directivos universitarios logramos milagrosamente desarrollar en pocos días: activar una respuesta rápida a través de plataformas educativas informatizadas.

No obstante, la gestión de las instituciones educativas, muchos niños y adolescentes se han quedado atrás en el proceso natural de desarrollo pedagógico y crisis económica generada por el coronavirus. Aproximadamente diez millones de niños, de los 250 millones que están en edad escolar, según los organismos internacionales podrían verse obligados a abandonar la escuela.

Por esa razón, Francisco dice que se debe incrementar la conciencia de un cambio en el modelo de desarrollo, que respete y proteja la dignidad de la persona humana, y parta de las oportunidades que la interdependencia mundial ofrece a la comunidad y a los pueblos, cuidando nuestra casa común y protegiendo la paz, señalando que: “educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible”.

En realidad, no son suficientes las recetas simplistas o los vanos optimismos, pues “Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común”.

Los educadores de oficio y carrera, que creemos “que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia”, debemos ser conscientes de este llamado de nuestro itinerario educativo integral: generar y mostrar nuevos horizontes a nuestros estudiantes y educandos, así como a todos los componentes de la sociedad, para que seamos capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo.

El Papa nos pide de manera particular a los hombres y las mujeres de cultura, de ciencia y de deporte, a los artistas, a los operadores de los medios de comunicación, en todas partes del mundo, a firmar este pacto en sus siete principios, aunque las grandes transformaciones no se construyen en el escritorio, si podemos desde él, ser pensadores y promotores del cambio. Expreso aquí, que lo suscribo de manera individual, pues hemos de ser promotores de los valores del cuidado, la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la acogida del otro y la fraternidad.

Francisco propone un reto en la transversalidad de las asignaturas de humanidades de las universidades: “En este proceso, un punto de referencia es la doctrina social que, inspirada en las enseñanzas de la Revelación y el humanismo cristiano, base sólida y fuente viva para encontrar los caminos a seguir en la actual situación de emergencia.

Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. (Carta enc. Fratelli tutti, 77).

Como lo señala el filósofo argentino Jorge Bergoglio, “Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común”.

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