Sept/24 Para Alzate, “la Universidad de hoy condicionada y plana, está saturada de combos estratégicos, en detrimento de los grupos académicos. Análisis
“Así es como la Universidad ha llegado a transformarse para muchos de sus mejores recursos humanos en una organización “feudal” en la que muchos trabajan en el miedo y algunos otros trabajan para alimentar y desarrollar ese mismo miedo en su provecho particular. Nada se piensa, nada se dice, nada se sabe… Nadie conoce a nadie, en medio del más puro e inquietante silencio de los corderos. (Piñuel, 2010)
Es común en comentarios de prensa, radio y televisión expresiones y escritos sobre el acoso en las escuelas y colegios, o la violencia entre jóvenes y niños para dirimir sus diferencias o envidias. Pero para este caso, trataré de presentar un tema también de actualidad y es el de las diferentes formas de acoso que se da en la Universidad. Las relaciones humanas son complejas y en el universo de la academia mucho más, porque las enemistades surgen a partir de envidias, las que al no ser tratadas con precaución, pasan muy pronto a convertirse en odios. Esto normalmente sucede por las mismas competencias desleales que se suscitan en el ámbito intelectual y académico. Los excelentes docentes, bien evaluados por sus estudiantes, no tienen la seguridad de su permanencia si no pertenecen a las cofradías o grupos estratégicos -no académicos – que vienen apoderándose de los escenarios universitarios.
Veamos algunas formas de acoso que se presentan en las Universidades que tienen presencia fuerte grupos políticos, económicos y sectas religiosas. En ellas más que la academia funciona la estrategia para mantener el poder, y para ello se forman camarillas casi masonerías, a las que solo pueden llegar los iniciados en adulación. A esta forma de actuar en la universidad la llamaremos acoso estratégico, porque antes que acciones comunicativas y de debate racional, se mueven las personas sombrías, de cachacos perfumados, recorriendo las alfombradas oficinas a media luz armando las estrategias para mantener el poder.
“El acoso estratégico es aquel que forma parte de la estrategia de la institución, es por ello que aparece en varias Facultades y Escuelas Universitarias dependientes del mismo rectorado. El acoso universitario estratégico es una compleja patología al servicio, no de los alumnos o la investigación, sino de bandas, mafias departamentales y otros grupos de interés y se manifiesta por la perversión del sistema. Afirmamos que toda la organización está funcionando de manera perversa, es decir que bajo un barniz de democracia o legalidad se incumplen permanentemente las leyes, esto se concreta en la arbitrariedad en la asignación de plazas docentes y en el fraude permanente en los concursos de cátedras” (Parés, 2010).
El acoso estratégico universitario es la forma como las autoridades se abrogan todo tipo de decisiones para beneficio de los grupos simpatizantes, sin importar los costos académicos que esto acarrea; se nombran en los micro- poderes personas manejables de precario tamiz intelectual pero que saben ser correas trasmisoras del gran poder. La estrategia está en este caso por encima de la razón de ser de la Universidad, la misma que pierde su esencia al convertirse en prenda de empeñe a intereses particulares y no de la Comunidad. Bajo un remedo de democracia liderada por estrategas del poder se legitiman todo tipo de excesos; escándalos en Colombia señalados por la prensa en diferentes universidades, son la muestra del deterioro de la academia en la educación superior.
“En esencia, el poder se define como una relación recíproca que enlaza a dominantes y dominados en la
racionalidad política de la imposición o dominio articulado en la obediencia. Se trata de un poder racional y normativo entre los subordinados y el titular, a causa de un vínculo formal que lo describe como un esquema justificado de autoridad. Tal modalidad especial de poder detona la posibilidad genérica de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, instaurada en el basamento de la legitimidad” (Weber, 2007).
En este sentido son las acciones estratégicas en la Universidad. Todo funciona en una dirección de poder incluidos la elección de los docentes cuyas hojas de vida y sus soportes no son tan importantes como la capacidad de adecuarse a grupos de aduladores. Este acoso estratégico consentido y practicado casi como algo estructural en la Universidad de hoy y de ayer, se convierte en acoso institucional, al estar soportado y mantenido desde el silencio y la complacencia de un alto número de personas que comparten la vida universitaria. Este acoso institucional tiene lugar cuando los infectos han conseguido pervertir todo el aparato institucional, por ello sus decisiones no tienen control o se legitiman en espacios en donde solo se escuchan aplausos y elogios y pocas veces el debate para controvertir. En estas circunstancias el acoso se practica de forma habitual para excluir a todo aquel que se considere estorboso en la estructura organizacional.
Pero en la vida de las Instituciones se mueven todo tipo de acciones que tienen como fin el control del poder para garantizar su existencia. Cuando a los espacios de dirección de las Universidades llegan personas sin más mérito que su relación directa con la estructura de poder, aparece la práctica del acoso universitario de dirección. Desde la cúpula del poder se seleccionan cuidadosamente personaje de exiguas capacidades intelectuales que solo actúan cuidando sus privilegios y cumpliendo las órdenes superiores. Para ello son los primeros en estar acatando todo lo que le ordenan, así sea arbitrario y si es necesario, desde ellos se ejerce el espionaje académico para detectar a aquellos que se atreven a hacer cualquier crítica. Estos espías francotiradores, lo que logran es que la Universidad se mantenga en niveles de mediocridad e insuficiencia.
Su interés es el lucro personal al ser carentes de un proyecto intelectual. En esencia son la sombra que impide cualquier asomo de luz y de pensamiento en la Universidad. Los vicios y perversidades de la sociedad hacen presencia en todos los lugares en donde se suscitan espacios de poder; la Universidad por su misma tarea no escapa de ello, ni tampoco a la presencia de personajes siniestros cuyo único interés es sostener privilegios. Estas perniciosas perversiones crean el acoso institucional perverso, que está motivado por el sentimiento de envidia.
“El acoso universitario de dirección acostumbra afectar a un solo Departamento o Cátedra y coexiste con otros Departamentos menos contaminados y más dedicados a la excelencia docente y de investigación. Este tipo de acoso, a menudo puede provocar luchas inter-departamentales con graves acusaciones a la excelencia entre docentes; cuando se llega a estos niveles, los alumnos también acaban siendo incluidos en estas guerras de departamentos”. (Parés, 2010)
La única salida para evitar estos vicios, es la transparencia en la elección de cargos y el reconocimiento a la formación intelectual de los docentes, y para ello se debe practicar el concurso, el mérito y la dignidad. Cuando se eligen dignatarios en las universidades bajo la modalidad de cuota, pago de favores o intrigas la perversión toma asiento y la Institución se vuelve rehén de la mediocridad. Incluso para maquillar el asunto, se hacen remedos de convocatorias para suplir los cargos, pero la verdad es que ya todo está calculado. Aquella Universidad que se rige por estándares de calidad, en la que se respeta la formación intelectual y en la que se practica el libre debate sin temor a represalias, es el lugar donde se forman los mejores seres humanos para la sociedad.
Todos los acosos esbozados hasta aquí tienen presencia en la Universidad y en la empresa moderna que han ido perdiendo la esencia humanística que las abrigó durante mucho tiempo. Estas degeneraciones que permearon la universidad tienen su origen en el mismo avance del neoliberalismo que además de convertir la educación en una forma de competencia desleal, fue desplazando el papel de esta en cuanto a ser el lugar para la construcción de cultura, de saberes, de ciencia y de humanidad. Cuando todo se piensa desde los conceptos “perdida-ganancia” los seres humanos pasan a ser códigos.
Ya incluso la crueldad se instaló de tal manera en todos los escenarios de la vida que en la misma Universidad aparece otro tipo de acoso que sanciona a quien no se vincula a las perversidades. El acoso sancionador es un castigo ejercido tanto sobre docentes como sobre alumnos que de una u otra manera cuestionan el “estatus quo”, y una de las manifestaciones más habituales de este tipo especial de acoso consiste en la apertura de expedientes sancionadores. Por lo general ante este acoso siempre están las puertas de atrás abiertas para aquellos que suelen sustentar su vida en la Universidad a partir del pensamiento crítico tanto para lo que sucede en la Universidad como en el contexto social.
No cabe duda que el acoso universitario tiene graves consecuencias en el seno de la comunidad científica. En un primer nivel afecta a las nuevas generaciones, ya que los jóvenes ambiciosos tienen mayor facilidad de actuar en este contexto tóxico que los jóvenes con mentes brillantes; y en un segundo nivel porque el encapsulamiento de la comunidad universitaria genera una separación abismal con el resto de la sociedad, tanto de sus necesidades como de sus inquietudes. La democracia presente en las universidades, basada en consejos y representantes, es la forma de organización ideal para que se instalen y perpetúen los grupos de acosadores, cuando no se hacen elecciones conscientes. En cambio, las formas de democracia directa y pública, a través de las asambleas, será la mejor forma de desenmascararlos. De ahí la importancia de organizaciones estudiantiles y sindicatos por fuera de la institucionalidad. Casi todas las universidades hablan de practicar la democracia a partir de elección de representantes estudiantiles y profesorales a diferentes consejos, pero por lo general son simulacros desteñidos de democracia manipulados por el poder institucional.
“El acoso moral surge cuando ha hecho metástasis la crisis de la Institución con todo tipo de acosos; la
emergencia del acoso moral nos ha de servir como luz roja y como alarma para evidenciar el avance, el ascenso y la amplitud de poder acumulado de los “grupos de presión” fuera del control democrático. Las consecuencias del acoso moral en estos espacios de la vida humana, sólo pueden ser interpretadas como la manifestación del éxito psicopático en alcanzar el poder”. (Parés, 2010)
Combos estratégicos una modalidad de acoso en la Universidad La Universidad es una entidad autorreferencial que ha de gozar de la suficiente autonomía para determinar las normas, reglas y valores que deberán regir internamente. Por tanto, de ella va a depender la aplicación de acciones tendientes a detener cualquier caso de acoso en su seno. La importancia de este compromiso tiene grandes consecuencias sobre la sociedad, ya que el impacto social de toda Universidad queda definido como la suma de profesionales formados dentro de la ciencia y de los valores. Este es el deber ser, aunque la realidad es otra al percibirse la ausencia de debates académicos e intelectuales.
En la parte final de este escrito, trataré de argumentar las razones por las que la esencia de la Universidad en Colombia, se ha deteriorado no solo por las formas de acoso que en ella se practican, sino por la mutación a la que llegaron los grupos académicos, al terminar convertidos en combos estratégicos. El debate y la producción intelectual no son más que simbolismos o informes en formatos que se construyen juiciosamente para impresionar a los burócratas que el Ministerio envía a revisar programas o IES, pero no el resultado de un trabajo serio con estudiantes, profesores y sociedad.
Desde mi experiencia en la educación, y puntualmente en el mundo universitario, me atreveré a lanzar un juicio: “la Universidad de hoy condicionada y plana, está saturada de combos estratégicos, en detrimento de los grupos académicos”; esta afirmación puede crear molestias a beneméritos profesores, a acartonados investigadores y en general en todos aquellos que están inmersos en el manejo del poder en la Universidad. Al ser esta una organización en la que habitan dominantes y dominados en relación reciproca desde la racionalidad política, en ella las prácticas son de imposición, dominio y obediencia.
El elemento académico se ha disuadido, aunque se pregone y se muestre activismo de programas en páginas web, o en reuniones a donde se llega a escuchar elogios y no a debates académicos. Desde esta perspectiva se ha venido extraviando el horizonte intelectual y académico de la universidad, lo que se percibe con la notoria organización y presencia de estos grupos estratégicos de poder, lo que ha puesto en retirada los círculos de estudio, los grupos académicos, investigadores e intelectuales de la escena universitaria. Muchos de ellos en su hégira, terminan en ONGs, corporaciones o grupos de investigación independientes que les acoge ante la imposibilidad para desarrollar la imaginación, la creatividad y el proyecto intelectual en la Universidad. Pero además, se ha extraviado la palabra y el argumento y se ha impuesto la premisa del poder para vencer y permanecer. Ninguna Universidad escapa a esta lógica maliciosa en nuestro tiempo. Las acciones comunicativas y las posturas racionales que dan
vida al mundo académico se han deslucido a tal punto que, aquellos hombres y mujeres con argumentos
pasaron al silencio, o fueron reemplazados por personas con alta capacidad de servilismo y mínimo tamiz
intelectual. El filósofo de la acción comunicativa, J Habermas nos ilustra en este sentido, para entender por qué es lo estratégico lo que se impuso.
“La acción comunicativa es aquélla en la que los planes de acción individuales se coordinan mediante un entendimiento intersubjetivo basado en argumentos y convicciones racionales, no según las orientaciones de acción estratégicas de cada cual. Alcanzar dicho entendimiento implica: a) partir de un “mundo de la vida” común de presuposiciones implícitas; b) problematizarlo en alguno de sus aspectos, y c) argumentar sin otras restricciones ni coacciones que la fuerza interna de las razones presentadas por cada cual, para alcanzar (o no) un acuerdo racional.” (HABERMAS, J).
Desde la perspectiva habermasiana, se trata no es de lograr cualquier acuerdo que permita coordinar las acciones de los participantes, sino de alcanzar un acuerdo que todos puedan contemplar como válido (basado en buenas razones). En la universidad de nuestro tiempo, no cuentan las buenas razones sino las soterradas estrategias para mantener el poder a como dé lugar. La tesis del ideal comunicativo “libre de coerción” se ha desvanecido cuando no son los mejores argumentos los que habitan en el ideal ilustrado de la Universidad. Es necesario entonces, volver al habla, al debate para ejercer la racionalidad comunicativa esencia primordial del lenguaje humano y mucho más si hablamos del complejo mundo de la academia. Las formas reales y simbólicas con que se manejan las estructuras de poder en la Universidad de hoy, estorban al saber al estar siempre atentas al castigo y a la represión cuando encuentran posiciones no idénticas al estatus quo. Cuando la fortaleza del poder se acompaña de lo legal y lo legitimo produce efectos positivos y logra la cohesión de grupos y personas para trabajar hacia un fin común. Para el caso que se viene analizando, las luchas por el poder tal como se practica, solo dejan espacio a rencillas, odios y represión, inclinación propia de los combos estratégicos.
“El poder, si es fuerte, es debido a que produce efectos positivos a nivel del deseo y también a nivel del saber. El poder lejos de estorbar al saber, lo produce, por esta razón la noción de represión, a la que se reducen generalmente los mecanismos de poder, me parece muy insuficiente y posiblemente peligrosa. (Foucault, M. 1992).
El lastre histórico de los procesos democráticos que se viven en el país para elegir a sus gobernantes nos muestra un andamiaje estratégico, en el que no son los debates programáticos los que buscan convencer a los electores; hoy, los combos o grupos que manejan intereses particulares son los que ponen a marchar la democracia que les conviene. Combos de criminales, de terratenientes, combos de “las oficinas”, combos de compradores de votos, combos de políticos y gobernantes que hacen trampa para robarse los dineros de los mercados de las familias pobres en esta pandemia, combos de congresistas que se organizan en bloque para montar leyes contra la paz y para favorecerse económicamente etc.
Un país cuyos ciudadanos no asumen la Cultura Política dentro de su rol social, es un país fallido, en el que la trampa y las formas violentas para dirimir sus conflictos son lo normal y lo cotidiano; en este sentido, no resulta extraño el término “combos” para hacer referencia a formas de organización de grupos por fuera de los cánones de la racionalidad, la honradez y la decencia en las diferentes esferas de la vida nacional, pero con mayor énfasis en las relaciones políticas que se practican.
La Universidad no escapó a estos síntomas de decadencia de la sociedad, tal como se expone anteriormente, pues en ella también surgieron lo combos estratégicos para vigilar pedazos de poder y de paso desplazaron el debate académico, con la gravedad que ello trae. Lo que vive la sociedad permea la estructura y la esencia de la Universidad, ya que esta no puede ser una burbuja incontaminable de los ruidos que la circundan. Ortega y Gasset hace muchas décadas en su contundente texto “Misión de la Universidad”, la describió como “el lugar de la enseñanza superior, del profesionalismo y la investigación o, dicho de otra manera la institución que forma abogados, profesores, capacitados para ejercer su profesión, y juristas, investigadores, filósofos que tengan en la ciencia su meta y su objetivo”.
A pesar de que, infinidad de discursos que hoy se escuchan sobre la Educación Superior, retomen a este
humanista pensador, para referirse a la Universidad a la que se aspira, no pueden evadir la realidad sobre la Universidad que habitan. Una sobrecarga de discursos sobre excelencia, calidad, humanismo, cultura ciencia se escuchan en oficinas y auditorios, como estrategia para impresionar a evaluadores. La única verdad es que la pérdida de autonomía las las deja en un estado de postración tal, que solo falta que digan cómo deben vestirse o peinarse docentes y empleados universitarios; basta con leer la Resolución 021795 19 de nov 2020, para darnos cuenta el control exagerado que se ejerce sobre la Educación Superior, en detrimento de la autonomía universitaria a pesar de estar en la Constitución de 1991.
La crisis en la educación que develó el coronavirus, está demostrando que aquellas universidades libres de determinismos de combos políticos y estratégicos y conectadas en su proyecto intelectual y social serán las llamadas a ocupar un lugar privilegiado en la sociedad pos-pandemia, y aquellas que deciden seguir haciendo lo mismo enconchadas en intereses particulares se verán en serias dificultades, a tal punto de llegar a cerrar programas o el mismo claustro universitario. Los más de 200 años de Colombia como “precaria republica” con su mal llamada democracia, carcomida por la corrupción hizo metástasis en cada espacio de la sociedad. La Educación que debiera ser el pilar de los valores cívicos y ciudadanos no escapó de estos vicios, por esta razón los discursos y prácticas en torno a la democracia que en ella se argumentan los cubre hace rato un manto de duda. En palabras de Cappelletti esta democracia es una falacia.
“Si la democracia se basa, como dice Montesquieu, en la virtud, y medimos la virtud de una sociedad por la de sus «representantes» y las maniobras con las que se hacen elegir, es obvio que nuestra democracia representativa carece de base y puede hundirse en cualquier momento.” (Cappelletti, 2013)
Hace rato vengo sosteniendo que el ethos universitario en su relación con la sociedad se extravió, al equipararse sin recato alguno a los vicios que han deteriorado el sentido de lo político y la política en el país. Basta con ver las crisis que hoy viven algunas universidades que llegaron a ser de prestigio, al resultar involucradas en investigaciones judiciales, por otorgar títulos sin el lleno de requisitos a personas que son fichas del caciquismo político.
Se han abandonado mínimos éticos tal como lo escribió Hoyos Vásquez, y esto apunta a las prácticas políticas con las que se gobiernan todos los claustros universitarios. Al extraviar su camino, no es extraño que en cargos de importante representación, aparezcan personajes de la pintoresca casta política nacional, mientras que a los académicos e intelectuales formados, que escriben, que debaten, que proponen hacer de la vida universitarita un foro abierto para construir sociedad se les excluye, o se les elimina. Así de simple. Dime la capacidad de sumisión y silencio que tienes y te diré a qué cargo puedes aspirar.
“El ethos de la universidad es el de la identidad de cada comunidad académica con sus tradiciones e ideales, y, a la vez, su apertura a otras comunidades, el reconocimiento de la diferencia y la actitud crítica para buscar en el diálogo la verdad, lo correcto y lo auténtico. En esta búsqueda, los mínimos éticos de la convivencia ciudadana son lo primordial”. (Hoyos, 2002)
La época de los combos estratégicos en la Universidad
En este campo, acepto con humildad mi autocritica. En las luchas que he vivido en la Universidad, no puedo declararme inmaculado. Con toda seguridad, he participado en prácticas estratégicas cuando se han dado luchas por el poder. No pocas veces se ha abandonado la iniciativa intelectual para abrazar una estrategia política conforme a las dinámicas del poder que se mueven al interior de las universidades.
En mi caso, desde que asumí una postura firme, actuando en contravía a las lógicas de quienes ostentan el
dominio en los escenarios de Educación Superior en donde me he desempeñado, fui separado de la mesas de los invitados. Esto me ha reportado alivio y tranquilidad, para trascender mi postura intelectual de contradecir a otros y dar el paso para descubrir mis propias contradicciones.
Como lector y testigo de procesos electorales y supuestamente democráticos que viven las universidades colombianas, veo que se han distanciado de los mínimos éticos que la han sustentado históricamente.
Con contadas excepciones son las mismas prácticas de la triste democracia que gobierna nuestro país. Sin
sonrojo alguno, se pasó en ellas de debates entre grupos académicos preocupados por la esencia de la Universidad a combos estratégicos incluso agresivos cuyo interés mayor es vigilar privilegios y manejos burocráticos para perpetuar vicios y obtener prebendas.
Sería suficiente con ver todas las tramas que se realizan para llegar a Consejos de Facultad o Consejo Superior Universitario. Se montan maquinarias y luchas despiadadas para derrotar a quien desde los debates tiene mayor claridad, o que se atreva a cuestionar en lo más mínimo al estatus quo. Los rectores prefieren en su equipo a los que tienen la sumisión, el silencio y el servilismo que aquellos que tengan el más minino asomo de crítica o de contradicción con el alto poder. Los decanos por ejemplo, no pasan de ser funcionarios para poderse mantener en el cargo. El único camino que queda en la Universidad de hoy es abandonar los grupos académicos y pasarse a los combos estratégicos, renunciando así a la integridad intelectual.
Llamaré en este caso combo en la Universidad a aquellos grupos, de docentes, profesores, estudiantes y
empleados que movilizan toda su capacidad de intriga para escalar espacios de poder o para mantener privilegios. Cuando se pierde la esencia académica, científica, humanística y cultural de los debates en la Universidad se está dando el peligroso paso para hacer de esta un simple auditorio de masas irreflexivas, que actuando desde el odio se encomban para excluir a aquel que desde principios intelectuales argumenta sus posturas ante estudiantes, profesores y dueños del poder. Ninguna IES escapa de esto, pero si vamos a las escuelas y colegios, cosas muy parecidas suceden. Sin lugar a dudas hay una crisis ética y moral en la educación.
Sobre los combos: “combo hace referencia a lo que está torcido, encorvado, curvado, doblado, arqueado o inclinado. Como Sustantivo masculino es un tronco grande en donde se asienta la cuba para conservar la humedad o para emplear con comodidad la canilla por donde se saca el vino. En uso americano, combo es, un martillo grande o maceta. En algunos países de América latina agrupación de gente que hace la misma actividad.
Etimológicamente este término viene del sustantivo «comba» y del quechua «k’umpa» que significa mazo de piedra. También, se le dice combo a un lote de varias cosas que vienen juntas o que se venden por el precio de una, o a un grupo de personas que realizan una misma actividad. Para este caso, y ubicados en la Universidad citaremos como combo a ese grupo de personas, llámese estudiantes, profesores o empleados que se unieron para defender privilegios y para buscar excluir sin argumentos a quien no es de sus afectos, o que se distancia de las maquinaciones institucionales.
¿Para qué entonces la democracia? Tal como lo expresé anteriormente, no soy un puritano en la vida política. Tampoco un ingenuo en el acontecer de la vida universitaria. Por ello más que un señalamiento a los vicios que se practican es una invitación a la autocrítica sobre la forma como hemos sido permeados por los desenfrenos de la vida política nacional, pero además por ser cómplices silenciosos para que estas perversiones de la democracia y la política se apoderen de la Universidad. Si al menos llegamos a advertir la transformación inicua de los grupos académicos a combos estratégicos en el ambiente universitario, ya hemos ganado algo. Si después de una contienda electoral en la Universidad, antes que evaluar las palabras: “ganamos-pedimos”, evaluamos los discursos, los odios y las intrigas que nos movieron, para buscar los votos estamos haciendo autocritica. La tarea será en adelante, hacer las cosas de otra manera, sin abandonar los linderos del ethos universitario y unos mínimos éticos que deben guiar al sujeto que habita y vive en su universo académico e intelectual.
La universidad es una institución compleja, cuyas facultades y unidades académicas representan distintos tipos de racionalidad. Esto tiene como consecuencia que su gobierno no pueda ser similar al de una orquesta o al de un equipo de fútbol, ya que, si bien la institución busca un objetivo general común, las partes funcionan de manera autónoma. Por consiguiente, el gobierno universitario debe tener presente que la estructura de la institución no es equiparable a la de cualquier otra, ya que tiene un ethos propio que la tipifica. En una primera aproximación, podemos decir que el ethos hace referencia a los modos de comportamiento comunes, hábitos, tendencias e incluso convicciones que, sin ser tematizados, determinan el comportamiento de una comunidad. (Hoyos, G.).
Si no nos atrevemos a pensar al menos en hacer las cosas de otra manera en cada acción propia de la Universidad estaremos dando toda la razón a la advertencia perentoria y pesimista que nos hizo Nietzsche en su momento: “Una vida dedicada radical y auténticamente a la verdad no es posible en la universidad. Y en particular, algo que fuera auténticamente innovador no podría tener aquí su punto de partida” (Nietzsche)
La Universidad post-pandemia: repensando el poder. La contingencia que vivimos en todos los ámbitos de la sociedad por la pandemia del Covid19 no tiene comparación en la historia reciente de Colombia. Y para el caso de la educación y de las relaciones académicas en la Universidad el tema es mucho más complejo. De momento, sin preparación calculada nos tocó asumir la realidad. Los reglamentos académicos verticales, con los que muchas universidades sustentaban su razón de ser se derrumbaron, y los profesores, muchos de ellos parados en el Siglo XVIII con sus discursos y prácticas evaluativas, se vieron sin el poder que les otorgaba su omnipotencia discursiva.
La docencia y las aulas de clase para sustentar poder, las disuadió la pandemia. El profesor que no logra interpretar el momento y asumirse en nuevas prácticas evaluativas no le quedará otro camino que buscar nuevos espacios de trabajo. En este sentido, las relaciones humanas están cruzadas de manera inevitable por el poder. Desde el hogar, la escuela, la universidad, la empresa, el Estado etc., todo está determinado por intereses individuales que calculadamente se mueven hasta tomar espacios de poder. En esta lógica aparecen dominantes y dominando o gobernantes y gobernados incluso cabe los términos esclavos y amos. Los conflictos inherentes al ser humano se dan en dentro de esta dialéctica del poder.
En otras palabras, a pesar de la formación académica que se tiene, no se alcanza a llegar al menos a intentos para cambiar radicalmente esa relación pesada que hemos hecho entre “saber y poder”. Lo que no lograron años de trabajo académico con intentos de ejercicio investigativo, lo logró el coronavirus al romper en mil pedazos las tradiciones de poder que parecían inamovibles en la Universidad. La pandemia obligó a directivos, docentes y demás agentes involucrados en la educación superior a cambiar la carpeta de guía de trabajo a la que a lo sumo cada año se le cambiaba la fecha. Para muchos actores educativos era suficiente con seguir de manera regular las directrices que cada Universidad tenía en sus prácticas evaluativas, o cumplir fielmente con los formatos que decanos y jefes de programa asignaban para dar cumplimiento a asuntos de orden legal. Para otros dignatarios de la palestra académica era suficiente estar encombado para ser exitoso ya como docente, ya como burócrata de cualquier orden. Pero también el aislamiento rompió esos micro poderes de combos y grupos en la Universidad. Y los cambios radicales que se han dado no fueron pensados de manera tozuda en las múltiples reuniones que se hacen, fue la pandemia la que obligó los apresurados cambios, así de simple.
Bourdieu, nos advierte la forma como hemos asumido el poder, cuando lo que se percibe es la tranquilidad ante lo que sucede; las tramas del poder hacen creer y hacen ver todo como algo natural que debe asumirse para no estar en contravía de los que sucede en el contexto social. Los discursos, los medios noticiosos, prensa hablada y escrita en general, traen su componenda para fortalecer el poder del cual son sus auténticos servidores. Incluso de manera sutil le hacen ver al ciudadano que es un mal ejemplo para los hijos salir a manifestarse por las injusticias que se viven.
Es el poder político por excelencia: para hacer grupos, así como para manipular la estructura objetiva de la sociedad. Es legitimador, suscita el consenso tanto de los dominadores como de los dominados, construye el mundo en cuanto supone la capacidad de imponer la visión legítima de las divisiones sociales de éste; se apoya en la violencia simbólica y en el carisma que se ejerce sin coacción física, a través de diferentes formas que configuran las mentes y le dan sentido a la acción. Dentro de este marco estructural-reproduccionista, se reconoce como producción social y simbólica, en lo concreto, el poder de hacer ver y hacer creer. (Bourdieau, 1983)
En la universidad sucede lo mismo, el poder se impone aunque se arrope de algunas diapositivas que hablan de libre pensamiento, de inclusión, democracia y libertad de expresión. Aquel que no marcha de manera sumisa ante la batuta del poder es declarado sospechoso. Los Magister, Doctores Pos- doctores que llegan a trabajar, parece que hubieran recibido una formación en sumisión y silencio. Llegan a obedecer y a repetir y avalar la estructura de poder que les dio cobijo para ganar el pan. Muy pocos profesionales con títulos distinguidos aplican la racionalidad discursiva de la libertad de pensamiento en sus espacios de investigación o de cátedra.
Pero los combos estratégicos no desaparecieron, no han sido exterminados por el coronavirus; lo que hicieron fue replegarse para seguir actuando a la sombra, esperando el momento para retomar iniciativas; son vistosos en pequeñas escenas de reuniones virtuales, en las que activan las cámaras para que todo mundo perciba su presencia, aunque denotan cierta nostalgia de poder. En el accionar estratégico de los combos que se tomaron la Universidad, fungiendo un proyecto académico encajaron perfectamente en lo que Foucault ha llamado “Microfísicas del poder” a partir de una red soterrada de relaciones estratégicas que terminan falseando el tejido social universitario. En este sentido, el poder está por doquier, como privilegio acumulado, que se produce a cada instante, en todos los lugares.
Ante la pandemia que amenaza con extenderse sembrando incertidumbre y desolación, era pensable que el Estado se vendría con medidas inteligentes para afrontar la crisis. Pero los últimos decretos que se han expedido, ignoran en gran medida la crisis a la que se enfrentan las universidades. Más que estimular una autonomía con imaginación lo que hacen es justificar el entramado burocrático del Ministerio de Educación Nacional; por ello se hace necesario abrir debates en torno a la autonomía universitaria y develar de paso la postración a la que se viene sometiendo la Educación Superior.
De igual manera con debates amplios en donde participen rectores y personalidades que conocen la vida universitaria, se podría también develar el deterioro de los grupos académicos que fueron desplazados por los combos estratégicos marchitando el fin de la Universidad en los campos: intelectual, académico, científico, cultural y social. Los debates en torno a currículo, prácticas evaluativas, investigación y docencia, antes que obedecer a realidades sociales, por lo general se matizan con los intereses propios de los combos estratégicos cuyo papel es ante todo conservar privilegios por encima de cualquier acción que busque darle un sustento intelectual a los programas. Los currículos se construyen estratégicamente desde los micropoderes para beneficio propio, aunque lo maquillen con textos sesgados de legalidad y legitimidad. Se construyen currículos pensando en intereses de los combos al interior de la Universidad, y no asumiendo las relaciones que deben llevar inmerso en el contexto social.
En este escenario, la construcción del curriculum ocupa una posición estratégica, precisamente por ser el espacio en el que se concentran y desdoblan las luchas en torno a los diferentes significados sobre lo social y lo político, en virtud de que este último no existe aparte de ciertas creencias y valores. A partir de esta visión general, el principio más importante a reconocer es que el curriculum es una construcción social, cuya forma y objetivos están determinados por intereses humanos fundamentales, lo que presupone que cada contexto educativo es al mismo tiempo social, por lo que en el curriculum quedan registrados los restos de las disputas por el predominio cultural. (Kemmis, 2003)
Abordaje bibliográfico
– Bourdieau, P. (1983). Campo del poder y campo intelectual. Buenos Aires.: Folios. .
– Cappelletti, Á. (26 de Marzo de 2013). Falacias de la democracia . CNT de Bilbao, págs. 3-4.
– HABERMAS, J. (18987). Teoria de la Acción Comunicativa . Madrid: Taurus.
– Hoyos, G. (2002). Nuevas relaciones entre la Universidad, el Estado y la Socoedad. Sociedad e investigación. Bogotá: Colciencias.
– Kemmis, S. (2003). El curriculum: mas allá de la teoria de la reproducción. Madrid: Ediciones Morata.
– Parés, S. M. (2010). El acoso escolar y el acoso universitario. Bulling (págs. 5-6). Madrid: Almeria ediciones.
– Piñuel, I. (2010). El matrato psicologico en la Unversidad . Revista interuniversitaria de formacion del profesorado., 3-4.
– Weber, M. (2007). Sociologia del poder . Madrid: Alianza Editorial.
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