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El Observador Luis Fernando Páramo cuestiona los criterios en torno de los cuales se orienta el sistema de calidad de la educación supeior, a partir de las lógicas del Ministerio para la selección de consejeros del CNA y de CONACES. |
Para la acreditación de la alta calidad de programas e instituciones de la educación superior, se abrió convocatoria para la escogencia de miembros del CNA, sin exigir el más mínimo requisito sobre, el conocimiento y experiencia, en materia de teorías y diseños de sistemas de medición de la calidad de la educación superior.
Se presenta en este momento la necesidad de reestructurar el CNA, pues tres de sus miembros completan sus periodos de actuación, y el Ministerio de Educación Nacional, con el CESU, debe elegir sus remplazos.
Como actividad propia del Ministerio, es lógico que se abra la convocatoria, pero en este momento coyuntural, si es deplorable que se haga de manera tan poco cuidadosa, cuando se está debatiendo, de una parte la propuesta de la Superintendencia de La Educación Superior, y de otra la Agencia Nacional de Calidad de la Educación Superior.
Tres miembros nuevos en el CNA, le pueden imprimir un cambio sustancial a su devenir y creo que es la oportunidad para introducir mayor rigor metodológico al diseño del sistema de aseguramiento de la calidad y al de acreditación.
En mi criterio existen varios aspectos fundamentales para introducir modificaciones estructurales al diseño del sistema de aseguramiento de la calidad de la educación superior y la elección tanto de consejeros CNA como de comisionados CONACES. Con respecto al diseño del sistema de aseguramiento se aprecia que:
1. La definición de calidad de la educación superior, no puede ser objeto de intereses políticos, sino técnicos, debido a que los ideales no son susceptibles de estandarización, mientras que las condiciones particulares de logro sí. Esto significa que calidad sin estándares no existe o se confunde con opinión subjetiva, como ha ocurrido hasta el momento. En Colombia no existen estándares de calidad, sino factores (ni siquiera determinantes) púes nadie ha medido su relación matemática para establecer su influencia en la calidad de la educación superior.
2. La calidad de la educación superior no es un problema de homologación o de homogenización, pues las diferencias entre programas e instituciones son tan significativas, que cuando se trata de encasillarlas, para medir su eficiencia y eficacia, los resultados son más inconvenientes que proactivos hacia su calidad. ¿Habrá o no diferencias entre un programa de gastronomía y uno de física nuclear? ¿Habrá o no diferencia entre una Universidad Presencial y una Virtual? ¿Habrá o no diferencia entre el SENA y la UNAD?
3. El control de calidad de la educación superior y su reconocimiento, ¿Es un problema de la legislación o de diseño de procesos? Creer que la calidad se consigue por decreto, es de locos, en cambio medir adecuadamente los alcances en calidad si es un incentivo contagioso que le da credibilidad al sistema de aseguramiento de la calidad.
4. El organismo rector de la acreditación de la ALTA calidad, necesita de un impulso presupuestal mayor, que el que se le da a ser pilo paga, pues el asistencialismo a las personas, no puede superar, al que se le otorga a las instituciones que favorecen, sin distingos, la calidad de la educación superior colombiana. Por eso nació la idea de un Agencia Nacional de Calidad.
5. Es inadecuado usar adjetivos calificativos, en los discursos políticos sobre la calidad de la educación superior, pues distorsionan la realidad. Uno no puede creer que calidad de la educación superior sea buena o mala, solo porque se introduzcan adjetivos que buscan sesgar resultados, un estándar de calidad en cambio se identifica con una medición cuantitativa del comportamiento de variables previamente establecidas y reconocidas por toda la comunidad académica.
Ahora bien con respecto a la elección de Consejeros y Comisionados es conveniente que se tenga en cuenta:
1. Tanto CNA como CONACES, deben estar conformados por profesionales de la educación superior con conocimiento y experiencia en diseño y control de sistemas de calidad.
2. Que los requisitos para las convocatorias deben tener mayor significado sobre las funciones que se van a desempeñar, así por ejemplo, no es conveniente que se privilegie a profesores universitarios con más de diez años de ejercicio, para ser consejero CNA, pues en el CNA no va enseñar nada, en cambio sí tendrá que evaluar los resultados de las visitas de pares académicos.
3. La historia del CNA demuestra que se han privilegiado personajes de la vida universitaria y se ha tratado de evadir a los profesionales y técnicos en materia de diseño y control de sistemas de calidad, prueba de ello es que no han podido inventar nada significativo desde el nacimiento del CNA, en los discursos de los Consejeros solo se oye alabanzas a sus predecesores y una defensa a ultranza de un sistema en el que ellos no aportaron nada, solo aplicaron opinionitis aguda. ¿Cómo es posible que se hayan dado cuenta veinte años después del primer esfuerzo (¿de quién?) por definir los parámetros de la calidad, que la internacionalización de programas e instituciones era una característica fundamental de la calidad de la educación superior? Se les olvida que ningún consejero CNA se posesionó para emprender el estudio juicioso de factores determinantes de la calidad de la educación superior, todo lo encontraron hecho y lo siguieron aceptando pues su ignorancia en sistemas de calidad solo les daba para la opinión.
4. La historia del CONACES también demuestra que copiarse del CNA fue su gran error, de haber tenido mayor originalidad y cumplido con su misión en la labor de particularizar los estándares de calidad, diferenciados para programas e instituciones, hubiera sustituido al CNA y la ANC o Agencia Nacional de la Calidad sería ya hoy una realidad.
Así las cosas mi pregunta es, ¿Si hay futuro promisorio en la Calidad de la educación superior o seguiremos en el debate de la opininitis?
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