James Surowiecky analiza, en The New Yorker, cómo detrás de la protestas ciudadanas en Wall Street recogen el malestar por las deudas por los préstamos para educación superior, que pese a su alto valor, terminan siendo una necesidad obligada para quienes desean tener más ingresos en el mercado laboral.
Traducción y adaptación de www.universidad.edu.co
Los manifestantes que han ocupado Wall Street no han presentado un pliego concreto de demandas, pero hay una cosa en la que todos están de acuerdo:
La deuda de los estudiantes por sus estudios es demasiado alta.
Desde finales de la década de los setenta, los costos de las universidades de cuatro años han aumentado tres veces más que la inflación, a la vez que las tasas de ahorro han caído así como los subsidios estatales a las universidades. Así, los estudiantes se han visto obligados a endeudarse cada vez más con el fin de pagar sus estudios.
Los préstamos dados a estudiantes en la década pasada iniciaron una deuda con la universidad que hoy ascienda a más de 600 mil millones de dólares, lo cual representa una carga que es difícil de llevar en momentos en más de dos millones de graduados universitarios están desempleados y millones más subempleados.
Algunos datos pueden ayudar a entender la situación: En la última década, el número de estadounidenses en edad universitaria aumentó en más de tres millones y el porcentaje de personas, de 18 a 24 años, en edad de estudiar pasó del 35 al 41%. Así mismo, el aumento en los préstamos estudiantiles se debe en gran parte al hecho de que los títulos universitarios han contribuido a incrementar más rápidamente los ingresos de las personas, con lo que se ha creado una “burbuja de la educación superior”, a pesar de que hay cifras que pueden cuestionar esta situación: los salarios de los graduados universitarios cayeron en la última década, y la tasa de desempleo de los graduados recientes se encuentra cerca del 10%.
A pesar de que el panorama podría ser sombrío para los graduados universitarios, la situación es más difícil para quienes no tienen dicho título. Pese a la dificultad de conseguir trabajo para un titulado, esto es mucho más difícil para quienes no lo son y cuya tasa se desempleo se acerca al 22%.
Igualmente, entre los empleados el salario del universitario es más alto de quien no tiene el título. Por eso mismo, las personas están más dispuestas a pagar más por sus estudios, pues el título universitario no correría el riesgo de desinflarse como una burbuja artificial, pues mantienen un alto reconocimiento en el mercado laboral.
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