Agosto 2/24 La próxima semana el presidente Gustavo Petro cumple dos de sus cuatro años de periodo, y más allá de promesas para la educación superior, los resultados son dramáticos y las expectativas nulas, porque tampoco se sabe hacia dónde va el sector.
!El balance es muy pobre!
A la fecha van tres ministros de Educación (Alejandro Gaviria, Aurora Vergara y José Daniel Rojas Medellín -foto derecha-) y cinco viceministros de Educación Superior (Aurora Vergara, quien empezó en dicho cargo; Ana Carolina Quijano, luego -en calidad de encargado por cerca de dos meses- Wilfer Valero-, Alejandro Álvarez y ahora Ricardo Patiño Moreno -foto izquierda). Sin contar al último, que hasta ahora se posesiona, la verdad es que ninguno de los anteriores tiene resultados categóricos para mostrar.
Por ahora lo único claro es la incertidumbre y hasta la desesperanza del sector.
El prometido acceso universal, gratuito y de calidad, anunciado por el entonces candidato Petro, no se ha dado.
La gratuidad en el acceso a la educación superior pública, no es de este gobierno sino del anterior, y si bien han aumentado los recursos de transferencias, estos no se han traducido en mayor cobertura.
El discurso ideológico de potenciar solo lo público y desconocer lo privado, solo ha traído pérdida de matriculados en las IES privadas pero, peor aún, también disminución de estudiantes en la mayoría de las públicas.
Es decir, la promesa de universalidad del candidato Petro, que luego pasó a ser un anuncio de aumento de 500 mil nuevos cupos en el sistema, escasamente se ha traducido a un tibio aumento que, en dos años, apenas se acerca a los 50 mil cupos.
Se supone que, según este gobierno, eso se iba a mejorar con la construcción de decenas de nuevas sedes universitarias, que a la fecha nada que arrancan. Ni una sola. Solo algunos anuncios y nada más.
En su tradicional estilo, el presidente Petro ya ha encontrado un culpable, y es el exministro Alejandro Gaviria y el propio Ministerio de Educación, a los que acusa de negligentes y de no haber invertido los recursos para ello. Son acusaciones que, todo indica, terminarán resolviéndose en los estrados judiciales.
Para eso, se lee entre líneas los mensajes del alto gobierno, llegó Daniel Rojas. Su experiencia como presidente de la SAE le permitirá, de la mano de un aliado ideológico, el nuevo viceministro de Educación Superior Ricardo Moreno, potenciar esfuerzos para dar más sedes a la universidad pública, si se consiguen los recursos en un difícil escenario de sostenibilidad fiscal del país.
Y mientras que las IES privadas se van quedando sin estudiantes, y con infraestructura para ello, el gobierno les da la espalda.
De calidad, mejor ni hablar. La acreditación poco o nada ha importado en este gobierno.
Después de cientos de reuniones y reclamos del sector, el último decreto sobre registro calificado dio un respiro a las IES para poder dinamizar su oferta, pero no soluciona otros problemas críticos: Las visitas y registros paralizados en el Ministerio, la complejidad de las Salas de Conaces y los problemas de la plataforma Nuevo Saces.
¿Y la ley estatutaria de la que tanto bombo se hizo?. Se hundió, por negligencia, soberbia, descuido, desinterés….. de los actores, especialmente del gobierno, que al parecer dejó “colgada” a la entonces ministra Aurora Vergara, quien pareció ser la única real doliente de la iniciativa, como una forma de recuperar la dignidad de los pueblos y de corresponder a sus ancestros y regiones. Ahora, sin pena ni gloria, el nuevo ministro del Interior (Juan Fernando Cristo), dice que, por decisión del nuevo Mineducación, ésta no irá en la nueva legislatura. Y todo indica que toda la plata y esfuerzo que se gastó el último año para abordar el tema no sirvió para nada.
Y ni hablar de la reforma a la Ley 30 de 1992. Otro de esos temas que, a manera de mantra, se repite en todos los ministerios de Educación y que hasta ahora no ha quedado en nada. Igual que con la ley estatutaria, mucho -pero mucho- dinero del Estado se ha gastado en el último año en reuniones, encuentros, publicidad y medios de comunicación, para nada. El texto inicial de reforma sencillamente fue una colcha de retazos, inconsulta con el sector; el saliente viceministro (más dolido que agradecido con el nuevo ministro) intentó cambiar la reforma por un acuerdo nacional, más reuniones, talleres, discursos, temas de interés de unos pocos y muy poco del sector, y también queda en nada. Se despidió de su cargo, con más pena que gloria (después de su actuación en el caso de la Universidad Nacional de Colombia), con un lastimero mensaje en el que deja en manos del nuevo ministro dicho Acuerdo, con la sensación de que también se hundirá.
El panorama es, sencillamente, complejo y desalentador, aunque los dos años que le faltan a este gobierno pueden ser mucho tiempo para una excelente gestión, o siglos para una pésima administración. Ahora todo depende del binomio Rojas Medellín y Moreno Patiño, que hasta ahora no han dicho qué van a hacer.
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