Erróneas interpretaciones en torno de la formación para el trabajo

Nuestro tradicional columnista, Luis Fernando Páramo Jiménez, analiza las relaciones y erróneas concepciones que se han dado en torno de la educación y la formación para el trabajo y el desarrollo humano, a propósito del proyecto de ley que cursa en el Congreso de la República.

Me devoré el informe especial denominado “La preocupante distancia entre la educación superior y la formación para el trabajo y el desarrollo humano”, porque considero que la distancia entre educación superior y la que conduce a formación para el trabajo y el desarrollo humano pude ser justificable, ambas han demostrado ser muy importantes en otras latitudes; las concepciones de “educación superior” y “formación para el trabajo” no son excluyentes, solo diferenciadoras en propósitos.

A mi sentir la formación para el trabajo y el desarrollo humano, se ha vinculado con la educación superior, solo por la interpretación equívoca, de que hay que controlarla y evaluarla de la misma manera por tratarse de educación de adultos, ya que no se prepara a niños para el trabajo, por razones humanitarias, los niños se educan para llegar a ser ciudadanos del mundo con el bachillerato. En cambio la educación de un adulto, puede orientarse hacia su profesionalización, hacia la cientificidad, hacia su necesidad de entrar al sistema productivo, hacia su vocación artística o cultural, etc., no por esto, el sistema educativo de adultos tiene que ser homogéneo, o con idénticos propósitos. Lo que sí creo es que toda educación debe conducir a la oportunidad, de quien la recibe, a darle un uso adecuado y ético al conocimiento, así como a pronunciarse sobre su experiencia y sus posibles aportes o modificaciones que pueda sustentar, para contribuir al mejoramiento continuo del conocimiento para las futuras generaciones.

El desarrollo científico de un país y su desarrollo económico no son producto de un solo grupo de las personas que acceden a la educación; la contribución de los graduados en programas universitarios y la de los graduados como técnicos certificados, está en principio la de ser personas económicamente activas, con la posibilidad de aportar a las soluciones de los problemas que tiene la sociedad en que están inmersos.

Ningún sistema de diseño curricular es perfecto y adaptable a todos los casos. Por esta razón (a manera de ejemplo) adoptar el sistema de créditos académicos para la formación de técnicos puede no ser lo mejor, en cambio para el diseño de programas universitarios sí, como lo ha demostrado el sistema educativo de los Estados Unidos. El sistema de ciclos propedéuticos, diseñado con la intencionalidad de planear el desarrollo educativo en ciertas áreas, ha demostrado que no ser otra cosa que un gancho planeado, por quienes nunca han hecho eso, para mantener viva una oferta educativa inocua y fallida. Insisto en que no todo técnico, quiere ser profesional, o le es necesario para desarrollarse.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en un diseño curricular la corresponsabilidad entre el esfuerzo del estudiante y la institución, debe ser visible e importante, pero no significa que en todos los casos sea igual. Por ejemplo, cuando se quiere formar un médico, no se puede tener el mismo criterio que si se quiere formar un Chef. Ambos requieren infraestructura de prácticas, pero entre una cocina y un hospital hay grandes diferencias, igualmente en el tiempo de los estudiantes hay distancias asombrosas. ¿Cómo planear que tanto uno como el otro se forme con calidad?

Por qué se pretende que un buen fontanero tenga la necesidad de ser Ingeniero Hidráulico? ¿O porqué un técnico dental tiene la de ser odontólogo o magíster en ortodoncia?

La capacidad de hacer efectiva la educación, no depende del nivel educativo, ni de la oferta, sino de la satisfacción de necesidades que la sociedad demanda. Si esto se logra en parte con la educación, entonces si se puede decir que la educación es un motor de desarrollo y hasta un factor de estabilidad social.

Pensar que estudiar para ser soldador es educarse con baja calidad, pude no resultar tan cierto, si no, averigüe como vive un soldador especializado en grandes proyectos de mega estructuras y porqué en Colombia es tan difícil poder estudiar todo lo que se necesita saber sobre soldadura. Sin ser ingenieros, muchos soldadores tienen un conocimiento de la geometría descriptiva realmente sorprendente que les permite resolver problemas, que muchos profesionales de la ingeniería no lo logran y que los soldadores adquieren por el desarrollo de sus habilidades sensoriales y manuales. En Colombia American Pipe, posee una máquina que genera la estructura metálica de los tubos rectos, soldándola y cortándola a las dimensiones requeridas en forma automatizada. Dicha máquina es el producto del trabajo de ingeniería avanzada y genera la mayor producción de su planta. Pero aunque la mayoría de los tramos de un acueducto son rectos hay otros donde no es así y por lo tanto hay que producir tubos especiales que no hace la máquina y que elaboran los soldadores con una habilidad asombrosa, pues deben mantener en todo el tramo del aditamento el diámetro y además deben hacer compatible los sistemas de sellamiento y unión con los dos tramos rectos que pretender unir. La pregunta entonces es ¿Cuál es el conocimiento más importante y quién tiene más habilidad para utilizarlo en los dos casos?

No quiero caer en casuística reiterativa basada en mi experiencia profesional como ingeniero industrial, también le debo mucho a la maestría en docencia universitaria y a las experiencias que este campo me ha prodigado. Diría que la educación para adultos se ha convertido en mi pasión y que la búsqueda de alternativas para que dicha educación sea de calidad en mi aspiración.

Sigo convencido que muchos de estos errores nacen de una equivocada concepción de calidad de la educación superior en Colombia, de los inexactos e inadecuados criterios utilizados para promover una  homogenización innecesaria del sistema de educación de adultos y de la poca atención que ha recibido la investigación a este respecto.

Estoy estudiando con detenimiento el proyecto de ley 139 de 2013 Senado, que ha dado origen a este interesantísimo debate, porque de lo que también estoy seguro es que podemos contribuir sin otro interés que el acertar en beneficio de la educación de adultos.

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