Junio 19/24 Jorge Iván González salió de Planeación Nacional con muy fuertes reparos a la gestión del presidente Petro. Fue profesor de la U. Nacional y, en una entrevista con El Colombiano, raja las universidades públicas y el rol del gobierno en la elección de Leopoldo Múnera, su amigo, como rector.
Estas son las preguntas y respuestas sobre educación superior:
Lo hemos visto muy crítico de la reforma a la educación…
“En el proyecto de Ley Estatutaria hay una tendencia a darle una prelación a lo público, suponiendo de manera equivocada que la universidad pública es intrínsecamente buena. Hay universidades públicas muy malas. Nosotros hicimos unos cálculos sobre burocratización de las universidades: la Nacional tiene una relación de uno a uno, entre académicos y administrativos, que es muy alta”.
¿Un administrativo por un docente?
“La Nacional tiene 3.000 administrativos y 3.000 docentes. Es un aparato burocrático muy pesado. Una universidad debería tener dos docentes por administrativo y la relación debería ser de 0,5. Pero hay universidades públicas que tienen una relación de 1.5 administrativos por docente.
Ese es un signo de falta de eficiencia y de calidad. Además, la Nacional tiene una tasa de graduación del 78% cuando está recibiendo a los mejores estudiantes del país. ¿Qué está pasando? Ese análisis hay que hacerlo”.
Usted, que ha sido profesor de la Nacional, también decía que allá no echan a los profesores…
“En ninguna universidad pública de este país somos capaces de echar a un profesor. Los sistemas de evaluación de las universidades públicas son sofisticados: usted manda un artículo y no sabe quiénes son los jurados y los jurados no saben quién es el autor.
Pero a pesar de que usted tiene claridad, profesores que nunca publican, profesores que son malos docentes, profesores que andan por toda la universidad porque ninguna facultad los recibe, nunca los echan. A los profesores malos hay que echarlos”.
Que se acomodan ahí y los dejan.
“Ese tipo de discusiones se tendrían que dar en las universidades pero yo no veo ambiente en la ley estatutaria para esa crítica. Tampoco hay ambiente en la ley que obligue a las universidades a ser los centros de pensamiento de este país.
Las universidades tienen la ventaja de pensar despacio. El término de pensar despacio es de un premio Nobel que se acaba de morir, Kahneman, que tiene un libro muy bonito que se llama Pensar despacio y pensar rápido. En la universidad todos los problemas se pueden tratar con calma”.
¿Las universidades no están pensando despacio?
“No logran que sus investigaciones se conviertan en grandes proyectos. Les da pereza trabajar con el Estado y mostrar que sus proyectos de investigación pueden ser insumos fundamentales para la planeación estratégica del país.
Una de las cosas que yo sentí muy duro en Planeación Nacional es que debería tener el apoyo de todas las universidades para poder pensar el país a 20 años pero no pasa así”.
Volviendo al tema de la Ley Estatutaria de Educación, que está para último debate esta semana, el observatorio de la Javeriana dice que si se aprueba podría costar más de $40 billones al año solo el componente de cobertura de la reforma…
“Y eso que esos cálculos son muy sencillos, a partir de aumentar el gasto en función del costo actual del estudiante, pero no incluyen el costo de mejorar la calidad. En la Nacional, para que los laboratorios se parezcan a laboratorios, no para hacer ciencia y tecnología, no, para que los laboratorios funcionen se necesitan 3 billones de pesos. Eso habría que sumarlo ahí”.
¿Esta ley es como un canto a la bandera?
“Esa ley no tiene ningún asidero fiscal si usted toma en serio la calidad. El Ministerio de Hacienda dice yo no sé cuánto vale y no se compromete con nada, porque la ley es muy ambigua. En cierta forma tiene razón el Ministerio. Es que si yo me pongo a valorar eso, me da todos los billones del mundo”.
¿Y no encontró universidades que propusieran grandes proyectos?
“Lo curioso es que ves en los artículos académicos unas ideas muy buenas pero las universidades no han encontrado el mecanismo para que esas ideas se conviertan en proyectos de largo plazo. Ninguna universidad de este país es capaz de presentarle al gobierno un proyecto de 300.000 ó 400.000 millones de pesos. Un gran proyecto, por ejemplo, de desarrollo agroindustrial, o un super proyecto para la conservación de la biodiversidad pacífica”.
Dice que no ve ni el espíritu del pensamiento lento ni que sea un centro de pensamiento. Entonces, ¿qué espíritu le ve a la ley estatutaria?
“Yo veo demasiada retórica, demasiadas afirmaciones sobre el derecho a la vida, la palabra inclusión no sé cuántas veces se repite en la ley estatutaria, pero los elementos constitutivos de la institucionalidad no se plantean, que las universidades cambien todos sus aparatos administrativos para que sean competitivas, para que puedan tener recursos de consultorías.
Las universidades públicas están convencidas de que todos los recursos tienen que venir del presupuesto, y si no ocurre así entonces gritan. Pero en las universidades públicas no hay la más mínima preocupación por conseguir proyectos”.
¿No soluciona los problemas?
“No solo no toca los puntos centrales, sino que el gobierno está haciendo todo lo contrario. La forma como el gobierno intervino en la Universidad Nacional es la expresión de que mientras en el proyecto de ley se habla de autonomía, en realidad no se está respetando la autonomía.
La toma de la Universidad Nacional es un desastre. Es muy curioso, el viceministro llegó a rector de la Pedagógica sin haber ganado la consulta de los estudiantes. Y ahora, en el Consejo Superior para elegir al rector de la Nacional tiene la opinión de que sí hay que respetar la consulta. Es increíble”.
De hecho en la Nacional varias veces se han elegido rectores distintos a los que ganaron la consulta de estudiantes…
“Ahora entonces el Presidente la quiere imponer con el argumento de que empezó la constituyente universitaria.
Entonces, por un lado estamos hablando de autonomía en la ley estatutaria, y por el otro lado se está imponiendo, de hecho, la elección popular de rector. Si ya las universidades públicas tienen problemas de calidad, la elección popular de rector acaba con la calidad de las universidades públicas”.
Usted conoce de vieja data al nuevo rector Leopoldo Múnera…
“Claro, yo soy muy amigo de Leopoldo. Coincidimos en Bélgica los dos estudiantes en Lovaina”.
Y cuando él se para en la plaza y dice, aquí vamos a empezar la constituyente, ¿usted cree que aquí él está jugando a hacerle la constituyente al presidente Petro?
“Leopoldo es un excelente académico, es muy juicioso. Y tiene argumentos potentes para defender una constituyente. Él puede construir un buen discurso sobre lo que es una constituyente. Lo que me parece es que toda la forma como se da este proceso en la Universidad Nacional es una respuesta a un desespero del Presidente de tener un movimiento estudiantil”.
¿Es legítimo que un rector lo primero que diga en la plaza, como lo hizo Leopoldo Múnera, sea un tema político, de convocar a una constituyente y no hable de lo que tiene que hacer académicamente la universidad?
“Yo creo que es una especie de pacto implícito. Ningún otro gobierno se había metido en la universidad. Ni Santos, ni Duque, ni Uribe. Los gobiernos fuera de los tres votos que tienen en el Consejo Superior no se metían en el debate.
En este momento, la fuerza que adquiere el movimiento estudiantil es porque hay una posición desde el gobierno a favor de una elección democrática de rector. Y Leopoldo, obviamente, encaja en este momento. Ahora cómo va a pedir que entre los estudiantes se discuta cómo deben ser los cursos de extensión, cómo deben ser las maestrías”.
¿Cree que va a pasar así?
“Pues él ya lo dijo en su primera declaración. Es un llamado a la democracia, pero cuando uno vive, como vimos nosotros, los diálogos regionales vinculantes, pues ahí hay un momento en que usted no le puede hacer caso a todo. Eso está muy estudiado desde Platón para acá. Pasar de las preferencias individuales a las preferencias colectivas es un reto.
Kant decía, haz que tu norma moral la pueda proponer como norma moral universal. A él no se le ocurría otra cosa. A Rawls se le ocurre una cosa que es el velo de la ignorancia”.
¿Será que lo que busca Petro es que a partir del movimiento constituyente en la universidad surjan entonces exigencias para el resto de la sociedad para cambiar la Constitución?
“¿Qué puede salir de una constituyente universitaria? Un montón de ideas sueltas. ¿Cómo se ordenan esas ideas? Es decir, el movimiento estudiantil dice, exigimos nombramiento popular de rector. Y supongamos que una asamblea de 2.000 estudiantes, 1.800 dijeron que sí. De ahí entonces ¿el resto de universidades públicas tienen que elegir democráticamente un rector?. ¿O las universidades privadas?.
Estos días salió un artículo muy bonito diciendo que Habermas está muy triste con los trinos y con toda esta gritería de los trinos, y que en su teoría de la acción comunicativa siempre tenía también la duda de que uno puede conversar con otra persona tres días y a los tres días alguien tiene que decir suficiente ilustración, votemos.
Es decir, la llamada democrática de participación tiene un límite intrínseco que es la imposibilidad del acuerdo. La imposibilidad de que todos lleguemos a la misma conclusión. Después de un sueño de democracia deliberativa, pasar a la votación, pues es brutal”.
No necesariamente lo que la mayoría piense es lo bueno porque entonces ¿para qué la ilustración?
“La mayoría puede llegar a los totalitarismos. Entonces a mí me parece muy peligroso lo que está pasando en la universidad, muy poco conveniente”.
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Muchas de estas críticas las hizo González en un foro sobre educación superior organizado por la Universidad EIA la semana pasada.
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