El Editorial del Diario La Nación, de Neiva, señala que “los estudiantes colombianos están viviendo un momento histórico y, ante la efervescencia y el calor de las conquistas, no deben perder el rumbo ni la sensatez, ni darle un enfoque de una sola línea ideológica a la discusión”.
El país no recuerda, ni en épocas pasadas ni recientes, un movimiento estudiantil de la magnitud del que se está viviendo ahora, provocado por la inconsulta presentación del proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992 de Educación Superior. Y a fe que Colombia, en general, ha recibido con beneplácito tal marea juvenil por un propósito más que loable: el acceso de todos a la educación profesional y el sustancial mejoramiento de la calidad de enseñanza. A nadie cabe, racionalmente, oponerse a tales postulados. Y, de contera, los métodos de protesta han surgido, por fin, de la manera creativa y pacífica que siempre se ha esperado de quienes están en un nivel avanzado de educación.
Sin embargo, las mieles de su popularidad y de la notable aceptación que han obtenido del país entero, y del exterior, pareciera estar embriagando a los líderes estudiantiles. El éxito obtenido frente al mismo Presidente de la República los está llevando mucho más allá de los propósitos centrales del movimiento y ya se plantean asuntos que no corresponden, y desbordan, lo que debe ser el enfoque de la protesta. El retiro del proyecto de reforma, exigido como punto indiscutible y activador del movimiento, no bastó siquiera para que los líderes dieran muestras de la necesaria madurez en momentos críticos y, muy al contrario, les llenó artificialmente las ganas de mayores conquistas, convirtiendo sus deliberaciones y respuestas en verdaderos pliegos de condiciones que no estaban contemplados en la agenda inicial.
La gota que está rebosando la copa de tal embriaguez exultante es la petición hecha ayer al Primer Mandatario, exigiendo no sólo que se retire la señora Ministra de Educación sino también poniendo el nombre de la actual alcaldesa (e) de Bogotá, Clara López, como la sucesora. Tal exigencia del movimiento estudiantil es un hondo paso en falso, una necedad no sólo impertinente sino agresiva contra un mandatario que, además, ha sido solícito a escucharlos, considerar sus planteamientos y conceder, como ya lo hizo, el retiro de la iniciativa legislativa.
Los estudiantes colombianos están viviendo un momento histórico y, ante la efervescencia y el calor de las conquistas, no deben perder el rumbo ni la sensatez, ni darle un enfoque de una sola línea ideológica a la discusión. El desliz de permitir la injerencia de voces con intereses politiqueros, como la aparición de la ex senadora Piedad Córdoba y otros en Bogotá, deja agridulces sensaciones entre los colombianos que han aplaudido la tarea juvenil. La educación no es un asunto de sólo pobres o ricos o de derecha o izquierda, es tema vital para el conjunto de la Nación, su presente y su futuro. Que no se pierda la esencia ni se desperdicie el momento.
“La educación no es un asunto de sólo pobres o ricos o de derecha o izquierda, es tema vital para el conjunto de la Nación”.
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