El representante liberal a la Cámara de Representantes, Simón Gaviria, hace un análisis, en el diario Portafolio, sobre cómo el uso del crédito educativo y los recursos de Icetex no han cumplido exactamente los objetivos prioritarios, por lo que debe replantearse dicho esquema.
Es muy importante cumplir las metas, y es más significativo, realizarlas cuando uno mismo define cuáles son. Siempre ha existido un temor que al imponerles metas a los funcionarios públicos, ellos trabajen sin creatividad, simplemente con la obsesión de hacerlas. También preocupa que cuando los mismos trabajadores definen sus metas, las ponen bajas para no tener que esforzarse para cumplirlas.
Mi profesor de estadística siempre decía que había ‘mentiras, grandes mentiras, y estadísticas’. Esta es la realidad de la política pública en materia de educación superior. En el último cuatrienio, el número de cupos de educación superior aumentó 286.382 según el Ministerio de Educación, algo cercano a un crecimiento anual de 5,5 por ciento.
Esto es poco notable cuando vemos que el gran incremento viene, en su mayoría, de cupos en educación técnica y tecnológica, y que la deserción en el 2009 aumentó 1,2 por ciento, por primera vez en siete años. Estamos algo lejos de una revolución educativa.
Durante el 2009, el Icetex colocó 41.552 créditos nuevos y se renovaron 174.358 para un total de 215.910. La cartera, hoy por hoy, asciende a 1,45 billones de pesos. Se cumplió con la meta impuesta por el mismo Ministerio el año anterior, pero en materia de más eficiencia no es gran cosa; hacer una convocatoria por Internet y adjudicar a los que cumplen los requisitos. El crecimiento en materia de cobertura está directamente relacionado a los recursos que se consigan ese año. Por ejemplo, en el 2006 el informe de rendición de cuentas del Icetex proyectaba 348.433 créditos y una cartera de 2,4 billones para el 2010. Como no apareció la plata, tuvieron que reacomodar la meta.
La verdad sea dicha, la revolución educativa que requiere Colombia -tasas de cobertura del 50 por ciento en educación superior- necesita grandes recursos. Probablemente la situación fiscal del país no permita el aumento radical de presupuesto que se requiere, pero eso no es excusa para no hacer más con lo que tenemos: la cartera del Icetex se debe titularizar. En otras palabras, vender la cartera para recibir recursos frescos y sacar aún más créditos.
Como están las cosas actualmente, la plata del Icetex al otorgarse queda atada durante la vida del crédito (de 5 a 10 años). Mientras tanto, la titularizadora calcula que un patrimonio de 1,0 billones de pesos, como el del Icetex, se podría rotar en un periodo de 10 años por lo menos entre 5 y 8 veces. Es decir, con los mismos recursos que tenemos hoy podríamos otorgar más de un millón de créditos para la educación superior.
Internacionalmente, después de los créditos de vivienda, los más fáciles para colocar como bonos en el mercado son los de educación. Su larga duración los hace apetecidos para los fondos de pensiones. En Colombia pasa lo contrario; como el Icetex necesita recursos para reinyectarle al sistema, requiere colocar créditos de corto plazo. Esto lleva a que, aunque la tasa de interés sea razonable, la amortización del crédito es tan apresurada que las mensualidades les salen muy altas a los estudiantes. La titularización no sólo permitiría recursos frescos, también garantizaría más créditos de largo plazo al Icetex para hacerles la vida más fácil a los estudiantes. Qué bueno sería que en un país como Colombia sea más común que alguien tuviese educación superior a que no.
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