¿Al caido caerle?

Mireya Ardila Rodríguez, PhD en Calidad y Evaluación de Instituciones, Programas e Intervención Psicopedagógica y Docente asociado de la Universidad Pedagógica Nacional, considera que la minsitra Campo debe continuar asumiendo el compromiso de liderar y conducir una de las “locomotoras” del plan de gobierno, que  incide en los procesos de consolidación de la paz, desarrollo y sostenibilidad de la economía del país y posibilidades de crecimiento y evolución de  imagen en el contexto internacional.

 

La ratificación de la Ministra de Educación María Fernanda Campo, escapa, como pocas veces sucede, a la crónica de una muerte anunciada. Este escape provoca sentimientos, al parecer mayoritarios de rechazo, critica y preocupación expresa por la importancia que, desde el gobierno se le está otorgando a la educación en Colombia.

Entonces, recapitulemos y tratemos de encontrar el porqué la doctora Campo, debe continuar asumiendo el compromiso de liderar y conducir una de las “locomotoras” del plan de gobierno, que  incide en los procesos de consolidación de la paz, desarrollo y sostenibilidad de la economía del país y posibilidades de crecimiento y evolución de  imagen en el contexto internacional.

La verdad, la respuesta a esta pregunta no es fácil de concretar e integrar en una sola, pero, desde mi perspectiva, a la doctora María Fernanda Campo y a su equipo de colaboradores, de una parte, se les brinda tácitamente la segunda oportunidad de demostrar a la comunidad académica y al país en general, que la experticia en temas de generación de política y direccionamiento de procesos  corresponde a  los viceministros frente a la cartera de educación, esta experticia esta reconocida, para los viceministros actuales. De igual forma, que la experiencia en la gerencia de instituciones con dimensiones sociales y económicas como la Cámara de Comercio, no se encuentra en la orilla del camino.

De otra parte, me pregunto: ¿Estamos dispuestos a asumir el compromiso ético y social, que como actores en este escenario tenemos políticos, educadores, estudiantes, padres de familia, gremios, etc.? ¿Este compromiso debe estar representado en la entrega oportuna de crítica, control, acompañamiento, asesoría y vigilancia a la gestión del equipo de la Doctora Campo? ¿Quienes de nosotros estamos dispuestos a presentar a la opinión pública y al Ministerio de Educación, propuestas como las que tuve la oportunidad de observar en la cámara de representantes por parte del profesor Leopoldo Múnera o del ingeniero consultor Luis Fernando Páramo (contadas con lupa)? Seamos sinceros, MUY POCOS, ¿Por qué? Porque en la cultura académica y la cultura colombiana, la crítica se encuentra en el orden del día, pero, generar propuestas de acción, trabajar con entrega, compromiso y eficiencia por algo que no representa dividendos inmediatos no está en la agenda de los actores.

Finalmente, recuerdo, como en esta escena y escenario, se cumple cada día con mayor frecuencia y, confesando el dolor de patria que me asiste, la famosa consigna de un extranjero quien sostiene “el problema de la educación en Colombia, radica en la enorme distancia que existe, entre su pretenciosa retórica y la timidez y pobreza de propuestas de acción por parte de su comunidad académica”.

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