Inventos de los gobiernos ratifican abandono de la Universidad Nacional de Colombia

Cristian Valencia, columnista de El Tiempo, sugiere que el Estado debería replantear la manera como hace inversiones en educación superior y dirigir sus esfuerzos a fortalecer su más importante universidad pública, para mejorar la cobertura y la calidad, por encima de otras instituciones.

Los países desarrollados fortalecen la universidad pública porque saben que ese dinero se multiplicará cuando esos profesionales comiencen a producir bienestar social y económico.

Noticia increíble. ¡Extra! En Bogotá, la sede física de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia no existe. Estaba tan mal que tuvieron que demolerla.

Hoy en día, el lugar donde quedaba está protegido por un cerramiento, de esos que se hacen mientras se construye algo. En este caso no es para eso. Es para tapar el vergonzante hueco, donde nadie está haciendo nada. Cuando pasé por allí pensé que podría tratarse de una metáfora sobre la educación pública del país. Pero mi amigo Valentín, que estudió arquitectura cuando todavía existía esa sede, me hizo caer en cuenta del error. No es una metáfora, es una evidencia, una prueba fehaciente del abandono de la educación pública por parte del Estado.

En los últimos 20 años todas las universidades privadas han construido nuevos edificios, han fortalecido su planta de profesores y dedicado más dinero a la investigación. Incluso, universidades emergentes, las de garaje, hoy en día exhiben orgullosas nuevas sedes en modernos edificios. En este país la educación privada se fortalece con los años, mientras la educación pública se debilita. Lo primero pasa porque así debe ser en una economía de mercado. Lo segundo pasa por simple y llana miopía o perversión del Estado.

En este país han hecho de todo para acabar la Universidad Nacional. A lo largo de los años han recortado muchos beneficios que tenían los estudiantes con menos recursos económicos. Acabaron con las residencias estudiantiles, en donde podían vivir los estudiantes de provincia a cambio de una suma irrisoria; también acabaron la cafetería, en donde podían desayunar y almorzar a precios muy bajos; eso sin contar los exámenes neoliberales que le hacen a la universidad cada tanto tiempo, de los cuales deducen que no es un proyecto viable, y entonces le recortan presupuesto o no se lo amplían (que es una forma de recorte). Pese a todos esos golpes, la Universidad Nacional de Colombia está ‘ranqueada’ por organismos nacionales e internacionales como una de las dos mejores universidades de este país.

Los países desarrollados fortalecen la universidad pública porque saben que ese dinero se multiplicará cuando esos profesionales hagan de las suyas en la vida laboral y comiencen a producir bienestar social y económico. En Colombia todos podemos sacar conclusiones sin tener que pensar mucho.

A simple vista, el programa ‘Ser pilo paga’ se ve de lo más titino. Me pregunto si con ese dinero no sería mejor fortalecer la Universidad Nacional en toda Colombia, fortalecer la educación pública en serio, sin tacañerías.

También es loable que el Ministerio de Educación pretenda poner en cintura a todas las universidades de garaje. Eso también se ve de lo más cuco. Pero quizá la mejor manera de ponerles coto a esas universidades es fortalecer la Universidad Nacional, su cobertura, sus sedes, su planta de profesores. La mayoría de esas universidades de garaje existen porque no hay otras oportunidades de capacitarse, porque la Universidad Nacional no tiene cómo (léase dinero) admitir más estudiantes.

Está muy bien que se inventen cosas nuevas sobre la educación en cada gobierno de turno. Pero todos sabemos, incluso ministros y presidentes, que esos inventos se hacen para ocultar el abandono en que tienen a la Universidad Nacional de Colombia. Lo único realmente necesario al respecto es fortalecer la educación pública. Nada más. Eso ya está inventado y funciona bien en Alemania, Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Francia, España, Brasil, México, Argentina, India, China, Japón y muchos etcéteras.

Es como quererse a uno mismo. De eso se trata.

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