“La educación en Colombia se presenta como un derecho, pero en la práctica es un privilegio”

“La educación en Colombia se presenta como un derecho, pero en la práctica es un privilegio”

Junio 5/23 Es más, reproduce, en vez de eliminar las jerarquías sociales. Estas son conclusiones del libro “Élites: negocios y estructuras del poder en Colombia”, editado por el Politécnico Grancolombiano.

Para comprender la situación de la educación superior en Colombia, docentes del Politécnico Grancolombiano realizaron una investigación a través de un marco histórico, teórico, legal y económico sobre la hegemonía de los sistemas de financiación dentro de la educación superior a través del crédito educativo y sus repercusiones dentro de la sociedad latinoamericana. Los resultados fueron presentados en uno de los capítulos del libro ‘Élites, negocios y estructuras del poder en Colombia’, editado por los investigadores del Politécnico Grancolombiano Jaime Wilches y Claudia Milena Pico.

El libro tiene el propósito de hacer un llamado para que el uso del concepto de ‘élite’ trascienda a otros campos que también inciden en la sociedad diferente al económico y político, pensados desde las dimensiones culturales, mediáticas y en especial desde la educación. Allí se afirma que: “La educación superior en Colombia y en América Latina se caracteriza por la falta de cobertura y la creciente demanda de estudiantes en los últimos años. Por lo tanto, para suplir estos factores se creó el crédito educativo como una solución”.

En el informe, la gran conclusión de la investigación es que en Colombia la educación se presenta como un derecho, cuando en la práctica es un privilegio. Al respecto, indica que, entonces, los créditos educativos se convirtieron en la principal herramienta de acceso a la educación superior, una herramienta promovida por los últimos gobiernos.

No obstante, advierte que aunque el sistema de créditos ha funcionado, hay un panorama preocupante debido al endeudamiento progresivo que han tenido las universidades ante instituciones bancarias y financieras para poder sustentar temas de infraestructura, matrículas, currículos, entre otros.

Particularmente en el capítulo sobre la “Caracterización histórica y legal de las instituciones de crédito como élites orientadoras del sistema de educación superior en Colombia (2000-2016)”, de Paola Andrea Garzón Espitia y Andrés Felipe Nieto, se indica que “en la educación colombiana se presenta segregación, pero no relacionada a la raza, sino con las clases sociales. Por ejemplo, en Bogotá hay un sistema educativo que ofrece sus servicios según el estrato con niveles diferenciales de calidad; asimismo, impone una clase de apartheid educativo donde los ricos estudian solo con los ricos y los pobres solo con los pobres. Por ello, el sistema educativo colombiano no elimina las jerarquías sociales, sino que, por el contrario, las reproduce a tal punto que pasan de ser una cuestión netamente educativa, a un asunto cultural, ya que el problema no solo recae en las ayudas que brinda el estado, sino también en la mala calidad de vida y economía en la que vive más del 20 % de la población colombiana, lo que dificulta el poder garantizar el acceso a una educación de calidad”.

Cambio en el concepto de Universidad

Esta idea también se maneja en la publicación, al indicar cómo “la educación superior como idea de desarrollo u ascenso social ha ido transformándose a través del tiempo, permitiendo cambios significativos. Uno de ellos es el cambio de concepto de la universidad, que dejó de verse como una élite ilustrada y privilegiada, muy rígida, con escasas oportunidades de acceso, a una idea de ascenso social posible y llena de oportunidades. Pero este concepto se alimenta con la idea de que los créditos educativos suplen esas necesidades de ascender socialmente a través de la educación superior, prometiendo una mejor calidad de vida y posibilidad de ascenso gracias a ella”.

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