La educación superior necesita más recursos

Análisis de José Jaramillo Alzate, en El Colombiano.

Es justo y necesario incrementar los aportes a la educación superior, en la evolución que debe tener y en lo que permite facilitar el acceso de quienes no pueden hacerlo por falta de sus recursos económicos.

Se beneficiaría así a aun alto volumen de estudiantes que terminan su bachillerato, además de intensificar la formación profesional, dimensionándola hacia las zonas rurales, con aplicación de las nuevas metodologías y el uso de los medios de comunicación en los sistemas semipresenciales y a distancia.

Este sistema se ha caracterizado “por ser la universidad que va a los estudiantes y no los estudiantes que van a la universidad”.

Es lo que se ha definido como Universidad Desescolarizada, presentada como un modelo alternativo de instrucción a nivel superior, considerando que anualmente se quedan sin ingreso a las universidades más de 100.000 bachilleres y que la relación entre educación y trabajo es uno de los grandes temas del desarrollo social, al igual que la relación entre educación y derechos cívicos.

El reajuste que debe hacerse al presupuesto aprobado para la educación superior debe convocar la voluntad del Congreso y la colaboración general, como estaba previsto en el proyecto de ley creadora de la tasa educativa nacional como solución complementaria a los recursos para mantener la cobertura y la innovación en todos los niveles educativos.

El desconcierto que se ha creado con el deficiente aporte presupuestal a la educación superior justifica las reacciones conducentes a obtener la asistencia financiera necesaria para el ejercicio de sus funciones, que nos permita avanzar en lo que hoy se determina como “Sociedad del Conocimiento”.

Y como la universidad, nuestra alma máter, es de todos y para todos, debe evitarse el estacionamiento que ocasionan los paros y los daños a su estructura física, a su dotación instrumental y al robo de sus equipos, actos que afectan su capacidad económica.

El estudio de soluciones a los problemas, la crítica, el análisis y las propuestas, juegan más en los principios universitarios de formación, no compatibles con la violencia y el desorden.

Por eso, con un sentido de unidad y pertenencia se deben abrir las nuevas fuentes que permitan incrementar los recursos para la eficiente preparación que hoy imponen los planes y procesos del desarrollo.

El apoyo a la educación superior hay que entenderlo como un compromiso de todos, porque como lo afirma Fernando Savater en su obra El valor de educar, “en las sociedades democráticas la educación no es algo meramente opcional sino una obligación pública que la autoridad debe garantizar y vigilar”.

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