Sept/23 Para Cárdenas, director del Observatorio Iberoamericano de sociopolítica, cultura y ambiente-Universidad de La Sabana, los desarrollos tecnológicos y la inteligencia artificial parecen estar ganándole el pulso a la educación tradicional y sus esenciales valores.
La inteligencia artificial y los medios tecnológicos digitales se han tomado el mundo de la educación y de la formación ciudadana en el contexto de la llamada sociedad medicalizada. Algunos estudiosos del tema ya vienen hablando de que la inteligencia artificial ha hackeado a los sistemas de conocimiento humanos. Escuchábamos por estos días la siguiente afirmación de una adolescente en un colegio privado clase media-alta en la ciudad de Bogotá:
−Papá y mamá yo quiero ser medicalizada porque mis amigas en el colegio y en el chat lo están y porque lo recomienda la AI, todas van donde el psiquiatra (Risa adolescente). Por lo tanto, no me lleves a la psicóloga que yo quiero es ir, como mis amigas a un psiquiatra.
En este caso, las psicólogas con las que trabajo tienen que luchar con un factor hasta hace poco tiempo desconocido: la identidad personal construida sobre la identidad grupal, cuyo dinamismo identitario y subjetivo hoy lo definen los ambientes sociales digitales por encima de las estructuras de acogida tradicionales (familia, barrio, religión). El campo moral y ético en el contexto de una sociedad medicalizada y dependiente de redes sociales digitales, condicionan la vida de millones de jóvenes, cuyas vidas giran en función de las respuestas “expertas” que sus pares de edad o la IA indican sobre lo que ellos consideran que son los “ideales” de la salud, la sexualidad, el bienestar y el sentido de vida.
Y otro adolescente también por estos días señalaba en un comentario anónimo que circulaba en la semiosfera:
−Me dicen mis amigos virtuales que yo debo ser medicalizado, ya que ellos todos están medicalizados. No creo en otros medios para resolver mis problemas de identidad como chico.
Este niño no socializa con nadie, no quiere ira a la universidad, teniendo los medios, puesto que ya organizó un emprendimiento con amigos virtuales que han acumulado en sus palabras “mucho dinero” y que son los que vienen incidiendo de manera muy profunda en su identidad personal y de género. Es un chico, como el mismo afirma: muy confundido y deprimido.
El contexto de la situación y su relación con la educación
La educación hoy vive el boom de la inteligencia artificial. Todo se convirtió en medios digitales. Y percibo que es poco de lo que se habla hoy en educación en referencia a los sentidos transformadores que la educación está llamada a cumplir desde un sentido humanista, antropológico o filosófico. Es más, la filosofía de la educación dejó de ser la disciplina que orientaba el mundo de la educación. Lo que tenemos hoy es la prevalencia de modelos conductistas y behavioristas que marcan el juego en función de las demandas del mercado, de la contratación con el Estado o la consultoría con la ONG o universidad internacional.
Parece ser que la Inteligencia Artificial es la que va a orientar el mundo de la educación en el seno de la medicalización cada vez en aumento de niños, adolescente y adultos, y cuyas identidades hoy se definen en función del fármaco que se les ha medicado, y que es controlado en su dosificación por una aplicación muy innovadora, y por la propaganda moral existente en redes sociales que son las que alimentan y sitúan nuestras vidas.
Parece que todos hemos convertido las herramientas digitales, que sin duda nos facilitan muchas tareas, en la esencia de nuestras vidas. La educación pareciera que ya no es objeto de mayor deliberación por parte de los especialistas a quienes la sociedad les ha otorgado dicha tarea: los educadores. Y hablo de la categoría de educación como objeto de reflexión académica, universitaria e investigativa y, por lo tanto, dimensión crucial de orden intelectual que debería de estudiarse con toda la profundidad en las de universidades y por parte del propio Estado.
No creo que sea descabellado afirmar que no estamos ordenando las necesidades educativas por orden de importancia. Hoy en muchos ambientes educativos, familiares y sociales, lo más importante son los medios digitales, la aceleración de todo en el campo de lo cotidiano pasa por lo digital; estamos descuidando lo esencial de la vida: el encuentro, la conversación, la visita al parque, y los juegos tradicionales (golosa, escondite, la lleva, el tambor de hojalata, el encuentro con amigos del barrio). Desde luego, y lo vuelvo a afirmar, la inteligencia artificial y todas las herramientas digitales son objetos en los que tenemos que invertir como sociedad, como instituciones educativas y como familias.
Todas las herramientas a lo largo de la historia han buscado facilitarle al hombre la vida. Pero la herramienta, por importante que sea, no es la esencia del ser humano y tampoco es la esencia de la formación de personas y de la sociedad. La educación de la persona, su agenciamiento, no pasa del todo por los medios digitales. La riqueza (no solo material) de una sociedad y de una cultura, tal como lo reconocen las grandes tradiciones civilizatorias, está desbordada de conocimientos y riqueza interior, que hoy estamos dilapidando ante el auge del boom de lo tecnológico. Y lo repito: lo tecnológico, en sí mismo no es el problema; el problema radica en pensar la educación como estrictamente vinculada a unas “competencias digitales” o computacionales que arroyan todos nuestros hábitos culturales, dejándonos llevar y obnubilar por las cartografías digitales que terminan convirtiéndose en el mapa de nuestras vidas personales e institucionales.
El ciudadano zombi se construye en instituciones zombis que no enseñan, ni tienen tiempo para enseñar el lenguaje de la vida, de los pájaros, del viento, de la montaña…Un zombi que vive todo el día pegado a su celular o a su pantalla de computador está transitando por terrenos que no le dejan ver y escuchar el plano de la vida en toda su vitalidad. El buen uso de las herramientas digitales es fundamental en la formación ciudadana y personal. Hoy el tema de lo digital/IA en sus usos, apropiaciones, posibilidades debe ser objeto de reflexión crítica por parte de todos, pero principalmente por parte de los educadores, incluidos los padres y principalmente ellos. La organización institucional y la organización estatal deben fomentar una discusión sobre lo esencial y lo fundamental en el horizonte de una filosofía de la vida, cuyo trasfondo desborda el ámbito de la pantalla digital/IA y se sitúa en la experimentación de la vida y en la vivencia de la lógica de la experiencia.
Es curioso ver las grandes inversiones financieras en aulas físicas, edificios y medios tecnológicos que gastan las instituciones educativas, sin embargo, en las pocas zonas verdes que en algunos casos se conservan, no hay una escultura, un juego o un espacio construido mediante índices, iconos o símbolos que inviten al performance educativo, lúdico o teatral. Pensamos los parques exclusivamente como zonas verdes con árboles y son pocos los que tienen objetos didácticos o pedagógicos que llamen al juego, al ocio creativo. Eso sí nos hemos llenado desde hace unos meses de expertos sobre inteligencia artificial, pero somos incapaces de construir parques temáticos u objetos de arte y juego al interior de nuestros sistemas escolares y universitarios, ignorando todos los avances sobre el tema del performance educativo experiencial por fuera del aula en propuestas educativas que se forjaron desde los años sesenta del siglo XX en Europa y América Latina. Son pocas las universidades, la verdad no conozco ninguna, ni siquiera la mejor universidad de América Latina, la UNAM, que cuentan con un teatro abierto en sus zonas verdes. Las universidades se han llenado de parqueaderos, computadores y edificios y las que conservan zonas verdes, sólo siembran árboles, no hay indicios que inviten al juego, al descubrimiento a la experimentación ociosa.
Los breves testimonios de los niños que quieren ser medicalizados y al que nos referíamos al inició de este texto, nos señalan la superficialidad y la falta de hondas necesidades existenciales con las cuales como sociedad estamos educando a los jóvenes en la sociedad contemporánea. La tecnología siempre ha sido un canal para ordenar la vida del ser humano. Sin embargo, el boom tecnológico nos está conduciendo por unos niveles de superficialidad en el ordenamiento de la vida que refleja la negligencia académica, institucional y estatal ante los problemas de fondo de la educación.
Niños medicados; niños y adultos que pasan horas scroliando ante un celular o una pantalla son poderosos signos que deben ser considerados en términos de la relación que llevamos como individuos con las fuerzas de la vida que deberíamos estar gozándonos, explorando y conservando: el paisaje, el territorio, el espacio verde, la urbe, la calle, el misterio, la comunidad, la montaña, el río, el libro, y el otro en toda su alteridad.
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