El Observatorio de la Universidad Colombiana




La generación que protesta, hija de la formación por competencias: Felipe Cárdenas -mayo/21

En esta ocasión, el profesor universitario Felipe Cárdenas Támara Ph.D, muestra cómo los jóvenes que participan del paro nacional han sido educados, en colegio y universidad, bajo el modelo impuesto desde el primero gobierno de Alvaro Uribe, que se obsesionó por la calidad educativa, privilegiando determinados conocimientos, disciplinas y áreas del saber (ingenierías, matemáticas, ciencias naturales) en desmerito de las humanidades y las ciencias sociales.

La generación de las competencias ciudadanas: las paradojas de la colonización educativa de los sistemas escolares en Colombia

Millones de jóvenes en Colombia han puesto a temblar al gobierno neoliberal de Iván Duque, cuyo padre putativo en la política es Álvaro Uribe Vélez. El Paro Nacional indefinido impulsado principalmente por jóvenes entre los 16 a 28 años ha sido una movilización que expresa los reclamos de los jóvenes hacia un gobierno y un sistema social, educativo y político que tendrá que repensarse de manera sincera y transparente en su relación con los jóvenes bachilleres, quienes se han manifestado con contundencia a todo lo largo del mes de abril y mayo del año 2021.

Estos jóvenes que han gritado con fuerza, vigor, valentía y creatividad, son paradójicamente la generación formada a la luz de la agenda ideológica de las competencias ciudadanas, propuesta educativa que se impulsó desde el primero gobierno neoliberal de Álvaro Uribe Vélez, en el año 2002 y que fue conducido desde el Ministerio de Educación Nacional por la ministra María Cecilia Vélez White. Se hace importante recordar y subrayar que la propuesta del enfoque de competencias en educación, si bien el ministerio la presentó como propia, su origen viene de los dictados de organismos internacionales (OCDE, Plan Bolonia) que difundieron la propuesta a nivel mundial, y que en el caso colombiano se difundió desde las directrices del MEN hacia los establecimientos educativos.

Es importante subrayar, que el enfoque de competencias, impulsado por el MEN, como propio no lo es. Colombia, no tiene una agenda educativa propia. La generación de jóvenes que se encuentra en la calle ha sido educada desde un enfoque educativo importado y que tampoco viene de la teoría educativa o de la filosofía de la educación.

Miles de jóvenes en las calles de Colombia, se declaran abiertamente anti-uribistas, no son conscientes, que el modelo educativo desde el cual se han formado responde a un enfoque que se configuró en el caso de Colombia desde el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2006) y que se han mantenido vigente a lo largo del régimen político que Uribe ha consolidado desde ese entonces, y que se mantiene vigente en el actual gobierno de Duque, es el que los formó y los viene formando en el plano educativo. 

Lo que merece atención y es una paradoja es que el enfoque de competencias en educación reproduce en los jóvenes del país la repulsión que está en la base de sus reclamos. Me explico: El enfoque por competencia (as) ha desplegado en los últimos 30 años a nivel mundial, toda una subjetividad institucional obsesionada por medir el desempeño de todos los actores del sistema educativo y está directamente vinculada esta nueva subjetividad institucional con su agenda de control y seguimiento a los mecanismos de estandarización y medición de la calidad que hoy marcan los ritmos y la vida de los procesos de autoevaluación y de la acreditación de las instituciones educativas en el marco de unos estándares de calidad que define el Estado y/o agencias de acreditación internacionales y cuyo efecto se expresa en la pérdida de la autonomía universitaria, en la infantilización y sumisión de la academia a un discurso cuyas bases están lejos de basarse en una teoría o filosofía de la educación (Cárdenas, 2021).

La obsesión por la optimización de la calidad educativa (discurso ingenieril), los resultados de aprendizaje y la relevancia práctica, ha desfigurado la vida en las universidades y sistemas escolares, ya que se terminan, privilegiando determinados conocimientos, disciplinas y áreas del saber (ingenierías, matemáticas, ciencias naturales) en desmerito de las humanidades y las ciencias sociales que vienen siendo desmanteladas de los planes de estudio y de la oferta académica a la que pueden acceder los jóvenes bachilleres en los países del mundo.

La universidad y los sistemas escolares han sido colonizadas por un esquema mental ingenieril centrado en la optimización y la eficiencia; se ha renunciado a la formación de la persona, como expresión de la categoría política y educativa más importante con la que ha contado la sociedad humana en la configuración del mundo y del ethos occidental (Walsh, 2020,2016, Voegelin, 2006).

Pienso que los jóvenes en Colombia no sólo están protestando contra la falta de empleo y de oportunidades laborales. En el fondo, por un lado, la generación de las competencias ciudadanas, está protestando de manera inconsciente contra un sistema escolar que desfiguró la educación desde el impulso hegemónico de la psicología conductista, la obsesión por designar todo a la luz de comportamientos observables y medibles que ocurren como resultado del aprendizaje; por otro lado, los constructivistas, por su parte, usan la palabra competencia-habilidades para ilustrar una construcción de capacidades que provienen de una interacción entre individuos que participan en un proceso común, y cuyo relato dominante instrumentaliza la educación en función de un operario técnico, cuyo horizonte de vida está marcado por el fordismo y el taylorismo.

La generación de las competencias ciudadanas, hijas de enfoques instruccionales en el campo de la educación, aspiran a ser mirados y comprendidos no solamente como rendimiento orientado a satisfacer las competencias que reclama la empresa.

Cuando se habla de la necesidad de mirar de manera reflexiva y autocrítica lo que ha vivido Colombia en los meses de abril y mayo del 2021, se torna fundamental que las instituciones educativas del país definan agendas propias que vayan más allá de lecturas cuasi-educativas, hoy centradas en la obsesión cuantitativa del rendimiento medible y cuantificable de todos los actores del sistema, lo que ha llevado a los sistemas educativos a perder el significado de sus misiones fundacionales.

La generación de las competencias educativas, en sus justos reclamos nos recuerda que la educación es más que desempeños, resultados de aprendizaje, medición de horas de clase, o gráficos orientadas a medir la calidad de la educación. Cuando esta generación de las competencias educativas, se expresa, sus voces conscientes e inconscientes enuncian en lo más profundo del ser, una crítica a un enfoque educativo que olvidó el plano del ser, la cultura, el arte, ocio y la persona humana. En su raíz más profunda, los mensajes de los jóvenes, no sólo de protesta contra el gobierno del presidente Duque, lo que están denotando y connotando es una crítica a la reproducción de la inoperancia, a la estrechez de mira y visión de mundo del taylorismo economicista, la organización de la educación, sólo en función del trabajo y de la acumulación de capital.  

Las marchas ciudadanas, impulsadas por los jóvenes e indígenas, en su mensaje más potente nos recuerdan a educadores, universidades, familias y sistemas escolares que la educación no se puede arrodillar al mundo industrial y financiero y pensar que es desde esos horizontes que se define el sentido más profundo de la educación y la pedagogía. Bienvenidos a la generación de las competencias ciudadanas, ellos nos enseñan ‒como dice la cartilla del MEN (2003)‒ “lo que se debe saber y saber hacer”.   

Compartir en redes