Mayo 4/18 Así lo señala “La Innovación en los procesos de acreditación de las Instituciones de Educación Superior”, de Luz Mercedes Flechas Mendoza, libro editado por la Fund. Univ. Los Libertadores.
Como el concepto de “innovación” está subutilizado, manoseado, ensombrecido, inadvertido o limitado al ser asociado AL I+D+I como una categoría de calidad, termina siendo polisémico y acuoso, a tal punto que las agencias acreditadoras no saben qué demandar a la universidad, por lo que hay falta de coherencia y consistencia en estos procesos de evaluación.
Flechas, quien se desempeña como directora de Autoevaluación y Acreditación de Los Libertadores parte del hecho de que la innovación se constituye en un elemento importante que, en la mayor parte de los casos, no ha sido impulsado o motivado desde procesos de acreditación, sino desde otras variables relacionadas con el crecimiento, la competitividad, el mercado, la necesidad de generar otros recursos y los procesos de regulación externa, entre otros.
Señala que la innovación se constituye en un elemento importante que, en la mayor parte de los casos, no se encuentra muy bien definido, y no se ha impulsado o motivado desde las agencias acreditadoras, sino desde otras variables.
El CNA, entidad acreditadora colombiana, en sus lineamientos no expresa explícitamente el peso que tiene la innovación para obtener o renovar dicha acreditación, a pesar de que en algunos de los indicadores que evalúa demanda contar con esta y exige, además, a las IES tener planes de mejora, mantenimiento e innovación.
Todo lo anterior lleva a plantear que la innovación cobra sentido si se fundamenta en la capacidad que tengan las IES para monitorearse, evaluar su propio desempeño, generar resultados, implementar procesos de mejora continua, producir conocimiento aplicado y trabajar de manera colaborativa, entre otras.
Ratifica que el concepto de innovación no está depurado y se confunde con otras denominaciones (como, por ejemplo, emprendimiento, creación, cambio, transformación y revolución, entre otras).
Por lo mismo, las agencias acreditadoras como reguladoras y veedoras de la calidad no saben qué demandar a la universidad, de manera que se forma un círculo vicioso. La universidad no sabe y la agencia no sabe; sin embargo, todos lo exigen y todos creen que lo hacen y, más allá de ello, se parte del supuesto de concebirse como innovadoras cuando ni siquiera se desarrollan procesos que generen cooperación con otros actores para promoverla. Se deduce del estudio que hay una falta de coherencia y consistencia, pues si no hay claridad de lo qué es la innovación, no se entiende cómo se logra caracterizarla, clasificarla e incluso identificar criterios para su medición. Resulta curioso que se pueda medir algo que no se logra definir claramente.
Concluye que la acreditación de calidad per se no genera ni limita la innovación institucional, sino que concientiza e incentiva a los individuos a repensar las prácticas institucionales.
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