La mala hora de la ministra Aurora Vergara: Carlos Mario Lopera P.

La mala hora de la ministra Aurora Vergara: Carlos Mario Lopera P.

Mayo/24 Para Lopera, director de www.universidad.edu.co, es claro que la Mineducación carece de liderazgo, autoridad y experiencia para superar, con éxito, los destinos de la educación superior.

La ministra de Educación parece ser una muy buena persona: Es joven, muy trabajadora, con mucha energía para atender la congestionada agenda sectorial, con un alto nivel de formación profesional, prudente, no casa peleas, invita a concertar, y su historia de vida y pasión por la educación como palanca social de cambio, de nivelación de oportunidades y de autoestima y dignidad, la destacan entre los ministros de este desaforado, poco técnico, político y activista gabinete del presidente Gustavo Petro.

Todos los rectores y directivos de la educación superior la respetan como persona, pero comienzan a guardar silencio a la hora de evaluar su desempeño como ministra. Por lo menos en lo superior (que es nuestro campo de análisis), pues cada vez se le ve menos dedicada a hacer seguimiento, pronunciamientos y acciones relacionadas con las políticas y programas para el sector. En cambio sí se le ve mucho en la educación básica y media. Es como si añorara ser alcaldesa o gobernadora en alguna de las regiones del Chocó, Cauca, Valle y Nariño, que es la región del país predilecta para ella y a la que le dedica muchos viajes.

Aurora Vergara lleva 15 meses como ministra de Educación (y seis meses, previamente, como viceministra de Educación Superior de Alejandro Gaviria), y frente a los múltiples anuncios hechos y expectativas creadas por el gobierno al que ella sirve, hay que ser sinceros y decir que sus resultados, por ahora, son muy pobres en educación superior. Salvo el haber logrado impulsar y sacar adelante el decreto 0529, sobre el sistema de aseguramiento de la calidad (cuyos orígenes venían del gobierno anterior y constituían un grito a voces de todo el sector), es difícil hallar otros logros esenciales en lo que lleva este gobierno.

Tampoco se le ve cómoda a la ministra con anuncios y las formas del gobierno Petro. No se la pasa detrás de éste (como por ejemplo sí lo hace la ministra de Ciencias; poco o nada retuitea y hace activismo con los llamados guerreristas del presidente, y cada vez se le ve menos en muchas de las jornadas públicas que lidera el primer mandatario). Prefiere delegar esto en sus dos viceministros, que -más viejos y con más cancha- disfrutan más de la plaza pública y de hacerle eco a Petro.

Además de algunos problemas denunciados en la gerencia de la educación básica y media, y del drama que ha tenido que enfrentar la ministra (con un rostro compungido en la Comisión Sexta del Senado) al reconocer la incapacidad de su despacho para controlar y sacar adelante el tema de la salud de casi 800 mil maestros del país, en el FOMAG (y que políticamente le está costando mucho al gobierno), un corte preliminar de cuentas no le ayuda, pues señala que los prometidos 500 mil cupos en educación superior se convirtieron en una utopía, que la promesa de construir más de 50 universidades complejos educativos y sedes SENA sigue en proyecto, que las actuales IES públicas siguen sin cumplir su sueño de modificar los artículos 86 y 87 de la Ley 30, que la anunciada reforma del Icetex ni siquiera se ha presentado, que el Sistema Nacional de Cualificaciones no arranca, que la formación para el trabajo no recibe la gratuidad prometida, que internamente el Ministerio no logra agilizar muchos de sus procesos de atención al sector, que la educación privada perdió la confianza y tiene miedo del gobierno, que la reforma de la ley 30 se le quedó en el tintero y no ha sido capaz de motivar y liderar al sector para un cambio, y que su gran apuesta -la Ley Estatutaria en Educación- pasó la etapa de la euforia oratoria de la dignidad y la equidad y aterrizó en el difícil campo de lo técnico, lo jurídico y lo presupuestal, y que a 30 días de finalizar la actual legislatura, en un Senado cada vez más molesto con el actual gobierno, aumenta sus posibilidades de hundirse. A favor puede decirse que el gobierno sí ha cumplido sus anuncios, del Plan Nacional de Desarrollo, de dar muebles e inmuebles en extinción de dominio a las IES públicas, pero quien puede cobrar este logro es el presidente de la Sociedad de Activos Especiales, Daniel Rojas, y no Mineducación.

Capítulo aparte, por la dimensión y, sobre todo, la gravedad del incendio que la ministra comenzó (sin querer queriendo) es el caso de la Universidad Nacional de Colombia y que la podría no solo poner en líos legales por incumplimiento de deberes como servidora pública, sino que también la puede catapultar como una de las gestoras de un aciago capítulo para la universidad colombiana y la afectación de la autonomía universitaria. Su falta de habilidad para manejar los “zorros” (o habilidosos miembros) del Consejo Superior, su inocencia para caer en la propuesta del Método Borda para elegir rector, su incoherencia al aceptar los resultados y luego de escuchar al presidente Petro echarse para atrás, y su ambivalencia, dudas y falta de liderazgo como ministra y presidenta del Consejo Superior, llevan a concluir, lastimosamente, que le “quedó grande” controlar a la UNAL.

La verdad  es que la magnitud, dignidad y presupuesto que Colombia asigna a la educación demanda una dirección sectorial que realmente transforme, y que demuestre las competencias gerenciales, presupuestales, técnicas y políticas necesarias para liderar un complejo sector.

La ministra (no se sabe si impuesto por alguna de estas fuerzas clientelistas del gobierno de turno o por decisión propia) decidió que el entonces rector de la Universidad Pedagógica Nacional, Alejandro Álvarez Gallego, la acompañara como viceministro de Educación Superior. Seguramente vio que un señor mucho mayor que ella, que venía de ser rector de una universidad pública, con muchas dificultades, era la fórmula ideal para hacer equipo. Lo que no vio es que se encontró con otro académico, como ella, con pocas habilidades mediáticas, indeciso en sus pronunciamientos y sin -hasta ahora- comprobada capacidad de gestión.   

Ojalá sea una mala hora de la ministra, y no un mal Ministerio para el sector.

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