La parodia de la Parody

William García Rodríguez, profesor de la Universidad del Quindío, cuestiona, en La Crónica del Quindío, el MIDE, e indica cómo estas decisiones de política pública dejan la sensación que la crisis de calidad de la educación superior es responsabilidad única y exclusivamente de las IES y no en la falta de gobernanza del sistema educativo, cuya responsabilidad es del Ministerio y sus actores.

“Una evaluación que haga justicia a todas las universidades probablemente tomaría en cuenta las condiciones sociales y educativas en las que estas instituciones operan y la diversidad de misiones que tienen estas” (informe sobre las ciencias sociales en el mundo. Las brechas del conocimiento. Unesco 2011)

Esta recomendación de la Unesco debiera de ser tenida en cuenta por los altos funcionarios del Estado, pero a falta de una política pública con gobernanza sobre educación superior y ante el fracaso del proyecto de reforma a la ley 30 que enterró la Mane con sus movilizaciones hace 4 años, la ministra de Educación se ha dedicado a sacar sistemas de medición como el famoso índice sintético de calidad educativa Isce y ahora el “modelo de indicadores de desempeño de la educación Mide.

Obsérvese que la doctora Gina Parody llegó al Ministerio de Educación hace menos de dos años, y el sistema de acreditación de calidad de la educación superior tiene varios lustros y en vez de estar evaluando cómo va este proceso, está dedicada a sacar o adoptar sistemas de indicadores, arrojándolos como globos a la opinión pública para que según dice “los estudiantes y los padres de familia tengan mejor información sobre qué programa y que universidad escoger”.

Además de las observaciones  hechas por diferentes analistas a los instrumentos aplicados, cabe preguntarse ¿Cuantos estudiantes colombianos han podido escoger universidad y su carrera? ¿A quién le habla la ministra? A los pocos estudiantes de élite que tienen las condiciones para escoger universidad y programas. Ese discurso es totalmente extraño para la inmensa mayoría de los jóvenes aspirantes. Pero supongamos que todos pudieran escoger  “la preferencia de los estudiantes y profesores por las universidades altamente calificadas, así como la concentración de recursos por los tomadores de decisiones en unas cuantas universidades de élite que pueden competir en estas calificaciones pueden llevar a la erosión del panorama de la educación superior y la investigación”, Unesco 2011.

En  cambio sí logra el efecto que hemos señalado en otras columnas, dejar la sensación que la crisis de calidad de la educación superior es responsabilidad única y exclusivamente de las instituciones  y no en la falta de gobernanza del sistema educativo, cuya responsabilidad es del ministerio  y sus actores, incluyendo obviamente a las universidades.

A la universidad le corresponde evaluarse internamente y continuar la brega para que sus directivos sean gente bien formada, que sepa no solo de cuentas, números, distribución burocrática y contratación, sino que además les quepa el mundo en la cabeza, que tengan un proyecto ético político porque eso es  la universidad, un proyecto humanista para la formación de los jóvenes que serán el relevo generacional en un país que busca desesperadamente la convivencia y la paz.

Me asalta el temor, que cuando al Ministerio y a la dirección de la universidad llegan personas con buen nivel técnico pero sin ninguna formación humanística se retrocede. Estos personajes tienen un sesgo muy fuerte en los costos por estudiante y no en el ser humano que vive y habita en él; subordinando  a la persona a sus creencias, caprichos y cuentas.

Esta dedicación de la ministra de abusar de los modelos de medición caricaturiza un tema tan importante como es la calidad de la educación, burlándose del esfuerzo de miles de colombianos dedicados a esta noble tarea aun en contra de las políticas oficiales.

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