Víctor Manuel Gómez, analista de El Observatorio y profesore de la Universidad Nacional de Colombia destaca la urgente necesidad, tras lo sucedido con la propuesta de reforma a la educación superior, de que el país proyecte una masa crítica intelectual que analice la educación superior.
La actual discusión de la reforma a la educación superior ha tenido un efecto imprevisto; abrió la ‘caja de Pandora’ de este nivel educativo por la que salieron a la luz pública numerosos problemas, carencias, atrasos, desigualdades, inequidades, intereses creados, intereses particularistas.., todo lo cual señala dos importantes problemas.
Primero, la debilidad, inoperancia e incompetencia de la gestión pública (Ministerio de Educación) que no ha sabido ni podido orientar la política de educación superior y que ha permitido pasivamente la acumulación de los numerosos problemas y falencias que han sido recientemente expuestos en la discusión del proyecto de ley, y sobre los cuales existe muy poco conocimiento derivado de investigación.
Segundo, la ausencia en la comunidad académica de programas continuos y sistemáticos de educación superior como ‘objeto de estudio’. En otros países existen programas permanentes de investigación sobre las diversas dimensiones de la educación superior, lo que genera un proceso de acumulación y depuración de conocimientos, necesario para el conocimiento del sector y para el sustento de políticas públicas. Este valioso e imprescindible aporte del conocimiento a la política no existe en Colombia. Ninguna universidad ha organizado y sostenido programas permanentes de investigación ni sobre sí misma ni sobre las dimensiones más amplias de la educación superior en el país. Desde hace diez (10) años se le propuso a las autoridades de la Universidad Nacional la creación de un centro o programa de estudios interdisciplinarios sobre educación superior, propuesta recibida hasta la fecha con indiferencia. Una iniciativa similar se empezó a gestar en la Universidad Distrital hace unos años y no prosperó debido a la inestabilidad en la dirección de esa institución. ASCUN tampoco ha sido capaz de liderar y organizar esta iniciativa. Existen entonces reducidos grupos de académicos que hacen lo que pueden con escasos y ocasionales fondos de sus instituciones y de Colciencias, lo cual es claramente insuficiente para generar el conocimiento que se requiere sobre este nivel educativo.
La precariedad de este ‘campo de estudios’ sobre la educación superior se evidencia en la ausencia de una comunidad académica organizada sobre el tema, no existe una sola publicación de investigaciones y estudios sobre la educación superior, mucho menos eventos académicos especializados, como es común en otros ‘campos’ del conocimiento con identidad, organización e intereses comunes.
Esta precariedad en el conocimiento se hizo evidente en la reciente discusión sobre el proyecto de reforma: abundancia de opiniones, ideas generales, discursos ideológicos, estereotipos y expresiones de intereses particulares, y escasez de estudios empíricos y reflexiones sustentadas. Además, la mayoría de estas expresiones y aportes se concentraron en unos pocos de los numerosos temas y dimensiones de la reforma propuesta, como los temas de la financiación y el ánimo de lucro. Muy escasos y limitados han sido los aportes a otros temas, tan importantes como los económicos, y que conforman los objetivos, estructura y orientación del sistema de educación superior.
Algunos de los temas de escasa investigación y conocimiento y que serán centrales en la nueva propuesta de reforma:
– desde la perspectiva de expandir y desconcentrar la cobertura; las estrategias de expansión y diversificación de la oferta de oportunidades a un porcentaje creciente de egresados del nivel medio y en numerosas ciudades intermedias y pequeñas en las que se concentra la mayor parte de la población de jóvenes del país; el tipo de programas e instituciones requeridas, criterios de calidad y modalidades de seguimiento y evaluación de la calidad y pertinencia; fuentes de financiación de estas nuevas oportunidades, incluyendo la articulación de fuentes nacionales, departamentales y municipales;
– fomento de programas de igualdad social de oportunidades, acciones afirmativas, y el papel central de políticas de bienestar estudiantil;
– clara y unívoca diferenciación conceptual y curricular entre la educación técnica y la tecnológica, y de sus instituciones y programas respectivos;
– redefinición de la educación tecnológica a la luz de sus similaridades y complementariedades con las ingenierías;
-definición de la tipología de instituciones, en concordancia con la experiencia internacional, y formulación de políticas diferenciadas según los tipos de instituciones;
– evaluación de la evaluación: análisis evaluativo del actual sistema de aseguramiento de la calidad de la educación, incluyendo registro calificado, acreditación y pruebas Saber Pro;
– definición de nuevos criterios y modalidades de medición y evaluación de la calidad de la educación que reciben los estudiantes; estímulos a la función docente como factor central en la calidad de la educación, reforma al Decreto 1279;
– nuevas modalidades de gobierno, representación y participación, o nuevos conceptos de democracia universitaria;
La importancia y complejidad de estos temas, entre otros, relieva la necesidad de posicionar la educación superior como campo intelectual, como ‘objeto de estudio’ permanente y sistemático.
![]()