Luis Fernando Páramo, colaborador permanente de El Observatorio, señala que la Reforma es una necesidad, no una necedad, pero que no se debe afirmar que se elevarán los estándares de calidad cuando estos no existen. Analista el programa La Urna de Cristal donde ministra y vice la defendieron.
Un espaldarazo grande le dio el Presidente Santos y la Mesa de Unidad Nacional, al proyecto de Reforma a la ley 30 que el Ministerio de Educación elaboró, aún así las protestas siguen, sean éstas bienvenidas o no.
El argumento de que los recursos financieros previstos en la fórmula propuesta por el gobierno resultan adecuados, tiene enfrentados a los defensores y detractores de la reforma.
La Ministra y el Viceministro siempre aducen que como nunca en la historia, se harán aportes presupuestales para financiar la educación superior, al mismo tiempo bastantes parlamentarios, rectores, estudiantes, académicos, reclaman que las cuentas del Ministerio son erráticas y sin relación matemática aceptable con las exigencias y metas propuestas.
Claro está que las Instituciones Técnicas y Tecnológicas Estatales, desean afanosamente la aprobación de la reforma, porque es vergonzoso e inequitativo el tratamiento al apoyo financiero que han recibido muchas de estas, hasta el punto que uno se pregunta si la inspección y vigilancia hay que aplicárselo al Ministerio o desde el Ministerio a la Instituciones, para establecer quienes son los culpables de tan ridícula situación. Pero además, para nadie es un secreto las dificultades que la mayoría de las universidades públicas tienen con sus pasivos y con su funcionamiento actual.
Indiscutiblemente la financiación de la educación superior es un tema apasionante y de gran trascendencia, cuya deliberación debe conducir a encontrar solución, como nunca antes en la historia, a los problemas diagnosticados desde que fui estudiante universitario, lo cual hace ya mucho tiempo.
La plata hace maravillas, pero para el gran propósito de crecer en Calidad se requiere de más elementos, empezando por que ésta se defina, asignándole, como en los sistemas modernos, variables sobre las cuales operen escalas de medición. La calidad tiene que tener mediciones objetivas llamadas “estándares” y no subjetivas como las actuales llamadas “condiciones” apreciadas por pares académicos a su libre interpretación.
¿Cómo es posible que en el programa del domingo de Octubre 9 “Urna de Cristal” se anuncie el descubrimiento de que la Universidad de Los Andes y la Universidad Nacional son reconocidas internacionales, como si fuera algo novedoso?
En el año 1969 me presenté a ambas y me matriculé en la Universidad de los Andes, porque en la Universidad Nacional no se ofrecía Ingeniería Industrial y había intentado con ingeniería Química, además porque los resultados de los Andes se publicaron primero y me evité un segundo examen en la Nacional. El prestigio de ambas era evidente y nadie lo ponía en duda.
La pregunta aquí es ¿qué pasa con el resto de instituciones o programas acreditados con Alta Calidad o en funcionamiento con Registro Calificado, que están sometidas al dizque, Sistema de Aseguramiento de Calidad del Ministerio, que ni tiene estándares, pero que se viene diciendo que es vigoroso y pilar de mejoramiento de la Calidad de la educación superior en Colombia?
Yo entiendo que el Presidente Santos de manera sincera hubiera desistido de estudiar Ingeniería Industrial en los Andes, por considerarla muy difícil, pero de manera muy respetuosa, le pediría que se metiera en los zapatos de quienes si la estudiamos, de igual manera como dice meterse en los de los colombianos que tienen tantas necesidades de educación superior, porque en la ingeniería industrial el análisis y medición de la calidad de procesos y productos es uno de sus pilares. No entendemos entonces ¿Porqué las preguntas y propuestas razonadas alrededor de la calidad de la educación superior, que hemos presentado al Ministerio, para introducir en la reforma a la educación superior, son olímpicamente desconocidas, siendo la Ministra Ingeniera Industrial y el Viceministro Ingeniero civil?
Pongan en la Urna de Cristal la cientificidad y la solidez metodológica del sistema de calidad actual y el propuesto en la reforma, y se llevarán muchas sorpresas. Desde el Ministerio de Educación Nacional se ha promovido e instaurado lo que he denominado la calidad basada en la opinión, desconociendo todo el esfuerzo nacional e internacional para perfeccionar la medición y reconocimiento de la calidad de procesos y productos. Ninguna universidad en el mundo enseña el modelo de aseguramiento de la calidad colombiano, porque no resiste la más mínima prueba de solidez científica y nadie sabe de donde sale, ni siquiera después de hacer innumerables procesos de capacitación a pares académicos, pues en ellos solo se dice la tarea se hace así, gústeles o no, y por favor no pregunten sobre porqué es así. Los resultados mas desastrosos no pueden ser, ojalá los parlamentarios si nos acompañen en introducir un modelo mas estructurado, científico y con mayor rigor metodológico que el actual y el propuesto en el proyecto de reforma, porque de lo contrario se cometería nuevamente un error histórico.
La Reforma es una necesidad, no una necedad, y no se debe afirmar que se elevarán los estándares de calidad cuando éstos no existen, tampoco es confiable asegurar mayor cobertura poblacional para el acceso a la educación superior, sin garantizar proceso de creación de programas nuevos que implica tiempos de diseño curricular, proyección de infraestructura, capacitación de docentes y por sobre todo, consulta apropiada para que se atienda a las necesidades reales del desarrollo económico y productivo del país. Atiborrar salones y ampliar jornadas sobre los mismos programas solo genera mayores problemas. Eso no es cobertura sino locura.
LUIS FERNANDO PÁRAMO JIMÉNEZ
Ingeniero Industrial. Magíster en Docencia Universitaria
Consultor en Calidad de la Educación Superior y
Ambientes Virtuales de Aprendizaje
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