Agosto/24 Pérez Alemán, vicerrector de Desarrollo Estratégico (Fund. Univ. San Martín), par de acreditación internacional y analista de este Observatorio, explica por qué es absurdo desconocer la dinámica demográfica como una explicación al comportamiento en la baja de la demanda de estudiantes universitarios.
Al comienzo de todos los semestres las IES privadas entran en angustia por el comportamiento de las matrículas de nuevos estudiantes matriculados. Dicha zozobra se ha incrementado en los últimos periodos académicos y se han encendido las alarmas en las instituciones. Se convocan entonces reuniones de urgencia, se deciden campañas de última hora para captar aspirantes y lograr que los admitidos que faltan finalmente se matriculen. Surgen igualmente los cuestionamientos acerca de los encargados y de la estrategia de promoción institucional o de la pertinencia y validez de los programas académicos que no logran cumplir con las metas de nuevos estudiantes matriculados. A ello se agrega además la angustia por los estudiantes antiguos que no se matriculan.
Hace unos cuantos años – en 2017 para ser más precisos -, al debatir ese comportamiento de bajas matriculas de nuevos estudiantes en una institución universitaria en Bogotá, y cuando no había aparecido la política de gratuidad, no había ocurrido la pandemia y el país evidenciaba unas tasas de crecimiento del PIB alejadas del fantasma de la recesión que hoy nos acecha, al presentar un análisis detallado acerca de lo que estaba ocurriendo en la ciudad con base en las estadísticas publicadas por la Secretaría de Educación de Bogotá que ponía de presente que estábamos ya en presencia de una disminución de las cohortes de estudiantes en la educación secundaria y media en la ciudad y que dicha tendencia iba a acentuarse en los siguientes años, el presidente de dicha institución (esos cargos existen en las instituciones aparte de los rectores), de manera desdeñosa desestimó las evidencias y manifestó que eso era irreal y que no era esa la causa para el menor número de nuevos estudiantes matriculados. Desconocer la dinámica demográfica como una explicación al comportamiento de la demanda fue una postura de muchos en esos momentos.
Pues bien, hoy la evidencia es contundente. La semana anterior el Colegio de la Presentación San Façon anunció el cierre de sus actividades en forma definitiva al finalizar este año. En su comunicado se dice que una de las razones es que “se identifica una disminución significativa y constante de estudiantes en los últimos diez años que conlleva a una insostenibilidad integral de la institución.” Agrega el comunicado que el colegio no ha logrado rutas que “[…] garanticen niveles óptimos de crecimiento […]” a pesar de años de revisión y estudio. En efecto, según El Espectador (edición electrónica del 12 de agosto de 2024), hoy la matrícula asciende a apenas el 10% de la capacidad de 1600 estudiantes que tiene el colegio.
Así, la Presentación Sans Façon se une a otros 25 colegios en Bogotá que en el primer semestre de este año anunciaron su cierre. De acuerdo con el Directorio Único de Establecimientos Educativos 769 instituciones educativas han cerrado en el último año y medio en el país. Además, se avecinan más cierres.
La causa de este comportamiento de la demanda por educación se encuentra indudablemente en las bajas tasas de fertilidad y natalidad que vienen desde hace algunos años, lo que se traduce en familias con un menor número de hijos y, que por tanto, ejercen una menor demanda por servicios educativos. Esta situación no logra además ser compensada en el último tiempo por la migración extranjera hacia nuestro país.
Se trata entonces de un fenómeno preocupante que da cuenta de que efectivamente nos encontramos en presencia de una transición demográfica, observada de tiempo atrás en otras economías, pero que es ya una realidad en nuestro país. El efecto que hoy están teniendo los establecimientos de educación primaria, secundaria y media lo estamos también sintiendo y lo vamos a sentir con mayor intensidad en las IES en adelante.
Esto significa que si hoy ingresan menos estudiantes a la educación primaria y secundaria, al cabo de cuatro, cinco o seis años y de ahí en adelante, las cohortes de ingreso a la educación superior serán mucho menores.
Una realidad como estas transformará decididamente al sector en varias perspectivas. En primer lugar, las infraestructuras que el sector ha consolidado en los últimos años, y que hoy además son el planteamiento imperante para expandir la oferta de instituciones de educación superior estatales, podrán resultar ociosas al cabo de los años. En lugar de ello habría que pensar en que las inversiones de calidad en la educación superior se dirijan a otros aspectos y no tanto a infraestructura física. En segundo lugar y relacionado con lo anterior, este fenómeno pondrá a prueba la capacidad de las instituciones para adecuar su estructura de costos a una menor demanda. En efecto, dicha estructura se caracteriza por su inflexibilidad con el peso significativo de los costos fijos por encima de los costos variables. Una contracción de la demanda se traducirá entonces en un choque que podrá tomar varios periodos de ingreso para que las instituciones de educación superior ajusten y reduzcan sus costos fijos.
Pero más allá de lo anterior, lo que esto significa es la necesidad de un cambio en la concepción de la educación superior que tiene entonces que estar mucho más orientada a la demanda, a tener una mayor flexibilidad y a buscar audiencias en nuevos segmentos poblacionales con nuevos y novedosos productos de formación, pues los productos tradicionales dirigidos a los que pasan directamente de la educación media a la educación superior ya no tendrán demanda.
Por supuesto que en un país tan diverso y con tantos desequilibrios como el nuestro este fenómeno no se distribuye de forma homogénea en todo el territorio nacional y en muchas regiones esta transición demográfica será menos dramática o tomará más tiempo. La pregunta es si las IES, especialmente aquellas de mayor calidad, concentradas en los grandes centros urbanos, son lo suficientemente flexibles para prestar el servicio educativo de educación superior a esas capas de la población que tienen una menor capacidad económica, menor capital humano y, en general, menores condiciones para acceder a la educación superior.
Lo que se veía venir hace unos años, en lo que el presidente de marras de una institución universitaria de manera ciega no creía, hoy es una realidad.
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