|
|
El diario El Espectador, en su editorial, analiza la decisión del Gobierno de otorgar 10 mil becas, que considera un anuncio positivo, aunque no la solución final al problema. |
Tremendo debate se armó en los sectores que discuten sobre la educación superior en el país por cuenta de las 10.000 becas que el Gobierno pretende entregarles a los mejores estudiantes de Colombia, medidos por las Pruebas Saber de agosto pasado: esos alumnos podrán ingresar, con el compromiso de terminar su carrera, en una de las 33 instituciones universitarias de más alta calidad.
Que no son becas, que no atienden al presupuesto de educación universal que el Estado debe perseguir, que el programa está incompleto por cosas como el escaso dinero de manutención que le dan al estudiante. Todas críticas válidas. Válidas, sobre todo, en un país que dice ir hacia el desarrollo sin contar con un sistema universitario de amplia cobertura (o calidad, si a eso vamos). La hora de repensar la educación superior llegó hace bastante y aún la esquizofrenia estatal no sabe resolverlo bien.
Sin embargo, las becas (llámemoslas mejor créditos condonables para ser precisos) son una ventana de oportunidad. En un escenario de evaluación estrictamente liberal es mejor que existan a que no existan. Y si bien se trata de una política pública a la que le hace falta más integralidad, mucho es lo que cambia en la vida de algún joven que sea destinatario de este beneficio. ¿O no? ¿Quién en su buen juicio podría decir que es mejor desaparecer el incentivo de aquí en adelante porque tiene muchas deficiencias?
Para que funcione esta política hay que hacer, sin embargo, unos ajustes elementales que se desprenden de la más simple lógica de implementación. Lo primero es que estas universidades de alto nivel no quedan a lo largo y ancho del territorio nacional: ¿y un joven que viva lejos de alguna, cómo hace para ir y volver y terminar su programa si el subsidio gubernamental no le alcanza? ¿No sería este un incentivo perverso hacia una tasa alta de deserción que el Gobierno debería mirar en casos particulares? ¿Cuáles son las contingencias si un alumno, por fuerza mayor, tiene que suspender por un tiempo su carrera? Porque bastante impensable se nos hace que un estudiante pobre quede endeudado por algo que va mucho más allá de sus posibilidades.
Es cierto que el Gobierno fue bajando el número de créditos condonables. Y es cierto, también, que la cobertura no se ampliará, sino que las instituciones universitarias tendrán que guardar unos cupos de los posibles para entregárselos a los mejores. Y tampoco es descabellado pensar que el presupuesto de $155.000 millones no alcanzará en caso de que la mayoría de alumnos se inclinaran por las universidades más costosas.
Eso es todo lo que debieron tener en cuenta el Gobierno y el Ministerio de Educación antes de echar a andar este programa. Y son todas cuestiones que deberán tener en cuenta, sobre la marcha ya, para que no se pierda una propuesta que brilla, sí, pero a la que le hacen falta unos ajustes estructurales. Ya veremos cuál es la creatividad de los técnicos especializados en estos asuntos para que la mayoría de jóvenes terminen satisfactoriamente sus estudios, sin necesidad de endeudarse en el futuro, cosa que terminaría costándole más ya no al Estado, sino a la sociedad entera.
Bienvenidos estos créditos condonables. Es una iniciativa positiva. Pero aún falta un paso para que cantemos victoria en su implementación.
Esto no significa, ni mucho menos, que a la educación no le falten muchas cosas más. Pero esa es otra discusión.
![]()
