Las IES donde más fuerza tiene ASPU, más limitadas tienen sus finanzas

Agosto 4/19 La situación preocupa tanto a ASPU como a las universidades públicas. O el sistema no da recursos, o los profesores piden demás o los rectores planifican poco y ceden mucho para evitar conflictos.

La Asociación Sindical de Profesores Universitarios ASPU es el único y consolidado gremio de docentes de educación superior en el país, concentrado en la universidad pública.

La mayoría de sus peticiones gira en torno de la mejora de las condiciones salariales de sus asociados.

Tiene voceros docentes en todas las universidades públicas, y en las que más fuerza mediática y política han logrado son:

– La Universidad Nacional de Colombia, en donde el presidente nacional de la Asociación es Pedro Hernández, profesor de tiempo completo de esa IES dedicado plenamente al trabajo sindical nacional desde hace más de dos décadas.

– La Universidad de Caldas, en donde uno de los activos líderes es Juan Carlos Yepes, representante en el Consejo Superior de esa IES, exconsejero profesoral en el CESU y el mismo que resistió una extensa huelga de hambre, en 2018, para presionar los acuerdos de estudiantes con el gobierno nacional, que terminaron en la firma del pasado 14 de diciembre.

– La Universidad de Antioquia, que tiene una de las más fuertes seccionales de ASPU, presidido por Ramiro Giraldo, quien fue uno de los más activos protagonistas en los debates en el Congreso de la República para recuperar los beneficios tributarios que la reforma de diciembre de 2017 había quitado a los docentes universitarios, y protagonista también del acuerdo de diciembre pasado;

– La Universidad del Atlántico, en donde las expresiones sindicales han tenido un muy activo protagonismo en los procesos de elección y negociación de intereses gremiales con la rectoría (lea y escuche denuncias sobre alianzas entre rectoría y ASPU en esta IES) y,

– La Universidad del Cauca, en donde hace muchos años participa como activa líder de ASPU y secretaria de la junta directiva nacional de la Asociación Gloria Cecilia Arboleda.

Gracias a ASPU los profesores de las universidades públicas logran negociaciones en bloque para que se den, por ejemplo, los aumentos salariales anuales por encima del índice de inflación y del promedio de aumento del salario mínimo para todos los empleados públicos.

La situación que pone a pensar en los modelos de negociación versus los presupuestos de las universidades públicas es la situación financiera de estas IES.

Las universidades del Atlántico, Caldas y Cauca son las tres únicas públicas que cerraron 2018 con un patrimonio negativo; es decir, en esas IES los pasivos (o las deudas) superan a los activos. En Atlántico el déficit patrimonial es de 289 mil millones, en Cauca fue de 179 mil y en Caldas fue de 52 mil millones.

En la U. del Atlántico del total del pasivo (914 mil millones), 788 mil corresponde a beneficios a los empleados.

En la U. del Cauca del total del pasivo (624 mil millones), 550 mil corresponde a obligaciones laborales y de seguridad social, afectadas esencialmente por el pasivo pensional.

En la U. de Caldas del total del pasivo (405 mil millones), 374 mil corresponde a beneficios a empleados.

En el caso de la Universidad de Antioquia, si bien éste tiene un patrimonio positivo, al cierre de 2018 (casi 1.3 billones), el pasivo por concepto de beneficios a los empleados supera los 300 mil millones.

Y en la Universidad Nacional de Colombia, que es la más sólida financieramente, con un patrimonio positivo, a diciembre de 2018, de  3.6 billones, tiene un pasivo laboral y pensional del orden de los 3.7 billones de pesos.

Es importante tener en cuenta que los pasivos de estas universidades no sólo cubren a los profesores asociados a ASPU sino a sus diversos sindicatos, así como al personal administrativo.

Esta situación puede justificar, en parte, porque la intención del Gobierno (amainada tras los acuerdos y protestas del año pasado) de revisar el Decreto 1279 de 2002, que regula la forma de reconocimiento salarial de la productividad docente y que contribuye a aumentar los compromisos financieros de las IES.

Este Decreto “dejó en cabeza de las universidades públicas la responsabilidad de realizar estos reconocimientos económicos que no fueron incluidos en los presupuestos que ellas reciben, de tal manera que hay un efecto perverso que parece contradictorio: por una parte la universidad quiere destacarse por las publicaciones de sus profesores y los apoya para que presenten proyectos de investigación que produzcan artículos de alto impacto, pues ese es uno de los indicadores más importantes para calificar su calidad, pero por otra parte, las universidades tienen que sufrir continuamente las consecuencias de su crecimiento en investigación por la angustia de ver afectados sus presupuestos anuales para poder cumplir con la obligación de destinar entonces una buena parte del presupuesto para pagar unos salarios por encima de los aumentos que autoriza el gobierno anualmente”, advierte el exrector de la U. Nacional de Colombia, Ignacio Mantilla, en su columna periódica del diario El Espectador (Ver el texto).

Esto ha llevado, según denuncia Mantilla a “algunos profesores con salarios superiores a los 40 millones mensuales y otros, de la misma categoría y dedicación con salarios de 6 millones mensuales”.

Mientras tanto, los rectores de estas universidades, por el momento especialmente el de Caldas, Alejandro Ceballos, enfrenta la presión de ASPU y de los estudiantes para buscar esfuerzos de saneamiento financiero de la universidad sin sacrificar beneficios obtenidos.

Y por lo demás, el SUE no se atreve a meterle el diente al tema, y prefiere que cada universidad se las arregle como pueda en las negociaciones con sus sindicatos.

Y el riesgo de aumentar los pasivos está latente, ahora que, tras el acuerdo de diciembre, las universidades están comenzando a recibir más recursos, los rectores a mejorar sus finanzas y ASPU a seguir demandando más recursos.