Las palabras más feas que se utilizan en educación superior: Yezid Orlando Pérez Alemán

Las palabras más feas que se utilizan en educación superior: Yezid Orlando Pérez Alemán

Enero/25 Pérez Alemán, observador de este portal y Vicerrector de Desarrollo Estratégico de la Fund. Univ. San Martín, ofrece un “divertimento” en torno del lenguaje que se usa en el sector y algunas palabras que podrían estar mal utilizadas.

El final de un año y el comienzo del siguiente invitan a salirse un poco de lo habitual y a hacer ejercicios que no sirven para nada. Es el caso de la elección de la palabra o expresión del año que se hace en diferentes idiomas. Así por ejemplo, la Fundación FundeuRAE escogió como palabra del año en idioma español el acrónimo dana, referido a la depresión aislada en niveles altos, el fenómeno meteorológico que produjo la catástrofe de grandes proporciones en la costa valenciana en España en octubre de 2024. La misma elección ocurre en otros idiomas y otras latitudes.

A manera de divertimento mientras se inician en forma las actividades en un año que va a ser especialmente difícil para el sector, quisiera proponer un par de palabras que hacen parte de las más feas que se emplean en educación superior en Colombia. Aclaro que se trata de aquellas que hacen parte de mi escalafón personal, por lo que quizás a otros les podrán parecer bien empleadas o que suenan bien. A mi me parece que no solamente disuenan, sino que son mal empleadas.

Quizás al seleccionarlas estoy un poco prejuiciado porque en los últimos meses del año que terminó tuve que revisar un número considerable de páginas de documentos acerca de la educación superior, propuestas de nuevos programas académicos, los borradores de un libro acerca de la historia de una institución, la versión final de un documento de política pública del Ministerio de Educación Nacional, entre otros. A eso se agrega haber tenido que escuchar intervenciones de burócratas del Ministerio, de directivos de instituciones y de unos cuantos panelistas invitados en eventos del sector. Como si esto no fuera poco, algunos ocupamos el tiempo escuchando las sesiones ahora públicas de los consejeros superiores de la Universidad Nacional de Colombia. Tanto escuchar el mal empleo del idioma en muchos casos y en particular el abuso de algunas palabras contribuye al repudio por el empleo de algunas.

La primera de ellas es la palabra estamento. De esta palabra se hace uso – o se abusa – para referirse a los diferentes grupos que hacen parte de las instituciones de educación superior. De acuerdo con la Real Academia Española – RAE, la palabra proviene del latín stamentum y tiene tres acepciones. La primera de ellas para referirse a los grupos que en la corona de Aragón asistían a las cortes: el eclesiástico, el de la nobleza, el de los caballeros, y el de las universidades o municipios. La segunda acepción se refiere a los próceres o a los procuradores del reino reconocidos como legisladores por el Estatuto Real en épocas pretéritas en España. Como se aprecia, se trata de una denominación de estados o integrantes de las cortes o cuerpos legisladores de épocas ya remotas. La tercera acepción, quizás la que por extensión más se puede acercar a su uso actual, entiende estamento como “estrato de una sociedad, definido por un común estilo de vida o análoga función social.” Así según la RAE se podría hablar del estamento militar o del estamento nobiliario o incluso del estamento intelectual.

Es entonces un poco forzado – a mi modo de ver – trasladar esta palabra al ámbito de la educación superior para referirse a los estudiantes, los profesores, los empleados, los funcionarios, etc., que integran una institución de educación superior. Además, no deja de ser anacrónico utilizar una palabra del español antiguo, como si se quisiera equiparar a los ahora miembros de una comunidad académica a dichos estratos o representaciones militares o eclesiásticas; aparte de eso, simplemente suena muy feo.

La palabra se emplea sobre todo para referirse a la representación en órganos colegiados en las instituciones de educación superior de profesores, estudiantes, empleados o funcionarios y egresados. La palabra resulta además disonante cuando se trata de referirse a los que integran la comunidad académica en una institución de educación superior. Lo peor es que algunos han derivado el adjetivo estamentario, para referirse por ejemplo, a representación estamentaria o consulta estamentaria. ¡Definitivamente lastimoso para los oídos!

El RAE ofrece entonces algunos sinónimos que dependiendo del contexto se pueden utilizar. Así, se podrían emplear otras como estrato, nivel, categoría, clase o estado. Si ninguna de ellas resulta adecuada, sugiero utilizar la expresión de miembros de la comunidad académica o institucional, quizás una expresión más larga, pero que podría servir para erradicar del discurso en educación superior la molesta palabra estamento.

La segunda palabra que encaja en esta categoría de las más feas utilizadas en educación superior es instancia, derivada del latín instantia. Nuevamente, si se recurre a la RAE se encuentra que su uso proviene sobre todo del ámbito del derecho al referirse a “cada uno de los grados jurisdiccionales que la ley tiene establecidos para ventilar y sentenciar, en jurisdicción expedita, lo mismo sobre el hecho que sobre el derecho, en los juicios y demás negocios de la justicia.” Por ejemplo, se habla de juez de primera instancia. Hasta ahí no hay discusión. No obstante, del derecho se ha trasladado su uso a la educación superior para hacer alusión a los diferentes rangos o categorías que pueden existir en las instituciones de educación superior. Se trata de un uso que bien se puede reemplazar por diversos sinónimos en lugar de apropiar una palabra propia del ámbito jurídico y que por tanto es extraña a la educación superior. El que nos hayamos acostumbrado a esta palabra se puede deber a que muchos aspectos de la educación superior han sido tradicionalmente dominados por el derecho, por lo normativo y lo regulatorio.

Al hablar del abuso de la palabra instancia no me refiero por supuesto a expresiones adverbiales como a instancias de, en primera o última instancia, u otras similares, que son recursos válidos y que bien empleados enriquecen el texto. No obstante, la palabra instancia debería reemplazarse por otras que sean mucho más connaturales con la educación superior y no le den ese excesivo aire legalista y jurídico.

Seguramente existen muchas más palabras disonantes y evitables en educación superior que los invito a todos a identificar.

En alguna próxima contribución me podré referir también al excesivo uso de otras palabras que se han convertido en molestas muletillas en textos en educación superior como el verbo generar (todo es generar), o los sustantivos proceso ( a todo se le denomina proceso), nivel, tema, clave, o el adjetivo óptimo (por lo general mal utilizado) y como esas muchísimas más, cuyo uso no es solamente un vicio en el lenguaje oral y escrito en educación superior, sino en general en muchos campos, lo que también nos debe cuestionar, pues es una manifestación del bajo desarrollo de competencias de comunicación oral y escrita de los graduados de la educación superior.

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