Las universidades en Colombia: se transforman o se acaban: Mario F. Hurtado – Feb/19


Mario F. Hurtado es analista de educación de El Nuevo Siglo.

El ingreso a la universidad ya no representa un salto social como lo fue durante el siglo XX. Hoy miles de egresados se quedan sin empleo, terminan carreras que no tienen demanda en el sistema, o se emplean en cargos para los que no estudiaron.

Aunque las estadísticas muestran un aumento en la cobertura y el acceso, los cambios tecnológicos y poblacionales ponen en riesgo el sistema de educación tradicional que ha prevalecido por siglos en la educación superior.

Las heridas del paro de 2018 no se han cerrado. Hay universidades que vivieron largos debates para volver a clases. Para algunos, los recursos asignados no fueron los esperados, o lo peor, se teme que el Gobierno no pueda cumplir con la asignación de recursos. La situación se mezcla con una realidad: los cambios que se están presentando en el esquema de formación tradicional que no se han modificado durante siglos y es el que exige el movimiento estudiantil.

Según el último informe de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)  la tasa de matrícula en educación superior de América Latina es la de mayor crecimiento en el mundo. En promedio, la edad de los estudiantes de pregrado está entre los 18 y 23 años con un salto en 25 años del 17% de cobertura al 42%, lo que lo acerca a lo que se considera cobertura universal, que es del 70%.La región está a 26 puntos del promedio de los países de la OCDE. Para Colombia, según las cifras del Snies y el MEN en 2018 son todavía mejores que las de América Latina. La tasa de cobertura se encuentra en 52,8%, un crecimiento acelerado del 15%  desde 2010, cuando se ubicaba en el 37,1%.

Ese aumento desmitifica varios de los argumentos que se presentaron durante el paro, afirmaciones como que hay menos recursos, que se ha desfinanciado el sistema o que el gobierno anterior no hizo nada por la educación. Otra variable que sorprende es que por un pequeño margen la mayoría va a las universidades públicas, 51% frente al 49% que asisten a las privadas, y a pesar de los anuncios del crecimiento de la educación a distancia o virtual, las diferencias en el país siguen siendo abismales. 82% de los estudiantes hacen programas presenciales y solo el 18% hace programas virtuales o semipresenciales.

Esa prosperidad y progreso que según las cifras presentan el sector en Colombia solo puede ser exitosa si es capaz de adaptarse a las necesidades de la sociedad y a las exigencias más complejas del sistema económico. Ya con altos índices de cobertura una tarea es la calidad, la pertinencia y la empleabilidad. Por otra parte, se requiere una alta cualificación y las universidades deben repensarse para ser competitivas durante el siglo XXI.

El repensarse se debe a que el sistema colombiano cada vez es más complejo. Hay una desconexión entre los programas que ofertan las universidades y la demanda laboral en un sentido integral. Eso se evidencia en que el ingreso a la universidad ya no representa un salto social como lo fue durante el siglo XX. Hoy miles de egresados se quedan sin empleo, terminan carreras que no tienen demanda en el sistema, o se emplean en cargos para los que no estudiaron. La reducción del salto social refleja también una disminución del retorno de la inversión en educación y que la movilidad social es menor. Por lo tanto, más allá de más recursos se debe pensar para qué y cómo invertirlos. No se puede dejar el sistema en riesgo de fracasar por falta de innovación e inserción de los cambios en la economía del país, que mantiene una dependencia agropecuaria, pero que cada vez se diversifica más hacia los servicios, la manufactura y la tecnología.

A eso se suman los cambios poblacionales. Según la información preliminar del Censo de Población de 2018, la natalidad disminuye y la esperanza de vida aumenta. Con una población que vivirá en promedio 77 o 79 años en las próximas décadas, los tiempos para pensionarse aumentarán. La tecnificación reducirá la oferta de empleos en algunos sectores y la crisis pensional puede llevar a la reducción de contratos a término indefinido o largo plazo. Por eso, se requieren instituciones que piensen y formen para el largo plazo y que involucren las variables culturales y poblacionales del país.

Durante la administración de Juan Manuel Santos se intentó implementar un sistema de calidad y evaluación. Se creó el SNET y nada de eso avanzó. El sistema se niega a repensarse. Se requiere replantearse el modelo tradicional de la educación superior, de lo contrario, a pesar de su temporal robustez, está destinado a desaparecer.