Las universidades que sobrevivirán: Enrique E. Batista – abril/22

El académico Enrique E. Batista J., director Académico de la Ciudadela Universitaria de Medellín, analiza los impactos que tendrán las universidades con la nueva educación tras la pandemia, descrita por el informe de EDUCASE.

Viven las universidades alrededor del mundo una serie de complejas situaciones y problemas para los cuales no tienen una única salida: el cada vez más agudo problema del menor número de alumnos, el incremento de las dificultades financieras y la desvalorización de los títulos universitarios entre los jóvenes. Les ha llegado el momento de repensarse como instituciones educativas, sociales, centros de cualificación de talento especializado y creadoras de ciencias y tecnologías. Por la reciente crisis sanitaria mundial, la educación superior en el mundo se convirtió en una inesperada incubadora gigante para la transformación digital (Dx).  Les ha llegado, por una variedad de circunstancias, la oportunidad y el reto de rehacer el camino, reconstruir su propia identidad y enfatizar su valía para la inclusión social, cultural y académica. Se vive hoy, con intensidad suma, una situación de cambio inminente que obliga a todas, so pena de desaparecer. 

La empresa EDUCAUSE (https://www.educause.edu/), basada sobre el súbito impacto de la digitalización en el mundo universitario, ha planteado 10 perspectivas, cuestiones o problemas, con los consecuentes desafíos, sobre «la educación superior que merecemos». 

Desde esas perspectivas se enfatiza que no habrá un regreso a lo que se conoció como normal, sino que más bien se dará una redefinición de los valores, modelos de negocio y de la cultura universitaria.  En lugar de trabajar con la ilusión de regresar al conocido mundo pasado, conviene tomar la oportunidad para su reconceptualización y diferenciación, ya que hoy son en extremo homogéneas en identidad y modelos formativos, valores y cultura; precisan pasar del mundo estrecho que ellas han configurado a uno de equidad y de abiertas oportunidades para construir un futuro mejor con el criterio de «creatividad radical» y con la muy clara y tajante opción: evolucionar o extinguirse. (El lector puede obtener el texto de EDUCAUSE aquí: https://rb.gy/w91igh). 

Es preciso aprender de la crisis (Cuestión 9) y no fiarse del espejo de la supuesta normalidad anterior. Todos deben admitir, estén listos o no, que la crisis sanitaria mundial transformó a sus instituciones, entre otras evidencias porque muchos alumnos encontraron las habilidades para aprender de modo remoto y los profesores para conducir sus cursos del mismo modo. Muchas instituciones alcanzaron ganancias en la participación de los alumnos, equidad, acceso, creatividad.  Aquellas instituciones que puedan garantizar acceso completo y equitativo serán las que tendrán más oportunidades de sobrevivir. 

En el contexto de transformarse o quedar extinta (Cuestión 2), la transformación digital (Dx) de ellas ha ocurrido por la fuerza impelente de las circunstancias y no, en general, por un diseño planeado con criterios de innovación, eficiencia y efectividad. El trabajo híbrido (en el campus y en el hogar) requiere cualificación especial de todos para administrar, comunicar, colaborar y trabajar en ese ambiente dual; se precisa quebrar la regla del conocido «triángulo de oro» que dice que sólo se pueden maximizar dos de los tres resultados deseables: costo, velocidad y calidad. 

Se ha pasado de la escasez a la abundancia digital (Cuestiones 5 y 6), lo que ha implicado la necesidad de asegurar a los estudiantes formación en habilidades informáticas y el acceso completo y equitativo a herramientas tecnológicas y conectividad. En este contexto, se precisa un campus híbrido para el trabajo tanto físico como digital y la creación de una variedad de ambientes de aprendizaje. Lo cual abre algunas opciones: Rediseñar los ambientes físicos, estimular a sectores administrativos para que laboren de modo remoto y así usar los espacios liberados para actividades académicas que apoyen el aprendizaje y la investigación. Tener menos estudiantes en el campus puede resultar en la reducción del interés de estos en eventos y actividades formativas en las instalaciones físicas; mientras que los profesores han deseado mantener sus oficinas en el campus.  

Se requiere la creación de un ecosistema digital para la reconfiguración de los fines misionales de las instituciones de educación superior; ecosistema con dotación tecnológica robusta para que los profesores, con fluidez digital, rehagan sus cursos de manera creativa e innovadora para facilitar el compromiso y vinculación efectiva de los alumnos en los distintos procesos formativos. El éxito de estos se considerará sobre la retención, finalización, asequibilidad, empleabilidad y aprendizaje. Acciones que serán de permanente urgencia dadas la velocidad de los avances digitales y la lentitud en la toma de decisiones que caracteriza a las instituciones de educación superior. La crisis ha llevado a la necesaria construcción de un futuro mejor con sistemas tecnológicos que estén más centrados en el estudiante, así como en las condiciones de equidad. (Cuestiones 3 y 4). 

Una alternativa abierta, con potenciales beneficios para reducir los costos, es la computación en las nubes, ya que puede liberar el empleo de algunos recursos existentes y pagar sólo aquellos que efectivamente se usen, reduciendo costos en software y hardware. Esta opción requiere una administración efectiva de los contratos y un adecuado manejo de los proveedores. Algunas universidades para preservar su autonomía, mitigar riesgos financieros y aumentar la ciberseguridad han desarrollado su propio servicio en las nubes. En uno y otro caso, se precisa valorar los riegos inherentes ya reconocidos por muchos. (Cuestión 8). 

Otro de los desafíos es la omnipresente preocupación por la ciberseguridad, la cual tiene que ser considerada como una prioridad, pero que se agrava con los costos adicionales para las universidades y por la carencia de suficiente fuerza laboral disponible para tan esencial propósito. A esto se suma la necesidad de educar a profesores, alumnos y demás personal sobre sus respectivas responsabilidades en cuanto a la ciberseguridad. (Cuestión 1). 

El proceso de transformación frente a las nuevas realidades implica  una «creatividad radical» (Cuestión 10) para ayudar a los alumnos a que alcancen una preparación adecuada para sus futuros mediante herramientas y ambientes de aprendizaje que promuevan prácticas creativas y colaborativas, frente a requerimientos, entre otros, de los inmensos desafíos que les plantea la Cuarta Revolución Industrial con desarrollos como la inteligencia artificial y la automatización acelerada de los puestos de trabajo, aunado todo ellos a la queja de los sectores productivos sobre la carencia de personas formadas para sus apremiantes necesidades, para los trabajos de hoy y frente al hecho de los trabajos en el futuro cercano serán más demandantes. 

La «creatividad radical» necesita espacio y tiempo. Las universidades hoy con sus profesores, personal administrativo y estudiantes carecen de ambos. Así mismo, se reconoce que más allá del viejo y desueto currículo, que no cambia, aún con los golpes de realidades emergentes, el énfasis en la creatividad y el emprendimiento, aunado con el conjunto de las habilidades socioemocionales, son elementos constitutivos para la transformación requerida. El trabajo creativo, como el que se facilita con los «maker spaces», las herramientas de creación, creatividad visual, realidad mezclada, automatización robótica y software de programación para la creatividad tecnológica están en la ruta inmediata de la actualización de los procesos formativos universitarios, innovaciones que resaltan los necesarios énfasis en la abierta disyuntiva de transformarse o desaparecer. (Cuestión 10). 

Sobrevivirán aquellas universidades que reformulen su identidad, misión y estrategias, acojan el pensamiento divergente, creen alianzas con socios destacados, aceleren sus ciclos de planeación, ejecuten con eficiencia sus planes y midan con precisión sus impactos. (Cuestión 7). Sobrevivirán las que incorporen las tecnologías como el aprendizaje adaptativo y la realidad aumentada con miras a la remoción de barreras y la apertura de nuevas oportunidades para el aprendizaje. No lo harán las que regresen a los modos anteriores de funcionamiento, aquellas para las que los cambios radicales les resultan amenazantes y desgastadores, tal como se destaca en el documento de EDUCAUSE.

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