¡Lo que los universitarios quieren!: Rodrigo Riaño – Oct/19

Para Rodrigo Riaño, Vicerrector Académico de la Universidad La Gran Colombia, en Kien y Ke, a los estudiantes les estamos dando una educación anticuada y que no responde a sus expectativas. Piensan y con razón que en las aulas no está el conocimiento, de hecho, saben que la Universidad de Bolonia quedó atrás hace 931 años, lo leyeron seguro en Wikipedia.

Un cerebro que no supo lo que es un mundo sin Internet, sin duda procesa la información de manera diferente a uno que maduró en un contexto análogo. No hay que ser un genio de la neurociencia para entender que las redes neuronales que se activan mientras se va a la tienda del barrio con una lista de mercado arrugada en la mano, no son las mismas que se activan al hacer un pedido vía Rappi. Por lo tanto, el producto final de cada una de estas experiencias de vida son sujetos que demandan de su entorno formas variadas de satisfacer sus necesidades.

Por ejemplo, las exigencias que los centennials tienen con respecto a la educación superior, difieren de aquellas manifestadas por los millennials y los baby boomers. La razón, es que esta generación es la de los verdaderos nativos digitales y tienen una mayor capacidad y rapidez para el análisis de datos. Están, además, acostumbrados a trabajar en entornos multipantalla, procesando información en paralelo y no de manera serial.

Es así que los enfoques de educación tradicional en donde existen pre-requisitos o contenidos que son necesarios para acceder a un nivel superior cada vez están más relegados, pues Netflix no impone ninguna condición para conocer primero la historia de Los últimos Zares antes que la Vida de Bolivar; plataformas como Khan Academy muestran que no se requiere estar en el colegio para aprender matemáticas y Platzi ha probado que se puede aprender a programar sin pasar por la universidad.

A pesar de lo anterior, en las universidades aún se discuten en los comités curriculares sobre cuantas horas de acompañamiento presenciales se requieren para que los estudiantes logren apropiar una competencia, como si no se supiera que un joven que falla a una clase de matemáticas en una Institución de Educación Superior, quizá encuentre un mejor acompañamiento y soporte en Julioprofe; además de conseguir con este recurso los resultados de aprendizaje esperados. Es más, quizá este tipo de canales de YouTube estén aportando más al programa de permanencia y deserción de los claustros universitarios que los mismos profesores titulares.

La aceptación de esta realidad de parte de los sistemas de educación superior, es el primer paso para entender que los jóvenes que están sentados en las aulas universitarias no creen que allí esté el conocimiento, puesto que aquella Universidad de Bolonia de 1.088 quedó atrás hace 931 años y ellos lo saben (está en Wikipedia).

Los universitarios de hoy también saben que Internet los puede acercar a cualquier ciencia, pero están en busca de tutores que les ayuden a convertir ese Saber en un verdadero Saber Hacer y en particular esta generación de centennials pareciera estar muy interesada en el Ser, ya que a diferencia de sus antecesores muestran una preocupación por el medio ambiente y la sostenibilidad, dan un mayor valor a la espiritualidad y tienen una postura más responsable ante el consumismo y la solución de aquellas tensiones que envuelven el contexto social y político.

Por tal razón, la Universidad debe ser una experiencia de vida, debe ser una metáfora de la pantalla de los dispositivos móviles, donde a través de un clic los estudiantes accedan a un punto donde es orientado sobre cómo usar el conocimiento para solucionar problemas reales. Saliendo de allí, un enlace le debe permitir conectar con escenarios de formación integral, donde la ética se haga realidad a través de la experiencia de bailar con una compañía de danza, o de competir con un equipo en unos juegos universitarios. De la misma manera, presionando sobre un ícono que lo conecte con su espiritualidad, debe poder acceder a espacios y personas que lo dejen cultivar su fe, y siempre debe existir la posibilidad de nuevas ventanas que lo dejen ver más allá, conectar con otros contextos, servir a la sociedad, reír y finalmente crecer como persona, pero siendo feliz.