Julio 17/18 Es joven (42), es mujer, es técnica y la conoce el sector. Cuatro condiciones claves que, dentro de la “oferta de valor” que hizo el presidente Iván Duque, se ajusta a las características del nuevo gabinete. Así es María Victoria Angulo González, nueva ministra de Educación Nacional, a partir del próximo 7 de agosto, cuando reemplace a Yaneth Giha.
Su nombramiento ha despertado muchos más comentarios positivos que negativos, especialmente de parte de rectores y analistas del sector. Como siempre, no han faltado una que otra crítica (que por ser de Los Andes, que por trabajar como secretaria de Educación de Bogotá con Enrique Peñalosa, que por haber trabajado con el gobierno Uribe…), pero independientemente de ello, tarde o temprano María Victoria Angulo iba a ser ministra, se ha preparado para ello, lo ha buscado (incluso llegó a sonar cuando, en 2014, el presidente Santos nombró a Gina Parody para suceder a María Fernanda Campo).
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Angulo González es egresada del pregrado (1996) y la Maestría en Economía (1997) de la Universidad de Los Andes y tiene una Maestría de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Trabajó en el Departamento Nacional de Planeación, en la Secretaría de Hacienda del Distrito, fue directora de Fomento de la Educación Superior del Ministerio de Educación (en la administración de Cecilia María Vélez, con Javier Botero Alvarez), de donde salió a dirigir la ONG Empresarios por la Educación y desde el comienzo de la alcaldía de Enrique Peñalosa se desempeñaba como Secretaría de Educación de Bogotá.
Además, esta tolimense es hija del dirigente conservador Guillermo Angulo, quien también fue ministro de educación en el gobierno de Julio César Turbay Ayala.
Es decir, ha trabajado con el Estado y el sector privado; conoce la lógica de la burocracia y ha lidiado las complejidades de la educación básica, media y superior (carrera parecida a la de Cecilia María Vélez, de quien se dice influyó en su elección). Como pocos ministros de Educación, tiene el conocimiento del sector (condición básica pedida al presidente) y la preparación, y llega con un gobierno recién elegido, que aún no ha apostado su capital político y puede hacer cambios radicales en un sector que así lo espera.
Son muchos los retos, en un entorno de complejidad e incertidumbre, que se suman a una gran expectativa y voto de confianza de parte de un sector que tiene un mínimo conocimiento de cuál será la nueva agenda estratégica y política al frente de esta cartera.
En educación superior, área en la que este portal apuesta por acompañar y apoyar, se esperan mensajes positivos, especialmente relacionados con un estilo conciliador, integrador y participativo, en el que haya liderazgo con firmeza, conocimiento y respeto, características en mucho desaparecidas en los últimos tiempos.
La nueva ministra es técnica, más que académica. No es fácil hallarle escritos o, inclusive, posiciones ideológicas claras. Ojalá se sepa rodear de nuevos aires (el sector está agotado de los mismos asesores de siempre), elija un(a) viceministro(a) de Educación Superior claro en sus conceptos y metas, que valore los esfuerzos, la diversidad y la importancia de trabajar con todos y no con unos pocos.
Y que se atreva a hacer cambios inspiradores, a no hacer más remiendos al sistema, a no satisfacer intereses gremiales y de ciertas IES, y a satisfacer a una sociedad que pide a gritos una universidad más comprometida, más responsable y con más resultados, así como un sistema más integrado.
Son cambios grandes y necesarios, pero con claridad en el norte a seguir, con autoridad en el trabajo y con coherencia en el discurso, seguramente encontrará el apoyo de la mayoría de actores del sector.
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