Los cambios que trae en la calidad universitaria el valor de la matrícula

Los cambios que trae en la calidad universitaria el valor de la matrícula

Oct 20/21 Alboroto causó la expresión de un concejal de Medellín que dijo que “normalmente lo más barato es lo más deficiente”, en referencia al costo de las universidades.

La expresión generó una diferencia de opiniones en el Concejo de Medellín, luego que el edil del Centro Democrático, Julio González Villa (foto), en un debate relacionado sobre las calidades de las instituciones educativas que podrían participar del proceso de evaluación de requisitos de aspirantes a contralor general de la ciudad, éste sugirió que para la selección de institución educativa no podrían dejarse llevar por lo más barato y, con nombres propios dijo “No es lo mismo el Tecnológico de Antioquia que la Universidad EIA… no es lo mismo la Universidad Pontificia Bolivariana y EAFIT que el Censa”.

González Villa, doctor en Derecho del Externado de Colombia, abogado de la UPB, magíster en Administracion de EAFIT, y especialista en Derecho Ambiental también del Externado, ha contado con una amplia educación “de calidad” en tres de las más reconocidas (y costosas) universidades privadas del país.

Habla desde su punto de vista y, por lo mismo, parece que no conoce -por sus palabras- la diferencia entre IES públicas y privadas, así como entre universidades (como EIA, Bolivariana y EAFIT), instituciones universitarias (como el Tecnológico de Antioquia) e instituciones de formación para el trabajo y el desarrollo humano (CENSA).

El también concejal de Medellín, y vicerrector nacional de la Corporación Universitaria Americana, Albert Corredor, le precisó a González, con razón, que “no se pueden comparar peras con manzanas“, y que una cosa son las universidades y otra las instituciones de formacion para el trabajo.

Asimismo, el concejal Alfredo Ramos Maya repuntó indicando que en este tema hay “ligas muy diferentes”, al señalar las diferencias de calidad entre las universidades y para ello mencionó que, por ejemplo, los puntajes de calidad de las pruebas Saber marcan la diferencia. También señaló, en el caso de las IES, que “lo barato sale caro”.

El concejal y exrepresentante estudiantil en el CESU, Alex Flórez, investigado por vínculos contractuales con el Tecnológico de Antioquia (IES finalmente elegida), criticó a González por considerar que su expresión representa “un discurso clasista, racista y fascista”, y por ello le pidió respeto por las universidades públicas y las instituciones de formación para el trabajo y el desarrollo humano.

¿Y entonces?

En aras del análisis sobre el impacto del razonamiento del concejal, vale decir que uno de los primeros elementos que ayuda a confundir a la opinión pública, es la diversidad de orígenes, tipologías y modalidades de educación post-secundaria que tenemos en Colombia y que hacen complejo para cualquier persona entender este sistema. Y cuando las reglas de juego informativas no son claras, los que cuentan con menores niveles de desarrollo o de exigencia en sus requisitos, terminan viéndose beneficiadas frente a una opinión pública desorientada.

Es decir, de casi 300 IES (que en la práctica son un poco más de 260 activas) menos de 90 son universidades, pero casi todas se presentan como tal. También hay instituciones técnicas profesionales, instituciones y escuelas tecnológicas e instituciones universitarias, y por la forma como la ley se ha ido ajustando (redefiniciones, ciclos, acreditación, grupos de investigación…) en la práctica casi que cualquiera puede desarrollar toda clase de programas. Sus diferencias terminan siendo más técnicas que públicas, e incluso hay instituciones universitarias con costos de matrícula más altos que muchas universidades. Es más, hay muchas IES no acreditadas o de aparente bajo perfil en el imaginario social, con resultados Saber Pro mejores que los de algunas acreditadas.

De igual forma, no hay indicadores precisos, objetivos, que permitan diferenciar la calidad entre unas y otras. Se presume que es la acreditación, pero está reconfirmado que la percepción de calidad, beneficios, servicios y prestigio, sigue siendo muy diferente entre las mismas IES acreditadas. ¿Y los rankings? Tampoco. Son sólo respuesta para el gusto de los rectores vanidosos que invierten en ello, pero nada más.

¿Tiene razón este político?

Lo único claro es que González pone sobre la mesa un tema muchas veces tratado en el comedor de los hogares, pero nunca en los escenarios académicos, encuentros rectorales o medios de comunicación: ¿Se justifica pagar matrículas más altas cuando el mismo título puede obtenerse en instituciones con valores mucho más bajos?, ¿por qué si hay IES acreditadas institucionalmente en alta calidad, sus condiciones y costos son tan diferentes?, ¿por qué dicen que tienen alta calidad, si hay unas con mayor o menor calidad?…

Los valores de matrícula no los fija el Estado, ni el sistema de acreditación, sino la propia institución de educación superior y el mercado de oferta y demanda. Por cerca de dos décadas las IES libremente han ido subiendo sus valores de matrícula (incluso las no acreditadas o de menor imagen), con un mínimo control estatal. Solamente a partir de 2.018 los valores comenzaron a congelarse, o incluso a bajar, por la desaceleración de la demanda y el aumento de competidores en el mercado, y eso sin contar lo que les está pasando -a las IES privadas- con la pandemia.

Eso no significa, por lo menos así se supone en el sector, que si una universidad congela o baja su matrícula, ésta tenga que reducir sus servicios estudiantiles, la calidad de sus profesores o las inversiones en tecnología, entre otros aspectos.

También es importante aclarar, para quienes no lo tienen claro, que el hecho de que una universidad pública cobre mucho menos, o tenga matrícula cero, con respecto a la privada, no significa que su educación es más barata. Representa un enorme beneficio al bolsillo del estudiante y su familia, pero en muchos casos el costo de formar a cada estudiante, que asume el Estado, a veces con apoyos de gobernaciones y alcaldías, es mucho más alto que lo que cuesta la matrícula en IES privadas. Por solo dar un ejemplo, al Estado le significan más de 10 millones de pesos, por estudiante-año, sus aportes en la Universidad Nacional de Colombia.

¿La calidad varía en cada IES?

Sí. Hay que responderlo sin miedo. Es una realidad.

La calidad de la que se habla en el sector y mencionan los académicos corresponde, básicamente, al diligenciamiento de una lista de chequeo para asegurar condiciones mínimas (en el caso del permiso para funcionar, traducido en personerías jurídicas y registro calificado) o para ampliar oferta, competir por más recursos, tener un mayor reconocimiento o “codearse” entre las iluminadas (en el caso de la acreditación).

Pero esa lista de chequeo no corresponde plenamente al concepto de calidad que los “usuarios” del servicio educativo se imaginan.

Guardadas proporciones (y esperando que nadie se ofenda por la comparación) es como cuando se adquiere un vehículo o se toma un hospedaje en un hotel. Todos deben cumplir unas condiciones básicas (registro calificado), como por ejemplo tener cuatro ruedas y un timón, en el caso de los carros; o contar con una cama y un baño, para el caso de los hoteles. Lo mismo sucede con las IES: Todas deben contar, como mínimo, con docentes, aulas, recursos tecnológicos, apoyos para investigación y una estructura de gobierno, entre otros.

La mayor valoración (como si fuera la acreditación) es cuando el vehículo demuestra mayores condiciones de seguridad, comodidad y velocidad, por ejemplo; o el cuarto de hotel viene equipado con aire acondicionado, televisor de plasma y tina en el baño. Lo mismo pasa en las IES cuando, por ejemplo, su profesorado tiene muy altos niveles de titulación, las instalaciones de bienestar son placenteras, se incentiva la movilidad académica de los estudiantes y se garantizan convenios, acuerdos de prácticas y un muy alto relacionamiento con empresarios, entre otros aspectos.

En ambos casos los fines pueden ser similares: Tanto el carro más económico como el más lujoso logran llegar hasta el destino que desee el pasajero, el huésped logra pasar la noche y dormir en un hotel de una o de cinco estrellas, y los estudiantes reciben, por igual, el título universitario en IES muy costosas o en otras económicas.

Incluso, a veces los servicios con menores comodidades o lujos traen ventajas: Tarifas más bajas, menores costos transaccionales, menor presión o expectativas versus mayores sorpresas, o servicios que no pueden prestar los otros: Los carros de gama alta no se arriesgan a recorrer ciertas carreteras o zonas de la ciudad, los hoteles más reconocidos también presentan fallas en el servicio, y muchas universidades acreditadas tienen egresados no deseables para la sociedad, una influencia ideológica rechazada por otros o hasta ambientes (como prostitución o drogadicción) inimaginables para los padres de los estudiantes.

En conclusión, por lo menos en las IES de Colombia las condiciones “básicas” de calidad sí se dan en todas las que detentan dicho reconocimiento; es decir, la calidad esencial es la misma, pero lo que varía -y cuesta- son las prestaciones, servicios, beneficios, relacionamiento, visión de mundo… que se ofrece, y la elección queda supeditada, en mucho, a lo que el “cliente” espera: ¿Roce social, un diploma de bajo costo, amigos con determinadas características, vínculos con el sector empresarial, estudiar en la noche, formación más o menos teórica versus la práctica, orgullo de sentirse egresado de X institución, programas cortos, cercanía o no al lugar de estudio…?

El concejal González tiene razón en su argumento -menos en la referencia a “deficiente”-, y si lo hubiera explicado en detalle, tal vez no tendría el rechazo de muchos.

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