Los retos de la rectora de Uniatlántico

Editorial de El Heraldo

En votación dividida, el Consejo Superior de la Universidad del Atlántico eligió el miércoles como rectora en propiedad a la ingeniera Ana Sofía Mesa, con la expectativa de que se consolide administrativa y financieramente la institución, se logre la acreditación de sus programas, se acentúe la investigación científica, se alcance la meta de 25 mil alumnos en 2019 (hoy tiene 15.500) y sea eficaz soporte de la expansión de la oferta en el Caribe, a través de los denominados Centros Regionales de Educación Superior (Ceres).
El gobernador Eduardo Verano, quien preside el Consejo, hizo un alto elogio de los logros de la ingeniera Mesa al momento de justificar su voto por la otra opción, el investigador corozalero residente en Cereté Salim Mattar, e indicó que prefería a este porque se necesita mejorar el desempeño académico de la Universidad, y también “pasar la página” de las confrontaciones vigentes en el seno de Uniatlántico, confrontaciones que considera un serio obstáculo para que se cumplan los objetivos de academia, investigación y contribución al desarrollo del entorno. Otros tres miembros del Consejo se retiraron de la sesión tras manifestar que no votarían a favor de Mesa y comprobar que estaban en minoría.

La permanencia de Verano en la sesión, hasta cumplirse el objetivo de la elección, es un claro mensaje de que acepta la decisión mayoritaria y que acompañará la gestión de la rectora y de su equipo para que la Universidad sea de veras transformada. La rectora, por su parte, dijo desde el primer momento que ahora viene más trabajo y que espera ver coronados sus propósitos en dos años (fue elegida para tres) y luego retornar con los suyos a Medellín, de donde es oriunda.

En consecuencia, se puede concluir razonablemente que quienes ganaron el miércoles son conscientes de los retos que les esperan. Barranquilla y la Región Caribe han llegado al límite de la tolerancia con la Uniatlántico, una institución saqueada y vejada, que poco interviene en la deliberación de los problemas de su entorno, pero que es al mismo tiempo el lugar de la esperanza de miles de padres y jóvenes del Caribe para superarse.

El departamento del Atlántico ha hecho un gran esfuerzo para dotarle de infraestructura y equipos en varios años, pero eso, como señala Verano, es insuficiente para la calidad académica. Se requiere voluntad en su interior.

Son inmensos todos estos retos. Hacia la acreditación de sus programas, la Universidad puso en marcha el objetivo inmediato de lograrlo en seis de ellos, y un proyecto de mejora en su profesorado con la incorporación de 140 plazas con preferencia para doctorados y maestrías.

En su consolidación administrativa y financiera tiene la Universidad que poner fin a los numerosos pleitos por las pensiones, lo cual, además de constituir desangre, se convierte en fardo pesado para su vitalidad, ya que representan unos 35 mil millones anuales, que es dinero necesario para calidad académica. Si bien se han reducido las deudas, debe agilizarse el proceso de su cancelación en virtud de la 550 para que la atención de sus directivas pueda focalizarse en lo que verdaderamente genera valor agregado para la sociedad, y no en los temas financieros, como viene ocurriendo por más de 20 años.

Uniatlántico tiene que seguir orientando su oferta para estar a tono con las nuevas tendencias de la ciencia y la técnica. Un apropiado balance le hará ganar importancia en la sociedad.

Otros desafíos son la ejecución efectiva del Plan Estratégico de Desarrollo 2009-2019, para que sus cinco líneas garanticen el logro en la perspectiva de una educación superior de la mejor calidad; adecuar el desarrollo físico con el Plan Estratégico; hacer realidad el proyecto del Parque Tecnológico mediante la ampliación y profundización de las relaciones Universidad -Empresa-Estado, y la vinculación activa al proceso de formulación, promoción y gestión de las agendas de competitividad de Barranquilla, Atlántico y la Región Caribe.

Creemos sinceramente que la ingeniera Ana Sofía Mesa está capacitada para liderar estos retos, y que tiene voluntad para acertar en sus decisiones. Tiene ante sí el desafío de superar los comportamientos que pudieran desmejorar la confianza que sus electores y la comunidad hemos puesto en ella. Es la hora de los acompañamientos de todos los buenos ciudadanos para recuperar nuestra universidad pública.

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