Los retos de la universidad en la formación de periodistas para el posconflicto

El decano de la facultad de ciencias sociales y humanas de la Universidad Autónoma del Caribe y presidente del Colegio Nacional de Periodistas, de la Seccional Atlántico, Carlos Ramos Maldonado, señala cómo la universidad, con miras al posconflicto, tiene el compromiso de repensarse y ayudar a crear conciencia del papel que deben jugar los medios masivos en la búsqueda de la paz.

Colombia ha entrado desde ya en un período especial, transicional, en el que la mayor parte de la sociedad, la voluntariosa y optimista, se prepara para el diálogo social y el entendimiento nacional para la convivencia pacífica, aún sin haberse firmado el acuerdo de paz en Cuba (que, al parecer, no tiene reversa, según el clima de las conversaciones y los pronósticos de los expertos) y todavía en el umbral de las secuelas del acuerdo de Santa Fe de Ralito, que pretendió reincorporar a la vida civil a los paramilitares.

En todo el tiempo pasado, desde el mismo origen de la República, pero más cerca a partir del surgimiento de los grupos guerrilleros en los años 60 del siglo anterior, la población ha pervivido la angustia de un conflicto armado en el que el Estado ha tenido un alto grado de responsabilidad, pero también todos los estamentos de la vida nacional, sin excepción alguna: los partidos políticos, los gremios económicos y sociales, los docentes, la iglesia, los sindicatos, los medios de comunicación, las universidades, las organizaciones de base, etc. y muchos ciudadanos comunes y corrientes.

La universidad, como foro académico, ordenadora de los liderazgos transformacionales y gestora de conocimiento superior, tiene un alto compromiso en la construcción de una sociedad acorde con los tiempos, emprendedora y futurista, solidaria e incluyente, entendiendo la equidad y justicia social como objetivos primarios del Estado, pero con corresponsabilidades del capital humano como activo de la nación. En este sentido, con un modelo sistémico, dialógico y holístico, bajo el enfoque de la complejidad y el pensamiento lógico crítico, debe orientar e inculcar a sus discentes los cimientos cognitivos, axiológicos y prácticos de un actividad profesional que encuentra sentido sólo en la medida en que su ejercicio genere un impacto positivo en la sociedad a corto, mediano y largo plazo (la utilización social del conocimiento), y se dé una retroalimentación con el quehacer y el saber popular, ya que la cultura crece en la medida que se acepta y reparte.

En el campo de las comunicaciones, cuando la IES desarrolla esta disciplina del conocimiento dentro del área socio humanística, es menester que en la malla curricular se acomoden contenidos articulados con las perspectivas del sujeto histórico, no sólo en la enseñanza de las competencias específicas y transversales pertinentes, sino que se deben complementar con actividades extracurriculares que conecten ese saber con el entorno comunitario, implementando acciones de la investigación y la intervención social. Además, se entiende que ese proceso conlleva una alta carga de valores, afectos y razonamientos que compenetran la excelencia académica con el devenir y las motivaciones de la población, en lo local, nacional y global.

De ahí que el diálogo social que han convocado tanto el gobierno como los distintos estamentos que constituyen el alma de la patria, combinado establecimiento y oposición, es materia prima para que en la enseñanza de las comunicaciones, y en especial del periodismo, se ambienten las condiciones de la comprensión de la realidad estructural y coyuntural de los hechos sociales que colocaron el orden público y la tranquilidad nacional en una crisis que ya se consideraba eterna y natural en Colombia, más la visión desarmada del aquí y el ahora del que nos hablan los filósofos existencialistas, traídos al escenario nuestro, y otras tantas aristas que tienen el conocimiento y las ciencias para reconocer, interpretar y reflexionar la situación del dintorno y lo contextual, revisando civilizadamente las causas y solidariamente las consecuencias del conflicto (del que nadie está exento) a través de acontecimientos verificados y recorridos narrativos pacifistas.

Para crear conciencia del papel que deben jugar los medios masivos en la búsqueda de la paz y la convivencia pacífica de los colombianos es necesario infundir en los educandos valores universales cuyos significantes hagan parte del inventario de insumos gestuales, visuales, orales o escritos requeridos para la producción de textos que connoten respeto, confianza, justicia, honradez, libertad, responsabilidad, solidaridad, tolerancia, verdad y todas las derivaciones e inclinaciones significativas que pueda tener el rico lenguaje de nuestra cultura.

Entonces, para tal fin, la universidad, desde su campo de acción para el posconflicto, tiene el compromiso de repensarse a partir de sus componentes institucionales y misionales, especialmente desde la visión académica, científica, social, cultural y política de las comunicaciones sociales, a propósito de este tema, para ponerse a tono con el debate nacional sobre la necesidad de formar un ciudadano nuevo con competencias sabiamente expresivas dispuesto para enfrentar los tiempos y retos de la nueva condición humana y ayudar a impedir la repetición de la histórica tragedia nacional.

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