Luis Fernando Pacheco Gutiérrez hace un interesante análisis, en el Diario del Huila, sobre el balance que deja la frustrada reforma a la Ley 30.
Quienes siguen habitualmente mis escritos pueden dar fe que hace ya un tiempo que escribo sobre el tema de Educación Superior, mucho antes de que el revuelo de la reforma se pusiera sobre la mesa, hoy me sorprende ver a todos opinando del tema y algunos dando bandazos en sus posiciones al respecto.
¿Qué opino? Primero que me equivoqué, lo que pensé que sería un movimiento más se convirtió en una situación sin precedentes que motivó movilizaciones masivas, involucramiento de estudiantes tipo promedio que nunca le preocuparon estos asuntos. Ojalá el momento se aproveche, porque si terminado el paro no quedan Cátedras permanentes sobre Educación Superior Latinoamericana comparada, desafíos, veedurías a la administración pública universitaria, Grupos de Investigación al respecto, mesas de trabajo desideologizadas o por lo menos pluri-ideológicas, entonces el movimiento habrá terminado “en balde” y se seguirá viendo la discusión en armonía de buenos y malos (curiosamente, cual panorama norteamericano) y de ganadores y perdedores.
¿Cuál es la gran falencia del proceso? En primer lugar, la marginación de muchos estamentos, Rectores, Ex Rectores y comunidades de expertos parecen estar alejados de la discusión, seguir viendo en bandos el proceso de reforma elimina la visión de múltiples sectores. Nadie niega que los estudiantes son interesados primarios en que salga de este fenómeno, pero no son los únicos: la Educación Superior no puede olvidar que su única misión no es producir profesionales, sino convertirse en centro de pensamiento, interactuar con la Sociedad y acercarse a la Empresa privada en temas como el desarrollo y la generación de empleo; y en esta serie de actividades muchos estamentos requieren hacerse partícipes y generar opiniones certeras.
Tampoco es sano que se monopolice la discusión en torno a la Universidad Pública, la Ley de Educación Superior, finalmente la norma regula al Sistema en general y el gran tema ausente es el papel de la Universidad privada (vista como el demonio de la historia) la cual crece y logra un posicionamiento en la excelencia académica como fenómeno rarísimo en el panorama latinoamericano contemporáneo.
Pero el principal, reto es desideologizar y recordar que uno de los pilares de la Educación es la libertad de Cátedra, no solo de lo que se enseña, sino la libertad de las minorías de apartarse de decisiones, asambleas y grupos y continuar sus actividades académicas si bien les parece. Después de todo, es un derecho, tan fundamental como el alegado por los líderes estudiantiles.
Ha sido precisamente esa la clave de mi argumentación, yo también acepto que hay errores en la reforma de Ley 30 como por ejemplo la autonomía universitaria en lo que hace referencia al Gobierno de la Universidad, pero considero que el primer punto de partida de la confrontación es el respeto a que el otro decida lo que es mejor para él, olvidando el manido argumento de que los Medios han hecho tontos a la masa y requieren “movimientos estudiantiles masivos” que los representen.
![]()