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Para Floro Hermes Gómez Pineda, en el Diario El Pueblo, de Cali, el Modelo de Indicadores de la Educación Superior, MIDE, aparece como un inofensivo instrumento de información que toma datos ciertos aislados, los descontextualiza y presenta dentro de una estructura de veracidad a una opinión premoderna no ilustrada, que es la existente en Colombia. |
El pasado miércoles 15 de julio de 2015, el Ministerio de Educación Nacional a través de la señora Ministra de Educación Gina María Parody d’Echeona presentó (simultáneamente en Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga) el Modelo de Indicadores de la Educación Superior, MIDE.
El MIDE es una herramienta entre muchas maneras de saber cómo están en materia de calidad 187 instituciones de educación superior, 58 oficiales y 129 privadas, y se limita a medir dieciocho de las variables asociadas a la calidad de la educación superior en Colombia, subjetivamente calificadas como “principales variables”.
Por ignorancia (o tal vez por desconocimiento), el MIDE tomó grupos que estadísticamente no son idénticos: comparó 78 universidades, de las 88 existentes en Colombia (no explica por qué suprimió 10), con 109 instituciones universitarias, poseedoras de una calidad muy diferente; equiparó las universidades públicas con las universidades privadas, y confrontó universidades centenarias con instituciones noveles.
Así mismo, podría argüirse el desconocimiento como causa cuando el modelo entra a evaluar la variable “salario de enganche”, que es parte de la dimensión “Egresados”, pues tal variable está afectada fuertemente (como lo sabe un aprendiz de economía) por la existencia de una prima educativa salarial en las ciudades más grandes, generando una distorsión del tipo centro-periferias.
Y, que no decir, del efecto que provoca sobre el “salario de enganche” el favoritismo que privilegia a egresados de universidades “donde estudia la gente de bien”, no por razones valederas de calidad académica (meritocracia) sino cuestiones excluyentes como son la condición social, cultural o económica de dónde se egresa, como lo demuestran los estudios que han analizado el impacto de la desigualdad sobre el “salario de enganche”.
Visto así, el MIDE, aparecen ante nuestro ojos con desviaciones que obscurecen la realidad universitaria, por una parte, y por la otra, demeritan un costoso esfuerzo fiscal gubernamental, que bien pudo ser valioso sin pecados capitales como los aquí demostrados. La razón: el sesgo es evidente, ¿con qué fin?
Es difícil entender el propósito, ¿será acaso desprestigiar el modelo integral de evaluación del Consejo Nacional de Acreditación? Hago esta pregunta por la insistencia del Ministerio de Educación Nacional en aclarar que “el MIDE no tiene relación directa con la acreditación”.
Me quedaron sonando estas palabras como excusatio non petita, accusatio manifesta (excusa no pedida, acusación manifiesta), máxime cuando tiene como fin el MIDE ser propagandístico: “El propósito del modelo en un principio será informativo”, en otras palabras busca la creación de imaginarios colectivos.
En conclusión: el Modelo de Indicadores de la Educación Superior, MIDE, aparece como un inofensivo instrumento de información que toma datos ciertos aislados, los descontextualiza y presenta dentro de una estructura de veracidad a una opinión premoderna no ilustrada, que es la existente en Colombia.
Por lo tanto, favorece un prestigio académico basado en el pregón de sólo datos calculadamente sesgados y no en datos, cifras y hechos totales, lo cual podría crear el imaginario excluyente de graduados de primera o segunda, profundizando la exclusión existen en Colombia.
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