Mineducación ha sido muy desleal con la UNAD: Carlos Alonso Lucio – Dic/19

El ahora predicador (antes político), Carlos Alonso Lucio, asesor de la UNAD en la creación del Observatorio Intersistémico Regional, defiende el proyecto educativo de esa IES y la gestión de su rector, en el portal Las 2 Orillas, en un artículo titulado “La UNAD: un tesoro escondido que los gobiernos no han querido mirar”:

La megauniversidad pública que no somete a sus estudiantes al desarraigo ¿Por qué los gobiernos no la miran? ¿Será porque no tiran piedra? ¿Será porque es de la Colombia silenciosa?

Los colombianos tenemos un tesoro esculpido a lo largo de los años, silenciosamente, precioso, con el trabajo esmerado por miles de personas en cada una de las regiones diversas de nuestro país.

Se llama UNAD.

Es la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.

Nació en 1981, con una ley liderada por un senador de la época llamado Luis Carlos Galán.

¿Lo recuerdan?

Nació como una opción para la educación de los pobres.

A estas alturas, después del paso de los años, no sé si allí ha radicado su virtud o su dificultad.

No sé si en estos gobiernos de javerianos y uniandinos y rosaristas y externadistas y uno que otro colados de universidades privadas o públicas de las regiones, se hayan estrechado tanto los horizontes de la educación y del reconocimiento, como para no haber podido apreciar que en la Colombia silenciosa caminaba victoriosa una alternativa, por humilde, no menos digna y apreciable.

La UNAD es una universidad pública, verdaderamente pública, es decir de todos. No me refiero solamente a que sea estatal. Me refiero a que, aún siendo del Estado, no ha sido cooptada por algún sector ideológico en particular. Me refiero a que siempre tiene sus puertas abiertas a todos cuantos quieran acceder a ella, sin distingos de poder económico, imperativo geográfico, ni cualquier otro de los perfilamientos que hoy determinan los riesgos de alguna discriminación.

La UNAD tiene hoy 135.000 estudiantes. Es la megauniversidad pública de nuestro país. Se les llama megauniversidades a las que superan los 100.000 estudiantes.

Son 135.000 estudiantes que estudian más de 65 programas entre carreras profesionales, másteres y doctorados. Van desde carreras agrícolas hasta ingenierías de todo tipo, pasando por administración de empresas y contabilidad, hasta sicología, comunicaciones, etc, etc, etc…

Sus estudiantes viven y estudian en 1.116 municipios. Luego tiene más presencia territorial que el Bienestar Familiar, el Banco Agrario, o las mismas Fiscalía y Policía juntas.

Cuando nació, su método “a distancia”, quería decir “por correo”. Y en estos años del surgimiento exponencial de las nuevas tecnologías, se le apareció un milagro: Internet.

Cuando nos llegó el internet, muchos estuvimos lejos de prever la revolución que implicaría en todos los ámbitos de la vida. Por su ADN, la primera institución que lo incorporó, más que a su arsenal de herramientas, a su cultura, fue la UNAD. No siento el menor temor de afirmar que la comunidad con mayor cultura digital de Colombia es la UNAD.

Es que al tiempo que sus estudiantes aprenden por internet las distintas profesiones, ellos van incorporando en su instinto los métodos de los nuevos tiempos. Es que mientras muchos creen que están en la vanguardia porque se mantienen chateando o tuiteando, los estudiantes de la UNAD aprovechan las nuevas tecnologías para estudiar y formarse.

Recuerdo al muchacho del Chocó profundo que me contaba que se hizo profesional a fuerza de montarse cada semana en una chalupa para sortear dos horas de corrientes bravas del río Atrato, para alcanzar el punto de conexión desde el que mandaba sus tareas y bajaba sus lecciones. A punta de chalupa, un computadorcito y un tesón de coraje sin igual se hizo administrador de empresas.

Es la única universidad que no somete a sus estudiantes al desarraigo. Los colombianos podemos estudiar allí sin tener que abandonar nuestros territorios, nuestras familias, nuestras vidas, nuestros destinos. Sin tener que renunciar a las labores, las solidaridades y las raíces que nos inspiran.

La UNAD, en su terquedad única, desarrolló sus propias tecnologías, sus plataformas propias. A diferencia del Sena, por ejemplo, no tiene que salir a pagar cientos de miles de millones para que las transnacionales vengan a soportarlas informáticamente -no entiendo por qué el Sena, por ejemplo, en vez de pagarle a Claro o a Microsoft, no contrató con la UNAD-. Hoy, ya, la UNAD podría entregarle educación profesional a 1.000.000 de colombianos sin sumarle ni una gota de giga más a su logística.

La UNAD forma parte de esa Colombia silenciosa, mayoritaria y laboriosa que, al final, siempre nos salva, de esa Colombia que los medios de comunicación ignoran, los políticos desprecian y los oportunistas quieren usurpar.

Miren esta cifra: los gobiernos -léase todos nosotros- subsidian por cada estudiante de la Universidad Nacional alrededor de $ 13.000.000 de pesos anuales. Por cada estudiante solo le da a la UNAD $ 650.000 pesos. Es decir, que por lo que pagamos por un estudiante de la Universidad Nacional podríamos sacar adelante a 20 estudiantes de todas las regiones con la UNAD.

He tenido el privilegio, ahora que asesoro a la UNAD en la creación del Observatorio Intersistémico Regional, de conocer a su gente. Me encantan porque se parecen mucho a Colombia. O mejor, no se parecen a ella, hacen parte de ella, de su mejor estirpe. Son nación, son región, son inteligencia viva y son alegría.

He conocido a Jaime Leal, su rector desde hace 15 años. Cuando asumió su conducción, la universidad tenía 16.000 estudiantes. Hoy tiene 135.000 que bregan entre la esperanza y el esfuerzo. Tienen una universidad autosostenible financieramente, con una comunidad autónoma y profundamente activa y democrática.

¿Por qué los gobiernos no la miran?

¿Será porque no tiran piedra?

¿Será porque forma parte de la Colombia silenciosa?

A veces pienso que Jaime ha sido muy leal con Colombia y el Ministerio de Educación muy desleal con la UNAD.

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