Por Jorge Yarce. Presidente ILL
Nuestras universidades, que por su sentido etimológico deberían buscar la unidad del saber, se han convertido poco a poco en supermercados del saber, donde se encuentra de todo: pregrados, diplomados, posgrados, cursos de especialización a granel…pocas o cero maestrías y escasísimos o nulos doctorados.
Son negocios múltiples de alta rotación. Los posgrados se abren y se cierran como las ventas callejeras. Mientras más, mejor. Hay que captar clientes ansiosos de ofrecer en su hoja de vida alguna cosa complementaria al monótono y deficiente pregrado que los lanza a la vida profesional para que empiecen a aprender cómo son las cosas.
Multiversidades, no por la variedad de saberes y por la calidad de los mismos, ni por el enfoque multidisciplinario avalado por la investigación, sino por la diversidad y multiplicación de los cartones que están en capacidad de conferir. Y cada uno de ellos cuesta, en la mayoría de los casos, unos buenos millones de pesos. Pero hay que ofrecerlos como fuente alterna de ingresos. El pregrado dicen algunos directivos no es negocio y las cargas se componen con los posgrados. Ellos sabrán lo que dicen.
Alta rotación que también se refiere a la deserción estudiantil y a la dificultad para enganchar nuevos alumnos. La crisis económica mundial golpea los bolsillos paternos y uno de los gastos que dolorosamente se recortan son las matrículas universitarias. O, al menos, obliga a cambiarse de una universidad más cara a una más barata.
Las multiversidades se defienden como pueden, abren nuevos programas de pregrado y posgrado. Y todo se rige por las leyes de una economía férrea que no está dispuesta a invertir mucho en buenos salarios, en biblioteca y publicaciones, en investigación, etc.
Las multiversidades como mercados del saber hacen sus aportes –no faltaría más- a la profesionalización de millón y medio de estudiantes afiliados a ellas, pero dejan mucho que desear en la calidad del producto que venden. La competencia es cada día más brava, y los medios son testigos de esa pelea con los miles de millones invertidos en publicidad. Y si la competencia externa se mete de lleno, allí hay para alquilar palcos y contemplar el despelote que se nos viene encima

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co
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