No hay razón para que instituciones con resultados similares tengan diferencias grandes en matrí­cula

Por Eduardo Sarmiento Palacio

El economista hace la pregunta a partir de los resultados en Ecaes de Los Andes y la Escuela Colombiana de Ingenierí­a, con la que ha trabajado. Tomado de El Espectador. 31 de agosto.

Eduardo Sarmiento Palacio

En dí­as pasados fueron divulgados los resultados de los exí¡menes de Estado, Ecaes, de economí­a. En el promedio de las instituciones de mejor calificaciín se observa que las cifras de las cinco facultades son cercanas y similares a las obtenidas en oportunidades anteriores.

En particular, es interesante la relación entre las facultades de economí­a de la Universidad de los Andes y de la Escuela Colombiana de Ingenierí­a (ECI). De acuerdo con bien conocidos métodos estadí­sticos, los resultados no son significativamente diferentes. Sin ambages, es posible afirmar que el desempeño del estudiante de economí­a de los Andes y la ECI es similar.

¿Cómo dos instituciones con tantas diferencias estructurales pueden arrojar los mismos resultados? Los Andes fue creada 50 años antes, la matrí­cula es cuatro veces mayor y el estrato econímico es mí¡s alto y sus profesores derivan salarios muy superiores. La primera conclusiín es que la calidad educativa no es un problema de matrí­culas ni de remuneraciín de los profesores. La ECI logrí compensar las supuestas desventajas con el programa curricular, el método de enseñanza y asistencia a los estudiantes y el procedimiento de selección.

El programa curricular se aparta de la formaciín memorista y convencional. Se orienta a dotar a los estudiantes de una formaciín integral en humanidades, manejo del lenguaje y matemí¡ticas, amplia informaciín sobre los conceptos fundamentales de la ciencia econímica y manejo de los procedimientos cuantitativos y cualitativos.

El otro aspecto es la selección. La mitad de los estudiantes ingresa con becas asignadas en convocatorias para los estratos uno y dos. Así­, se ha logrado captar los estudiantes de mayor talento de los sectores menos afortunados y propiciar un ambiente de integraciín y solidaridad que permite asociar y amplificar las fortalezas de ambos grupos.

La gran pregunta es: ¿cuál de los dos modelos es mejor para el paí­s? La respuesta sólo puede abordarse a la luz del contexto nacional.

La calidad de la educación en Colombia deja mucho que desear. El desempeño de la educación media en los exí¡menes internacionales es insatisfactorio; según el último censo de coberturas de la educación universitaria, es muy inferior a la del resto de paí­ses de América del Sur, y el talento educativo estí¡ peor distribuido que el ingreso. Los estudiantes de medios y bajos ingresos no pueden ingresar a la universidad pública por la limitación de cupos y a la privada por las elevadas matrí­culas. Estamos ante una sociedad que no garantiza el derecho a la igualdad de oportunidades en la educación.

La distorsión de la educación, como ocurre en salud y otras í¡reas de servicios sociales, proviene de la asimetrí­a de la información. Los estudiantes no disponen de mayor conocimiento para escoger la facultad y se basan en rumores y propaganda, y una vez que ingresan a una instituciín, el costo de trasladarse a otras es alto. En consecuencia, muchas universidades adquieren un poder monopílico que les permite cargar precios por encima de los costos mí­nimos.

Lo anterior lo ilustra un simple ejercicio aritmético. En general se observa que un grupo de 35 estudiantes que toma cinco cursos por semestre puede ser atenido adecuadamente por el equivalente a un profesor experimentado de tiempo completo y otro de tiempo parcial. Si a los pagos salariales se agregan los mí¡rgenes de administraciín y dependencias fí­sicas, resulta que el costo por estudiante serí­a del orden de $2 millones por semestre. Esta cifra no guarda relación con la matrí­cula de $9 millones de los Andes ni de mí¡s de $6 millones de otras prestigiosas facultades.

La situación es similar a la de la seguridad pensional. Mientras persistan las actuales cotizaciones y matrí­culas, la mayor parte de la población no tendría acceso a la educación superior ni a la seguridad pensional. La única forma de ampliar el acceso a la educación superior es aumentando los cupos de la universidad pública y reduciendo las matrí­culas de la privada o ampliando las becas a los estratos menos favorecidos.

En este contexto no es difí­cil responder el interrogante sobre el modelo de referencia. No hay razón para que las instituciones que producen los mismos Ecaes exhiban diferencias de matrí­culas de cuatro veces. De lejos, el modelo de la Facultad de Economí­a de la ECI de bajas matrí­culas o becas, moderados salarios, integración social y audaces programas curriculares y métodos de enseñanza, constituye la mejor soluciín para ampliar el acceso de los colombianos a la educación superior de calidad.

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