Otra mirada de la UNAD

Luis Fernando Páramo, quien conoció de cerca la evolución de la UNAD, cuestiona el estilo de administración del actual rector, quien a su parecer desconoce las gestiones de sus predecesores.

La UNAD, “Universidad Nacional Abierta y a Distancia”, nace de UNISUR “Unidad Universitaria del Sur de Bogotá”, gracias a la formulación de un proyecto de ley exitoso que hizo trámite en Senado y Cámara en el año de 1997 y que se convirtió en la ley 396 del 5 Agosto de 1997.

Este hecho para quienes vivimos el momento, fue reconocido como un paso fundamental hacia la consolidación de una visión moderna de concebir una universidad pública, del orden Nacional, altamente incluyente y que tuviera la capacidad de ampliar la cobertura poblacional y geográfica que el país demandaba y demanda en la actualidad, así como la diversificación de programas académicos con la creación de facultades o escuelas especializadas.

La primera visualización de un posible crecimiento, se presentó en el marco del debate por la Rectoría, en el que como aspirante, diseñé un organigrama de forma circular donde se visualizaba como todos los Departamentos del territorio nacional se verían representados y servidos, y se proponía: la ampliación sistemática de las facultades de Ciencias e Ingeniería, Ciencias Administrativas, Ciencias Agrarias, de Humanidades, y la creación de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Esto obedecía a que la oferta de programas académicos realmente era en exceso limitada y poco efectiva para cubrir las expectativas de los estudiantes y las necesidades del país.

A pesar de esto, el actual Rector de la UNAD, Dr. Jaime Alberto Leal Afanador, como ególatra consumado, cree que su labor ha sido imprimirle un toque gerencial exitoso a la Universidad que él nunca imaginó. Fue el más acérrimo detractor de la UNAD Florida que se concretó en la Rectoría de la Dra. Góngora Pedraza, y hoy posa de héroe por su desarrollo. Criticó de inconveniente la posible apertura de un programa de Derecho y Ciencias políticas y hoy saca pecho con dicha concreción. Hizo pública su antipatía porque la UNAD ofreciera programas en Educación, dizque con ello bajaba su estándar académico, pero hoy tiene hasta programas de etnoeducación. En la Facultad de Ciencias Básicas e Ingeniería creía que la Ingeniería Industrial no era necesaria dado que existían programas de Administración de empresas, en cambio introdujo el programa de Regencia de Farmacia que en nada se parece a la Ingeniería. Como si fuera poco el Ingeniero Leal se declaró enemigo de la educación Virtual frente a la educación a Distancia, pero hoy no hace sino justificar la plataforma tecnológica que apoya la formación en ambientes virtuales. Ese es el gerente que él cree ser, un hombre que viatica a sus anchas y se presenta como salvador de la UNAD que él nunca concibió.

Tilda de politiquera a la Sra. Ministra de Educación, pero no cuenta que su poder en la UNAD, se hizo a base de lagartería y copia de ideas ajenas. Pero la peor es que su politiquería, la hizo con algunos miembros de los Consejos Superiores que le han acompañado, haciendo de ellos comités de bolsillo que le permitieron manipular el poder a sus anchas. ¿Cómo es posible que publiquen un comunicado de prensa que lo firma primero el Rector y luego los miembros del Consejo Superior, cuando lo creíble, si de respaldo se trata, hubiera sido al contrario? Como creerle al Consejo?

Pide un debate académico, pero en el último proceso de elección de Rector, la campaña demostró que en la UNAD no hay fortaleza académica, sino maniobras mediáticas manipuladas para mantener a un grupo Consejeros, contratistas y funcionarios de sus afectos, y eso para él, es ser un gran gerente.

Los hechos notables de la UNAD según la página WEB de la UNAD, inician en el 2005, lo cual es totalmente falso, sería conveniente un debate con mayor profundidad para analizar porque la UNAD no es la Universidad Virtual Pública que se pensó desde 1997. Ocultar el esfuerzo de Rectores anteriores y de funcionarios que hicieron posible UNISUR y UNAD es un acto de mediocridad extrema y de egolatría suprema.

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